18 de octubre de 2021
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El destino trágico de Siria

7 de noviembre de 2016
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
7 de noviembre de 2016

albeiro valencia

Este país tiene una excelente ubicación geográfica en el Cercano Oriente, en el cruce de Asia, África y Europa; limita con Irak, Israel, Jordania, Líbano y Turquía, una región sensible llena de contradicciones y que tocan a Siria directa e indirectamente; Turquía e Irán defienden intereses económicos y políticos; lo mismo que Arabia Saudita y sus aliados; Rusia y China luchan por los recursos económicos del Oriente Medio. Además, Moscú tiene acuerdos comerciales con Siria desde la época de la Guerra Fría, mantiene tratados comerciales y conserva una base naval en Tartus, que le permite apoyar su flota de la marina de guerra en el Mar Mediterráneo. Y a las potencias de Occidente les interesa cuidar al mejor aliado que es Israel, un pequeño Estado muy poderoso militarmente y punta de lanza en la región.

En este nudo de intereses la mejor estrategia era conservar el equilibrio político. Pero la Primavera Árabe que se desató en 2010, apoyada por las potencias de Occidente, sacudió a Siria con fuerza de huracán. Las manifestaciones contra el régimen empezaron en Daraa, en marzo de 2011 y fueron utilizadas por fuerzas externas para desencadenar el conflicto interno; participaron comandos mercenarios de organizaciones radicales de salafistas, sunies, alauitas, y miembros de la Hermandad Musulmana que hizo el llamado para el levantamiento en armas contra el presidente Al-Assad; entre los mercenarios había comandos turcos, qataríes, jordanos, iraquíes, pastunes y chechenos, que llegaron desde Afganistán y Arabia Saudita. La principal fuerza de oposición al régimen es el Consejo Nacional Sirio, que logró el apoyo de la comunidad internacional; la ONU pidió la renuncia de Al-Assad y los 27 países de la Unión Europea aprobaron medidas económicas contra el presidente. Y, como era de esperarse, se profundizó la guerra civil y convirtió la región en la zona más explosiva del mundo.

El juego político

Esta tragedia va a cumplir seis años y no se ve el final; pero ha dejado más de 300 mil muertos, dos millones de heridos y cinco millones de refugiados en Líbano, Jordania y Turquía. El plan de la oposición es desplazar a Al-Assad e impulsar elecciones libres; pero también piensan que sacar al presidente puede prolongar más la guerra civil. Estados Unidos ataca con fuerza militar al Estado Islámico (EI) en Siria, pero también golpea a Al-Assad; Barack Obama actúa con cautela porque recuerda las amargas experiencias de su país en Irak y Afganistán. Lo más grave es que Siria es hoy un territorio donde combaten unos 30 grupos; los más evidentes son el ejército del régimen, ISIS, los rebeldes de la oposición moderada, los yihadistas de Al Qaeda, los kurdos, los turcos, diversos grupos mercenarios, Rusia y la coalición occidental dirigida por Estados Unidos. Hay tanto actor que es difícil detener la guerra. Pero es cierto que si hubiera voluntad real entre los gobiernos de Estados Unidos y Rusia se podría dar un cese al fuego, aunque no total, pero es que las potencias convirtieron este territorio en un campo para el juego político, propio de la Guerra Fría. También hay que tener en cuenta que Irán y Arabia Saudita juegan su propia partida de Ajedrez. Mientras tanto Turquía, aliado de la OTAN, no controla a los combatientes yihadistas que cruzan la frontera para unirse al EI y a otros grupos que luchan contra Al-Assad; lo que más le preocupa es que los grupos kurdos, como el Partido Unión Democrática de Siria, que está asociado con el Partido de los Trabajadores de Kurdistán de Turquía, no ejerzan control territorial en Siria.

Hay que tener en cuenta que Al-Assad no ha caído debido al apoyo de Rusia e Irán; pero la guerra civil se prolonga y oxigena por el apoyo de Arabia Saudita y otros estados del golfo, a los opositores del régimen, que siguen controlando grandes extensiones del territorio. EI, que es enemigo de todos, viene perdiendo fuerza y espacio, pero sigue recibiendo recursos y causando terror en las zonas bajo su control.

La lenta muerte de Alepo

Esta era la capital económica de Siria, pero cayó en manos de los rebeldes en 2012 y desde entonces vive una crisis humanitaria que se agudiza cada día. Los ataques del régimen sirio y de Rusia, por tomar la ciudad, empezaron en septiembre, en una nueva ofensiva, para recuperar la totalidad de Alepo y se convirtió en la batalla más feroz de la guerra. De esta estrategia depende parte del futuro del régimen de Al-Assad. La reanudación de los ataques ha castigado la ciudad, debido a los bombardeos que vienen sacrificando a la población civil. Como consecuencia 250 mil personas quedaron sitiadas en la zona rebelde, con acceso limitado al agua potable, a los alimentos y a los medicamentos. La carretera de Castelo es la única para entrar y salir de esta parte de la ciudad y está bloqueada por los rebeldes, y los bombardeos provocaron la destrucción de hospitales; no solo hay escasez de camas y suministros médicos, sino que las ambulancias se convirtieron en objetivo de guerra. El pasado 20 de septiembre fue atacado un convoy de 18 camiones con ayuda humanitaria, en los alrededores de Alepo; dejó 20 muertos y 78 mil civiles se quedaron sin recibir los alimentos. No se sabe de dónde vino el ataque, pero 27 barriles explosivos cayeron sobre la caravana. Hoy 3.000 voluntarios, Los Cascos Blancos, arriesgan sus vidas para rescatar a los sirios que quedan atrapados bajo los escombros. Son los héroes de la guerra en Siria. Recordemos la imagen de Omran Dagneesh, el niño de 5 años que apareció cubierto de sangre y polvo, en una ambulancia, después de sobrevivir a un bombardeo en Alepo, que se convirtió en símbolo de la tragedia humanitaria en Siria.

Un país condenado al sacrificio

Todo empezó el 15 de marzo de 2011 bajo el lema “Una Siria sin tiranía”, para tumbar el régimen de Al-Assad; el 12 de noviembre la Liga Árabe suspendió la participación de Siria y se fueron profundizando los enfrentamientos internos para generalizar la guerra civil. El 13 de junio de 2013 el presidente Barack Obama autorizó el envío de armas a la oposición lo que alimentó el conflicto interno. En este caos, EI de Irak y del Levante tomó el control de Al Raqa y meses después se proclamó el Califato, desde Alepo hasta la provincia iraquí de Diyala; el 21 de mayo de 2015 EI ya controlaba más del 50% del territorio sirio después de dominar buena parte de la ciudad patrimonial de Palmyra. En este punto las potencias de Occidente se asustaron de verdad. Los politólogos concluyen que el intervencionismo es dañino y pusieron como ejemplo los casos de Irak y Libia. En medio del juego político no se ve una solución al conflicto sirio. El gobierno de Rusia piensa que así haya paz, Siria no será lo mismo: la mitad de sus habitantes fue expulsada de sus hogares y de su tierra; ciudades enteras han sido devastadas y las minorías que habían sido protegidas bajo el régimen de Al-Assad cayeron bajo el poder absoluto de EI y de los grupos yihadistas. Por ahora solo vemos intereses creados entre los actores regionales y algunas potencias, a lo cual se suma la irrupción del extremismo islámico. Todos atizan el fuego que alimenta la guerra