2 de julio de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Murió el excongresista Javier Gómez Ocampo

30 de diciembre de 2016
30 de diciembre de 2016

Después de una penosa enfermedad, falleció en Manizales el día inmediatamente anterior, a la edad de 83 años, el abogado oriundo de Aranzazu Javier Gómez Ocampo, exrepresentante a la Cámara y connotado dirigente político de ese municipio en la década del setenta del siglo pasado. Desde hacía varios meses el profesional del derecho se encontraba reducido a la cama víctima de un cáncer que lo aquejaba. La velación del que fuera director seccional de la desaparecida Caja Nacional de Previsión Social se realiza en Jardines de la Esperanza, y sus exequias tendrán lugar a partir de las tres de la tarde en la Parroquia Nuestra Señora de Chiquinquirá del barrio Linares. Para darle a conocer a nuestros lectores quién fue el dirigente conservador desaparecido, reproducimos el capítulo que en el libro “Aranzazu, su historia y sus valores”, le dedica el escritor José Miguel Alzate.

“Javier Gómez Ocampo fue otro de los protagonistas importantes del devenir político de Aranzazu. Hijo de Juan de Dios Gómez y Teresita Ocampo, nació el  23 de septiembre de 1933. Sus estudios primarios los realizó en la escuela Manuel Gutiérrez Robledo. El bachillerato lo inició en el Colegio La Salle de los Hermanos de las escuelas cristianas, en San Antonio de Prado, población cercana a Medellín. Terminado el bachillerato, en 1954 se desempeñó como profesor del Colegio Pío XI. Sin embargo, como tenía sus metas puestas en la culminación de una carrera profesional, al año siguiente renuncia al magisterio para ingresar como estudiante de derecho a la Universidad de Caldas, donde obtiene su título de abogado en 1959. Su primer cargo público lo desempeñó como juez municipal de Aranzazu. Se posesionó como tal el 10 de marzo de 1960.

La vinculación de Javier Gómez Ocampo a la actividad política se dio en forma sorpresiva. Una vez iniciada su carrera de derecho, el padre José Ramón López Buitrago le aconseja que se lance a esta actividad. El sacerdote quería tener una persona de su absoluta confianza en la lucha política. Sobre todo para que le hiciera contrapeso a quienes desde el Club Miraflores le habían declarado la guerra. Gómez Ocampo acepta el reto. Somete entonces su nombre a la consideración de los electores para aspirar al Concejo Municipal. Y con el respaldo del sacerdote, que desde el púlpito aconseja a sus feligreses votar por él,  se va granjeando el apoyo del campesinado. Es así como, debido a la fuerza política que empieza a tener, en 1961 es nombrado por el entonces gobernador José Restrepo Restrepo como Subsecretario de Hacienda del departamento. Un año después se retira de este cargo para aspirar a la Asamblea departamental. Asume su curul en ese cuerpo deliberativo ante la expectativa del electorado que espera apoyo para obras en las veredas.

En la década del sesenta se convierte en el dirigente político más acatado. Su fuerza electoral está en el campesinado. Además cuenta con el respaldo casi incondicional de los sacerdotes que por ese tiempo se desempeñan como párrocos. En este sentido, en el padre Ramón Alzate Rivera encontró un buen  aliado. Sin embargo, con Simón Zuluaga Giraldo no rodó con suerte. Este último era un laureanista declarado. Y sus simpatías estaban a favor de otros dirigentes que se peleaban el favor popular. Eran, desde luego, los tiempos en que los sacerdotes inclinaban desde el púlpito la balanza electoral a favor de los candidatos de su predilección. Así logró asestarle estruendosas derrotas a César Montoya Ocampo. Durante varios años consolidó unas mayorías en el Concejo que le permitieron manejar el municipio. Hacía nombrar alcaldes, elegía personeros, escogía los tesoreros. En una palabra, tuvo el poder. No se puede decir que fue un cacique en el sentido estricto del vocablo. Sobre todo porque sus constantes enfrentamientos con el otro grupo del mismo partido no le permitían llegar holgadamente a dominar el escenario político del municipio.

Javier Gómez Ocampo ha sido un hombre apasionado por los principios del cooperativismo. Tanto que en sus años de influencia política logró sacar adelante dos experimentos en este sentido: Cooprofique y Consumar. En el primero logró consolidar una empresa que en sus mejores tiempos le dio trabajo a la gente de Aranzazu: llegó a tener 100 trabajadores. El segundo fue un esfuerzo que no perduró. Cooprofique fue una oportunidad para que los campesinos comercializaran la producción de cabuya. La cooperativa les compraba el producto para, en sus talleres, hacer los costales que distribuía en el mercado nacional. Esta empresa cooperativa logró que el cultivo del fique se incrementara notablemente durante los años en que estuvo funcionando. Además impulsó una política de precios que le permitieron a los cultivadores de la penca obtener algunos recursos importantes para el mejoramiento de sus parcelas.

En 1970 Javier Gómez Ocampo llegó a la Cámara de Representantes como suplente de Antonio Jiménez Estrada en una lista independiente que ambos dirigentes lanzaron en el Norte de Caldas.   Pero éste solo le permitió asistir unos pocos meses. Luego fue nombrado director seccional de la Caja Nacional de Previsión. En este cargo aprovechó para vincular a la entidad a gente oriunda de Aranzazu. Posteriormente, en 1976, es nombrado Jefe de Personal de la Industria Licorera de Caldas. Antes había sido Director Seccional de la Oficina de Trabajo. En 1975 se desempeñó como Juez Tercero Penal de Manizales. En 1978 llegó de nuevo a la Cámara de Representantes, esta vez como suplente de Alfonso Hoyos Giraldo. En 1981 ocupó la Secretaría de Gobierno del municipio de Manizales.

Aunque en un principio Javier Gómez Ocampo tuvo como aliado político al médico Feníbal Ramírez Serna, años después sus relaciones políticas se rompieron por motivos que ya anotamos en otro capítulo de este libro. Desde ese momento empezó una lucha entre los dos dirigentes por lograr las mayorías conservadoras en el municipio. Al final el médico lo sacó del escenario político. Además, en su gestión como dirigente Javier Gómez Ocampo logró la aprobación del curso quinto de bachillerato para el Colegio Pío XI. Fue también un gran impulsador de las Juntas de Acción Comunal”.