28 de octubre de 2021
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La borrachera en seco

16 de diciembre de 2016
Por Ricardo Tribín Acosta
Por Ricardo Tribín Acosta
16 de diciembre de 2016

Por: Ricardo Tribín Acosta

Hay muchas personas que pueden beber sin complicaciones una o dos copas de vino; la segunda la dejan medio llena; y se van para su casa tranquilitas, sin que su comportamiento o actividades se les haya alterado. Incluso hay una buena cantidad de las que no se toman ni una sola y se pasan toda la fiesta, la cena o el almuerzo, degustando unos deliciosos jugos, o simplemente tomando agua, y pasan delicioso. Hay otros sin embargo que cuando se toman un trago, no pueden parar y si lo hacen, ello sucede después de haber tenido bochinches; no llegar a dormir a la casa o hacerlo de madrugada; faltan a su trabajo; dejan a los demás plantados, las que pertenecen a un porcentaje de la población que sufre la enfermedad del alcoholismo, y debido a la cual, si no paran de beber, les toca afrontar serios problemas en su vida y pagar las consecuencias.

Ya en recuperación, los alcohólicos a ratos experimentan algo que se conoce como “borrachera en seco” y la misma consiste en estar abstemio, pero manteniendo algunos de los comportamientos negativos que tenían cuando eran bebedores activos. Estos tienen relación directa con el orgullo, la soberbia, la lujuria, la codicia, y en fin con todo aquello que tiene que ver con los “siete pecados capitales” los cuales, para verlos con un lenguaje más bondadoso, se denominan como “Defectos de carácter”.  La sobriedad para el alcohólico es su más preciado tesoro y por lo tanto debe cuidarla al máximo, evitando que estos problemas le bajen sus defensas para luego llevarlos a beber de nuevo. Y como lo logran? Aplicando su programa de doce pasos que los conduzca, no solo a dejar de beber, sino también a cambiar, teniendo en cuenta que en momentos de crisis la mejor comunicación es la que se hace de rodillas para pedirle al Dios, como cada cual lo conciba, ayuda a que le guíe a lograr ese cambio y no beber, ni tampoco dejarse avasallar por sus defectos.

Lo anterior también se aplica para personas no alcohólicas, algunas de las cuales por ejemplo “se embriagan de poder” y su vanidad, lujuria; orgullo, codicia, etc., no los lleva a beber compulsivamente, porque no tienen la enfermedad del alcoholismo, pero si a tener una calidad de vida muy pobre, en la que los resentimientos, la ira, entre otros, son sus compañeros, llevándose al tiempo por delante a mucha gente a ellos allegada, para al final, en medio de vacas gordas o flacas, darse unos golpes muy fuertes, no necesariamente por alcohol, pero si por rechazo de los demás y soledad en los momentos difíciles. En estas situaciones la solución será igual a la de los alcohólicos y ella consistirá en pedirle de rodillas a Dios con humildad que les ayude a mejorar en todo aquello que precise cambio dentro de sus vidas.