19 de octubre de 2021
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Pa’fuera…pa’la calle

29 de noviembre de 2016
Por Rodrigo Pareja
Por Rodrigo Pareja
29 de noviembre de 2016

Por Rodrigo Pareja

Rodrigo ParejaEl estribillo que se ha hecho popular gracias a la interpretación de diferentes conjuntos salseros, suena propicio ahora para que millones de colombianos partidarios de la paz y de los comportamientos del actual gobierno en esa materia, se lo dediquen a alguien que hace rato está al otro lado de esos intereses: Germán Vargas Lleras.

Más que un palo en la rueda, como dice la socorrida frase empleada para denunciar sospechosas actuaciones frente a algún objetivo determinado, el actual vicepresidente de la república se ha convertido en un enorme lastre que amenaza la normal navegación del Ejecutivo.

Cuando se tiene la certeza de que el barco tendrá que enfrentar procelosas aguas y ruidosas tempestades, resulta incómodo e insostenible que el segundo de a bordo sea  precisamente el encargado de conspirar para que algo se descomponga y ponga en peligro la navegación.

Apenas comenzado el peligroso crucero, y con la expectativa que hay en el puerto de llegada por parte de millones de colombianos, es insólito que Germán Vargas Lleras esté empeñado en imitar al defenestrado procurador, Alejandro Ordoñez,  aprovechándose de su cargo para adelantar en forma abierta y descarada su campaña presidencial.

Que los Lleras tengan un lugar en la historia de Colombia puede ser hasta cierto,  pero eso no le da derecho a uno de los herederos de esa casa política emplear todas  las formas de lucha para alcanzar el objetivo que según algunos tiene predestinado desde su cuna de tanto oropel.

Un mínimo de lealtad con quien lo llevó al más alto cargo de Colombia, no le vendría nada mal a alguien que se siente ungido por el destino para suceder a su actual superior el Presidente de la República, aspiración a la que tiene todo el derecho.

Si no le gusta el proceso de  paz ni quiere que ésta se  concrete en el país,  el camino que le queda a Vargas Lleras es asumir de frente esa  postura sin cálculos politiqueros y sin ponerle una vela a Dios y otra al diablo, mejor dicho, no nadar entre dos aguas, dejar de ser “”ni chicha ni limoná” para que no le dediquen, como ahora en Bogotá,  eso que escribió el gran Facundo Cabral bajo el título de “No soy de aquí ni soy de allá”.

Al fin y al cabo  especular en política no sólo es válido sino que se ha convertido en deporte nacional; por eso cabe la posibilidad de que el vicepresidente vuelva al redil de su antiguo amo y entre tumbando bolos, como suele decirse de alguien que irrumpe con éxito dejando a lado y lado un tendal de vencidos, calificativo que le cabría de sobra a Oscar Iván Zuluaga, Carlos Holmes Trujillo, Iván Duque, Marta Cecilia Ramírez y Alejandro Ordoñez, entre otros que sueñan con la bendición del ungido.

Será que esta situación de ambiguedad  la mantendrá  Vargas Lleras y  la soportará el presidente Santos hasta mayo del año próximo, cuando por mandato constitucional debería renunciar si aspira a regir el destino de los colombianos a partir del 2018 ?

Aunque por ahí dicen que su antiguo patrón, en un excepcional regalo de la naturaleza, posee tres huevitos, a Vargas Lleras lo único que debería exigírsele es que al menos demuestre tener los de la dotación normal, sin ningún exceso corporal, y los utilice para retirarse de donde hoy es un engorro no solo para su jefe sino para millones de colombianos que anhelan la paz, y emprenda de frente y sin tapujos su campaña contra ellos.

La lealtad en una planta exótica en el árido desierto de  la política colombiana, donde el truco, la zancadilla, la trapisonda y la martingala forman su indeseable e improductiva flora. Eso ya se sabía, pero que todo un Vargas Lleras, uno de los elegidos lo corrobore, si es como para seguir llorando.

Twitercito: Solía decir el finado senador Luis Guillermo Vélez, después de ver y escuchar al actual Vicepresidente: Este Germán es un Vargas que se cree un Lleras.