24 de octubre de 2021
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Del corazón a la razón

5 de diciembre de 2016
Por Juan Gossaín
Por Juan Gossaín
5 de diciembre de 2016

Por Juan Gossaín

Un libro es siempre un mJuan Gossainundo nuevo, una caja de misterios, un territorio sembrado de sorpresas. Pero pocas veces he ojeado y hojeado un libro de autor colombiano que me cause más asombro que este. Voy a tratar de explicarme, pero no les garantizo que lo consiga.

La primera sorpresa consiste en descubrir que Gustavo Dajer Chadid se propuso, al escribir esta obra, escrutar los laberintos de la mente pero también los vericuetos del corazón. Sondear los pensamientos que se le ocurren a la razón humana y al mismo tiempo, los sentimiento que anidan en el espíritu. Pensar y sentir: esa es la mejor síntesis de este libro.

Es un viaje sin escalas. Cierro la última página, en medio de la alta noche del insomnio, leyendo sin parar, y en ese momento me hago la pregunta clave: ¿es este un libro de pequeños poemas en prosa o es un libro de reflexiones? Me quedo pensando, pero también sintiendo, porque al final comprendo que se trata de ambas cosas.
Entonces, en ese mismo instante, y envuelto por las sombras y los olores que vienen del mar, uno trata de saber si la vida consiste en aprender a sentir o en aprender a pensar. Y este libro le da la respuesta: “Cuando respiras profundo”, escribe Dajer, “la mente se aquieta”. La presencia del hombre sobre la tierra, en esencia, es eso: pensar pero también sentir.

pensar-bien-para-vivir-mejor-portada-libroEn las frases breves que campean a lo largo de estas páginas, como si fueran aforismos de un viejo filósofo, está registrado el valor en singular, como símbolo de la valentía y el coraje, pero también aparecen registrados los valores en plural, como cualidades del alma. A eso me refiero.

Por esa misma razón yo podría decir, si ustedes me lo permiten, que este libro es, en esencia, una especie de homenaje a la palabra. No es coincidencia que tenga un capítulo dedicado a ella. La palabra, que es el arma más poderosa del mundo, y al mismo tiempo la más débil. Ya el gran Jorge Zalamea, escribió que la palabra es tan poderosa que puede, incluso, destruirse a sí misma, como lo demuestran esos proverbios sobre el silencio que es oro, o sobre aquella boca cerrada en la que no entran moscas.

Y todo eso, reflexiones y sentimientos mezclados, la razón que camina tomada del brazo del corazón, el alma y la mente juntas, para terminar concluyendo sabiamente que otra vez tenía razón Voltaire cuando decía que, para viajar lejos sin necesidad de moverte de tu casa, no hay mejor nave que un libro. Y los proverbios hebreos sostienen que los libros y los días dan a un hombre sabiduría. He aquí la confirmación.

Aunque no he vuelto a verlos desde hace tantos años, así podría imaginarme a Gustavo Dajer Chadid: cargado de días y de libros, con un nieto sentado en las piernas, en el taburete de vaqueta recostado a la puerta de su casa en Sincelejo, saludando a los compadres que pasan por la calle, tarareando una vieja canción de esa sabana infinita mientras va pensando, pensando. Pensar y cantar: eso es la vida. La verdadera vida.