19 de octubre de 2021
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El humor alrededor de la muerte

Por Orlando Cadavid Correa
17 de diciembre de 2016
Por Orlando Cadavid Correa
17 de diciembre de 2016

Contraplano

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Por Orlando Cadavid Correa

Una mañana tertuliaba don Aparicio Díaz Cabal en la puerta de La Equitativa con dos vecinos sobre lo prometedora que había resultado la semana para su funeraria: “La verdad es que mucha gente se nos acostó viva y se nos levantó muerta”, comentó el enterrador de la comarca.

De su cosecha parecía emanado este chascarrillo que llegó a hacer parte de las retahílas de humoristas de la talla de Mario Jaramillo, Guillermo Zuluaga, ‘Montecristo’, y Raúl Echeverri, ‘Jorgito’.

Empero, el historiador  manizaleño Vicente  Arango Estrada estima que muchas de las “rimas” del palestino fueron realmente de la autoría del escritor bogotano Nepomuceno Alfonso.

De la nutrida correspondencia que llegó a nuestra bandeja de entrada rescatamos estos aportes:

De Alvaro Marín Ocampo: Aquí te encimo otros versos chuecos que encontré atribuidos al funeral Aparicio:

“Ánima que vas penando/ por esta falda pa’rriba/ ¿cómo no has de tener frío/ Si te robaron la ruana?

Por la calle del río abajo/ van dos ánimas perdidas;/ si no sabían el camino/ pa’que se fueron por ahí?

La lluvia es un montón de agua/ que cae mojando a la gente/

por eso se usan paraguas/ que resguardan del torrente.

En el cuarto de mi casa/ tenía prendido un bombillo/ y de tanto prenderlo y apagarlo/ se me fundillo.

Qué noche tan triste y cruel/ en este vil municipio/ sin siquiera una mujer/ que mis penas disipio”.

De Efraim Osorio López: “Estos versos chuecos siempre me han encantado. Hay uno, que no sé si es de la cosecha de don Aparicio, pero es fenomenal. Dice así: En un alto muy alto / había dos toros ‘peliando’; / el uno era ‘colorao’, / y el otro salió corriendo.

Y circula otro, éste sí del personaje, sobre Luz Marina, que empieza: Luz Marina, Luz Marina… y termina: Se me pone la carne de gallina. No lo sé bien. En todo caso, muy buenos recuerdos, como siempre. Ignoraba yo lo de Carlos Arturo Rueda y lo de su vínculo con Manizales. O lo había olvidado”.

Este episodio  relatado por el señor Luis Augusto Londoño Jaramillo, confirma el carácter “deportivo” que el enterrador le atribuía a su negocio, en su eslogan comercial:  “El más curioso entierro que yo haya visto fue en 1950. Pasaron por mi casa en tremendo escándalo, con un ataúd forrado en una bandera azul, tomando trago a pico de botella e insultando al muerto. Yo estaba muy niño; me extrañé y pregunté por qué don Aparicio organizaba semejante ex-abrupto. Me contaron que Millonarios acababa de perder el campeonato de fútbol con el equipo local Once Deportivo y don Aparicio había decidido enterrarlo”.

Otros dos aportes del sobrino del ex alcalde manizaleño Fernando Londoño y Londoño:

— “Creo que por estos bellos versos y la parafernalia con la que eran publicitados sus ataúdes mi tío Fernando, oficialmente, prohibió exhibirlos.

— En alguna Feria de enero arrumó sus ataúdes tapándolos con una negra cortina. El espacio liberado de la terrible carga lo alquilaba como bailadero.  Los jóvenes de entonces marcábamos paso sobre el enorme letrero de su funeraria”.

En su libro titulado Epitafios… El humor de la muerte, el escritor caldense Gonzalo E. Aristizábal descubrió a  un enterrador pereirano que emulaba así,  como poeta, a su colega de Manizales para anunciar su macabra mercancía:

“Si el morir es descansar/ como reza el estribillo/ no se vaya a suicidar/ sin ir donde Juan Trujillo.

Hombre modesto y sencillo/ le que su deber/ primero es mandar a hacer/su buena caja de cedro/ para poder merecer/ la absolución de San Pedro”.

La apostilla: Entre la afligida clientela que acudió a la funeraria, en una jornada de mucho movimiento, figuró una llorosa señora que le preguntó:  «Don Aparicio, ¿tiene ataúdes para niños recién nacidos»? Y la seca respuesta fue: «Solo tenemos ataúdes para niños recién muertos».

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