18 de octubre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

De la tragedia a la farsa

12 de diciembre de 2016
Por Octavio Quintero
Por Octavio Quintero
12 de diciembre de 2016

Octavio Quintero

octavio-quinteroHay una similitud jurídica pasmosa entre la presión que se ejerció sobre la Corte Constitucional para avalar la reelección de Uribe en el 2004, y la presión que se hace hoy para que avale el fast track en el desarrollo legislativo de los acuerdos de La Habana.

El entonces ministro del Interior y Justicia, Sabas Pretelt, hoy en la cárcel por prevaricador, dijo a los medios que había un “clamor nacional” en favor de la reelección, lo que se consideraba como un “acto suicida” que la Corte no avalara el acto legislativo 02 del 2004. Y la Corte cayó en la trampa a pesar de que se consideraba entonces, y se considera hoy, que el Congreso, como poder constituyente delegado, no tiene facultades para sustituir la constitución.

Hoy lunes 12 de diciembre de 2016, se espera un pronunciamiento de la Corte sobre otro atropello constitucional enmarcado en el acto legislativo, el 01 del 07 de julio de este año, conocido como “Acto legislativo por la Paz” en el que se propone otra sustitución de la constitución reduciendo de 8 debates y dos legislaturas, a solo cuatro debates y una legislatura las reformas constitucionales, amén de castrar funciones propias del Congreso y las altas cortes, entregándole poderes omnímodos al Presidente para legislar por decreto.

Hace 12 años (en el 2004) se presionó a la corte diciendo que se trataba de “un clamor nacional”, algo así como una vox populi, vox Dei;  hoy se le presiona en el discurso del Nobel desde Oslo, y se le presiona desde la plaza de Bolívar con movimientos sociales disfrazados de esporádicos y desde  los medios de comunicación diciendo que “la paz es ya”, trayendo de los cabellos dizque el principio de “derecho contramayoritario”, lo que quiere decir que se pueden, se deben y se tienen que volar todos los principios legales, constitucionales e institucionales en aras de la paz que, si así fuera, vaya y venga, pero que, como queda demostrado en la praxis, de todo este pandemónium   terminamos quedándonos siempre con el pecado y sin el género.

En La Política, Aristóteles habla de las distintas constituciones que pueden surgir en una democracia, dadas por la combinación de los múltiples factores que se conjugan en la sociedad. Nuestra constitución, a la luz de Aristóteles, es a la carta, es decir, según el gobernante de turno, y esta modalidad explica también, en parte, el por qué tenemos tanta ley y poca autoridad; el por qué tenemos el record Güines de reformar dos veces al año la constitución; y confirma además la nefasta imagen pública que se tiene de un Congreso renegado de sus principios, concentrado en tasar su postura legislativa al tamaño de los intereses del gobernante de turno.

En Uribe, era conveniente la reelección; en Santos no; en Uribe era conveniente la seguridad democrática (la paz por la vía militar); en Santos no (la paz por la vía de la negociación); en Uribe no era viable el fast track (convocó y perdió el famoso referendo); en Santos sí (convocó y perdió el famoso plebiscito, y ahora no solo propone desconocer la voluntad del pueblo, que ya logró en parte, sino suplantar las funciones del Congreso y de las altas cortes)… Y toda ésta volatilidad legal y constitucional es nuestra particular democracia a la carta.

Más allá del gobierno de Santos, cuyo fin está a la vuelta, es probable que nos topemos con otro estilo de paz, sin salirnos de la vía democrática. Tal vez, si nos esforzamos a entender bien esto –La Política, según Aristóteles–, la convivencia se nos haga más fácil; menos traumática y más tolerante.-

Fin de folio.- cada cual es dueño de crear hipótesis e interpretar la constitución a su gusto… Pero siempre es aconsejable no forzar los límites de lo imposible o inadmisible.