20 de octubre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Trump y el poder blanco

17 de noviembre de 2016
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
17 de noviembre de 2016

el papa francisco

Su victoria sigue estremeciendo al mundo. Por un lado, desde el 8 de noviembre se presentan protestas contra el nuevo presidente pero, por el otro, se han reportado más de 300 incidentes racistas o xenófobos en diferentes ciudades; además de la muerte a golpes de un estudiante saudí, se multiplicaron los grafitis con la esvástica nazi y consignas insultantes contra latinos, afroamericanos y musulmanes. Esta sorprendente elección puede producir cambios en la política internacional, pues Trump ya había advertido que Estados Unidos se enfocaría en sus propios asuntos ¿Qué pasó? Que triunfó el magnate millonario, sin preparación para manejar semejante país. Ganó en forma aplastante, porque en los discursos dijo lo que la gente quería escuchar: devolver el sueño americano a los blancos nacionalistas, convertir a Estados Unidos en la primera potencia del mundo y tocar los prejuicios, como la xenofobia, la misoginia y la homofobia. Supo agitar el fundamentalismo religioso y el patrioterismo. Atacó la clase política y el establecimiento, causantes de la crisis económica y social que vive el país desde hace varios años. Rompió con todas las tradiciones y dividió el país en dos, por medio de un discurso populista de extrema derecha.

Se logró instalar en el corazón de medio país, a pesar de su comportamiento como empresario y de los lunares que debían afectar su personalidad; sin embargo lo blancos nacionalistas, con bajo nivel educativo, lo vieron como un símbolo de lucha contra la política tradicional. Se produjo la rebelión electoral porque Trump es fuera de serie: va por su tercera esposa, 13 mujeres lo han denunciado por acoso; no paga impuestos desde hace 20 años, ha tenido tres quiebras en sus negocios, pero siempre sale bien librado, pues los que pierden son sus empleados. Es el primer presidente en la historia de su país que no ha ocupado un cargo público, pero sabe utilizar su imagen y el convincente discurso para proponer soluciones a todos los problemas. Su esposa, Melania, tampoco es un modelo a seguir, pero cae bien entre los blancos del pueblo y de las capas medias, porque es bonita, ha posado desnuda para varias publicaciones y se afirma que fue prostituta antes de casarse con Trump. De este modo, por la vía rápida del populismo, con campañas engañosas, cuestionando los valores democráticos y aprovechando la crisis de los partidos, logró vencer a la clase política tradicional, a los medios de comunicación y a los encuestadores.

La contundente campaña política

Trump encarna las frustraciones de la gente común y corriente y por eso promete de todo. Rechaza el Acuerdo de Asociación Transpacífico asegurando que es un golpe mortal para la industria manufacturera de Estados Unidos; del mismo modo se opone a los Acuerdos de Libre Comercio. Dice que la causa de la crisis se debe a los extranjeros y propone frenar la migración y construir el muro en la frontera con México; varias veces dijo que iba a deportar a 11 millones de indocumentados, de los cuales la mitad son mexicanos. Aquí encaja la xenofobia; Estados Unidos se debe aislar para que el país no se llene de violadores, asesinos, narcotraficantes y de gente de otras culturas. De este modo removió las fibras del racismo agazapado y se entiende el odio contra los afroamericanos y los constantes asesinatos cometidos por policías. Por todo esto, Trump, recibió el apoyo público del Ku Klus Klan, grupo que promueve la supremacía blanca. Para ellos un presidente negro, como Obama, es el símbolo más evidente de la decadencia de Estados Unidos.

En cuanto a la lucha contra el terrorismo propone bombardear al grupo Estado Islámico hasta que no quede ninguno vivo. Recordemos que los estadounidenses viven con miedo permanente al terrorismo y postrados por la inseguridad; por eso en el 40% de los hogares existe un arsenal de pistolas, escopetas y rifles, con suficiente munición. Cuando los gobiernos se sienten amenazados responden con mucha violencia y desarrollan las viejas estrategias de liquidar al enemigo, a cualquier precio, lo que produce odios y nuevos contrincantes. Como Trump es una persona impulsiva y temperamental, que reacciona sin medir las consecuencias, hay preocupación por el manejo del arsenal nuclear, pues es el presidente quien autoriza los lanzamientos de misiles. Como consecuencia los musulmanes que viven en Estados Unidos permanecen aterrados, esperando el futuro con espanto. Por estas razones concentró el 58% del voto blanco; pero a pesar de los insultos contra las mujeres y las minorías, conquistó el 29% del voto hispano, el 8% de los negros y el 42% de las mujeres. Además, hizo moñona porque dividió el país y los republicanos conservaron el control del Senado y la Cámara de Representantes.

El mundo se estremece

La victoria de Trump se sintió como una tormenta. Desde la campaña se propuso iniciar la guerra comercial; en los años cincuenta los estadounidenses vivían “en el paraíso” y los empleados y trabajadores eran bien remunerados, porque la Segunda Guerra Mundial había convertido al país en la primera potencia del mundo. La gente era mayoritariamente blanca y protestante y todos vivían orgullosos de la nación que se estaba convirtiendo en un paraíso que atraía a los pobres de Europa y del tercer mundo; aumentaron las minorías y el Estado cambió. Pero la globalización asestó un duro golpe a la economía de Estados Unidos que entró en recesión desde diciembre de 2007, cuando poderosas firmas aseguradoras y sólidos bancos se desplomaron en forma abrupta. Wall Street convulsionó por la codicia de los banqueros que especularon con la plata de los clientes; esto produjo la crisis de la vivienda, se contagió la Unión Europea porque su economía venía tambaleando y la desconfianza se apoderó de todos los mercados del mundo. El presidente Bush, para desviar la atención, justificó con mentiras la invasión a Irak y como la guerra fue un fracaso, se inventaron la de Afganistán. En consecuencia, se cuestionó el liderazgo de Estados Unidos, porque había sido atrapado por la recesión.

En este punto llegaron las promesas de Trump de sacar de la crisis a los trabajadores blancos empobrecidos, y regresar el país a la situación de los años cincuenta; para ello necesita frenar la migración y ponerle un impuesto de 35% a los carros que Ford produce en México. Esto implica renegociar los TLC y aumentar el gravamen a las mercancías que lleguen de China. Propuso salirse de la OTAN por obsoleta, lo que asusta a Europa por las frías relaciones que mantiene con Putin; y anunció que había que cancelar los acuerdos con Irán, reinstaurar la tortura para los terroristas y si es necesario lanzar una bomba nuclear a Estado Islámico. De otro lado peligran las relaciones con La Habana y se puede complicar la situación en Oriente Medio.

El mundo tiene miedo, y se espera que no cumpla lo que dijo en campaña, o “que no resulte tan malo como parece”. Sigue siendo impredecible; les dijo a los opositores que no deben temer, pero anunció que su principal asesor será Steve Bannon, una persona acusada de racismo, xenofobia y homofobia. Por último, el triunfo de Trump seguramente alimentará los movimientos populistas, nacionalistas y de fronteras cerradas, de Europa y del mundo. Pero también dará oxígeno a los de ultraderecha, como el partido de Marine Le Pen. Por ahora el tenebroso y siniestro Ku Klux Klan anunció una marcha para manifestar su apoyo incondicional al presidente. A partir del 20 de enero miraremos que pasa con la democracia en este país.