23 de octubre de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

¡SÁLVESE QUIEN PUEDA!

16 de noviembre de 2016

Pareciera que esta es la consigna de moda en el entorno económico, político y social. A los profesionales se les está formando (o deformando) en toda una serie de aspectos que tienen relación con la ciencia y la técnica para competir, para ganar, para ser eficientes productores. Pero lo que tiene que ver con la formación del ser humano se encuentra relegado al cuarto de san Alejo, es decir, muy lejos.

No de otra manera se puede entender el fenómeno generalizado mediante el cual se acude al miedo, al terror, para realizar las campañas políticas, como acaba de ocurrir en lo que fuera llamada “cuna de la democracia” en América. Llega Trump al poder  y dos aspectos sobresalen: la fortuna que ha amasado en sus negocios y de otro lado su muy cuestionable reputación como ser humano. No puede extrañar entonces que el señor en cuestión haya tomado como bandera la xenofobia que crece de una manera exponencial cuando se presentan las crisis económicas en los países. Pero en el caso de los Estados Unidos, se trataba también por parte del candidato Republicano, de echar mano del miedo, del terror que han generado los fundamentalistas islámicos y la presencia de muchos mejicanos que se encargan de la introducción de drogas a este país.

Todo apunta entonces a una actuación humana en donde se sobredimensiona el instinto animal, dejando de lado el ejercicio de la racionalidad para analizar y proponer salidas más juiciosas y menos desesperadas.

Pero aquella fórmula del “eterno retorno”, es decir, evocar épocas gloriosas para proponer el regreso al pasado, sigue siendo el pan de cada día, sin importar que escenarios y generaciones pasadas son imposibles de reeditar. La sociedad, la economía, los intereses, son bien diferentes en cada época y los análisis que nos pueden permitir crear condiciones para la construcción de una sociedad más equitativa, más justa, no se pueden dejar en manos del instinto, del impulso, tal como de una manera simplista lo proponen los populistas.

Necesitamos más razón, menos emoción y menos miedo. De lo contrario seguiremos destruyendo el Planeta y eligiendo los enterradores de la especie humana.