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Todos queremos la paz

6 de diciembre de 2016
Por José Ferney Paz Quintero
Por José Ferney Paz Quintero
6 de diciembre de 2016

José Ferney Paz Quintero
Abogado Consultor

Ferney PazUno de los temas de mayor controversia que plantea el acuerdo de la Habana ratificado por el Congreso a través de  proposiciones, es el relativo a la justicia transicional, que para que sea exitosa, tiene que haber verdad, justicia cierta y verdadera reparación.

La noción propia  de este modelo de justicia que se ha abierto camino en la sociedad contemporánea como una alternativa a la solución pacífica de conflictos armados internos, caracterizados por violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario cometidos por todos los actores armados comprometidos, que cobran vidas inocentes y rezaga la lucha contra la pobreza y la exclusión, busca distanciarse  de los  modelos de amnistías o indultos, perdón y olvido, que le apostaban a  la total impunidad.

Pero para que esto se dé, nos preguntamos ¿Quién determina esa verdad, esa justicia y esa reparación?, con un interrogante mayor, ¿En ese campo ¿ que  debe ser más importante, la justicia o la paz? ¿Es posible  una  paz sin justicia?

Lo cierto es que en Colombia la justicia se ha venido desvaneciendo, haciéndose menos creíble, menos legitima,  con unos índices bajos de credibilidad frente a la sociedad, que reclama reformas de fondo para que se cumpla el mandato constitucional, de ser eficaz, eficiente, pronta y cumplida, dejando de lado la indebida interpretación y la subjetividad.

Ahora bien, ¿quien no está de acuerdo con la paz, con la libertad, con la igualdad, con la concordia? La sola pregunta ofende al ciudadano, valores estos que tendrán que ser priorizados por los jueces que integrarán dichos tribunales, togados que serán los personajes encargados de tramitar los procesos jurídicos que se adelantarán y que seguramente dejarán a más de uno insatisfechos por sus complicaciones, con connotaciones trágicas muchos de ellos.

Seguramente, como se ha advertido en este dilatado proceso que se inicia con las etapas de la implementación, traerá consigo que muchos de los bienes que hacen parte de nuestras entrañas, deban ser sacrificados en beneficios de otros, surgiendo entonces la figura de la justicia transicional como punto neurálgico del precitado acuerdo de paz, que al decir de  algunos comentaristas, no significa la terminación del conflicto, pero si acabará con la confrontación armada, o por lo menos es lo que se anhela.

Desde otra mirada entra al debate el tema de la impunidad, como bandera opositora a los acuerdos de paz, cuando se afirma que  en lo pactado se van a dejar a algunos actores responsables de graves hechos sin castigo, o con castigos menores, generándose una paz intolerable desde esa óptica, surgiendo  la  pregunta, que ha suscitado tantos debates, ¿que debe prevalecer, la justicia o la paz?

Inmensa responsabilidad  para quienes  les corresponda  conocer de los procesos  en la denominada justicia transicional, por cuanto la sociedad sana del país, espera  que en un estado de derecho  como el nuestro , no se vaya a mutilar la justicia, como valor supremo  para la convivencia social, o dicho en otros términos,   abandonar unos principios en beneficio de otros .

Serán muchos los sacrificios que demandará este proceso de entendimiento entre los colombianos, si queremos ver nuevamente un sol radiante en la geografía nacional, que le permita  al ciudadano del común desde su  hábitat pescar en  horas nocturnas, apelando a la frase del maestro Echandia; al igual  que el respeto por el otro, por su vida, por una existencia con dignidad y con esperanzas, recuperándose la ética ciudadana y gubernamental perdida.

Adenda: Desazón, pesadumbre, es lo que se  experimenta cuando  se publicita  por la TV en horarios triple A los avances de las diferentes obras de infraestructura vial  y aeronáuticas con el eslogan o frases  de gobierno “EN MARCHA” “ESTAMOS CUMPLIENDO “, Puentes, Viaductos, Autopistas, NUEVOS AEROPUERTOS, REMODELACIONES DE OTROS, para  grandes centros urbanos y ciudades intermedias, sin que  se anuncie  un solo proyecto para el  departamento de Caldas, y su ciudad capital Manizales,  que le ha generado  tanta  riqueza al país, ciudad con vocación  para la cultura, no de otra manera se explica el que en ella hayan nacido, hayan vivido y a ella hayan  ido a formar parte de su acervo académico, gentes que le han dado lustre a las letras, las artes , la política, la juridicidad, y a la ciencia colombiana

No se debe olvidar que las ciudades se deterioran, cuando el espíritu de solidaridad y el sentido de pertenencia se desmerecen, siendo lo más grave  cuando la participación ciudadana y política es precaria,  o se conforman sin luchar por  la  reivindicación social y económica.

Bogotá, Diciembre 6 2016.