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La apuesta: usted y yo

14 de noviembre de 2016
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
14 de noviembre de 2016

Hernando Arango Monedero

hernando arangoViviendo, como vivimos, en manos de un tahúr, no es nada raro que la apuesta en este juego seamos, amigo lector, usted y yo. Suena indignante, es cierto, pero así es.

Veamos: En el año 2014, el gobierno colombiano entregó, bajo el nombre de diversas compañías petroleras del mundo, la exploración de petróleo en aguas marinas del Caribe. Entre esas compañías se encuentra la STARTOIL, compañía Noruega para para más señas. Nada raro, en verdad, y menos raro si es Noruega uno de los impulsores de las conversaciones en La Habana. Que hay allí de intereses y de retribución por tan “desinteresada” gestión en “favor” del pueblo colombiano?
Pasado el tiempo, y habidos los resultados del 2 de octubre, el comité del Premio Nobel de Paz, decide otorgarle a Juan Manuel Santos Calderón, para más señas Presidente de Colombia, el tal Premio Nobel de Paz. A la cabeza de ese comité se encuentra la señora Cullmann Five, reconocida como Kaci. Esta señora es o era “Deputy Chairman of de Board” de STATOIL, la misma empresa que unos años antes recibió la licencia de exploración de petróleo en el caribe colombiano.
Hasta aquí lo que vemos es que, de una u otra manera, el gobierno colombiano está entregando pedazos de país a quien a cambio le da algo. En principio, ese algo, es el acompañamiento “desinteresado” en la mesa de conversaciones de La Habana con las FARC, lo que de por sí no tiene nada de malo, pero que sí empieza a tener algo, si a cambio se dan concesiones a tal “desinterés”. Pero las cosas se empiezan a complicar sí para reforzar la gracia recibida, se otorga el Premio Nobel de Paz, máxime sí el “ganador” ha logrado, con su gestión, el rechazo de sus conciudadanos y la no aceptación a lo que anticipadamente firmó en un bochornoso acto con presencia internacional, dirigido exclusivamente a presionar al pueblo que finalmente le dijo NO. Allí jugó sucio y nos engañó con la parafernalia montada para tal fin. Y, raro, que el Nobel se le otorgue a un “líder” que carece de eso, de liderazgo y que, por el contrario, ha buscado dividir a la opinión de sus conciudadanos con marrullas y artimañas que dejen mucho que desear. Y, tal como se vio en Inglaterra, el cobre le salió a relucir con sus infidencias ante los Lores y en la Cámara de los Comunes. Vaya un “líder” como este.
Ahora, nuevamente en juego el Acuerdo, ese Acuerdo que inicialmente, de no aprobarse, daría lugar a la toma de las ciudades por parte de las FARC; ese Acuerdo que significaba la expresión de querer la paz o desear la guerra; ese Acuerdo que era imperfecto, pero a la par inmejorable; ese Acuerdo que daría lugar a una paz imperfecta, preferible a una guerra perfecta; ese Acuerdo que sería modelo para que el mundo, donde quiera que hubiese conflicto, lo tomara como modelo; ese Acuerdo, finalmente, ha podido revisarse e inclusive mejorarse, como ahora lo dice el mismo Presidente, así no esté en todo con lo que los votantes por el NO desearan. Ese Acuerdo que, en medio de su pésima redacción, se ocupa de asuntos no relacionados con el mismo proceso de paz; ese Acuerdo que creó un Tribunal de Justicia Transaccional que podía desconocer toda la Rama Judicial Colombiana al desconocer el principio de Cosa Juzgada; ese Acuerdo que otorga excepciones no reconocidas internacionalmente a quienes estuvieron incursos en delitos de lesa humanidad, cuando se ignora la proporcionalidad entre la pena y el delito; ese Acuerdo que otorga derechos políticos a terroristas y delincuentes saltando por sobre la Constitución, Constitución reformada desde la mesa de La Habana; ese Acuerdo, nos dice el jugador que está avanzando en su revisión, y que los integrantes de la mesa entrarán en “modo cónclave” para no levantarse hasta terminar las discusiones.
Sí, en “modo cónclave”, para no levantarse de la mesa hasta no evacuar lo negociable. Y suponemos que tiene que ser así, ya que ahora hay un gran afán; afán para la próxima jugada, en la que nuevamente estaremos sobre la mesa de tahureo usted y yo, amigo mío. Esa partida se jugará el próximo 10 de diciembre en Estocolmo, la capital de los desinteresados noruegos que con tanto empeño han “ayudado” a la consecución de ese Acuerdo de La Habana. Sí, estaremos usted y yo, porque la orden ya no es lo que se defina, con fundamento en la salud del país, sino en llevar el texto definitivo ya aceptado por las FARC y por sus personales emisarios. El Acuerdo, luego será traído al Congreso y, con base en canonjías como lo es todo últimamente, pasará por sobre la opinión de quienes se atrevan a disentir, ya que podrán ser perseguidos por la justicia, de no variarse lo dispuesto en el Acuerdo inicial. (3.4.3)
Y la apuesta será simple: ¡Restos! Los que importarán poco, ya que ese Premio Nobel de Paz, bien vale un país, parodiando a Enrique IV, quien manifestó “Paris bien vale una misa”. Ya lo oímos en Londres expresando sus excepciones por la pérdida de su anterior apuesta, el plebiscito. Lo demás es lo de menos.
Manizales, noviembre 14 de 2016.