16 de mayo de 2021
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¿EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS?

2 de noviembre de 2016

En una época y en un país en donde todo se mide por la “eficiencia”, la “productividad”, la “competencia”, no resulta extraño que se puedan encontrar noticias que producen verdadero estupor.

Nos referimos, por ejemplo, a los comentarios que hace el periodista Juan Gossaín, quien junto con su esposa se han dedicado a realizar talleres sobre periodismo, aprovechando su veteranía en ese campo. Dice Gossaín que en determinado momento, se programó un taller en donde el invitado especial era el periodista venezolano Rendón. Como era de esperarse, el lleno fue total porque era mucha la expectativa que había despertado el personaje caracterizado por utilizar los medios de comunicación para desprestigiar unas veces o alabar otras a ciertos personajes. Y contaba los trucos, los mensajes perversos, las imágenes que hacían despertar ciertos sentimientos de ira, de odio, de aprecio, según el caso. Decía Juan Gossaín que él no estaba de acuerdo con este tipo de manejo de la comunicación, porque decía el señor Rendón que todo lo que no fuese ilegal, era posible utilizarlo. Es decir, ningún código ético fuera de lo legal, podía servir para orientar su trabajo en el campo comunicativo. Como quien dice: “El fin justifica los medios”. Y el objetivo era simplemente ganar, como ocurrió en las elecciones en donde se enfrentaron Antanas Mockus con Juan Manuel Santos. Desde luego que Rendón estaba al lado de Santos. Y también sabemos de sobra que Santos dijo que si era necesario grabar en una piedra su propósito de no colocar más impuestos, lo haría. En efecto, no era ilegal decirlo para no cumplirlo.

Pero al lado del caso del señor Rendón hay otros que nos hablan de actuar de una manera ilegal, así sin ponerse colorados. Nos referimos al caso del señor Héctor Mora, un periodista que recorrió el mundo entero con un programa encargado de mostrar ese mundo en la pantalla chica. Y decía el señor Mora en una entrevista radial, que en una ocasión trajo un perro siberiano a Colombia, a pesar de estar prohibido su transporte. Y a renglón seguido explicó todas las triquiñuelas que empleó para poder hacer ese acto ilegal. Igual que Rendón, podríamos decir que ni se puso colorado al hacer estar afirmaciones.

Por último el caso del arquitecto Simón Vélez, un hombre reconocido por su trabajo con la guadua y quien con un desparpajo sin medida afirmó en una entrevista radial que a pesar de que es necesario contar con un permiso para el corte de la guadua, él lo hace transgrediendo todas las normas, porque en Colombia las normas lo que hacen es entorpecer el trabajo de los arquitectos, refiriéndose al corte de la guadua.

Podríamos decir finalmente que ahora sí entendemos  por qué “estamos como estamos”. Figuras de innegable prestancia, estimulando actitudes no éticas, ilegales, con una facilidad que produce miedo.

Todas ellas son conductas que deben recibir un total rechazo y nos advierten que es urgente el retorno de la ética a las aulas escolares, al ámbito familiar y en todos aquellos espacios públicos y privados, como requisito para una convivencialidad sana.