17 de octubre de 2021
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Aranzazu-Bachilleres 50 años

13 de noviembre de 2016
Por Rodrigo Zuluaga Gómez
Por Rodrigo Zuluaga Gómez
13 de noviembre de 2016

Por: Rodrigo Zuluaga Gómez

rodrigo zuluagaPor estos días hace 50 años se estaban graduando los bachilleres  de la primera promoción que sacó el Colegio Pio XI  en el municipio de  Aranzazu.

Durante los años anteriores a 1966 los estudiantes que querían su grado de bachiller tenían que viajar al municipio de Salamina o a la ciudad de Manizales para obtenerlo, teniendo que correr con  gastos adicionales.

Este logro sin duda significó un avance cualitativo para la educación en este municipio del norte de Caldas, pues los estudiantes a partir de ese año de 1966  iniciaron la obtención de su  cartón de bachiller en la propia localidad.

Estos primeros bachilleres salieron corriendo a comerse el mundo, a estudiar y a tratar de hacer fortuna para ayudar a sus familias a salir adelante. Aunque todos no lograron profesionalizarse, todos lograron tener empleos dignos y crearon empresas que dicen mucho de su tesón y compromiso con la sociedad.

Unos se dedicaron a la docencia universitaria, otros a la administración cultural y los de más allá a  la literatura y el periodismo. El resto creó empresas modestas que hoy son ejemplo de honestidad y orden.

A pesar de haber desarrollado sus actividades en las 5 décadas más cruciales de la vida nacional, ninguno resultó enredado en negociosos turbios, ni de dudosa actividad. Todos han sido ejemplo de emprendimiento y organización comercial.

Para ellos no se aplica aquello que una vez dijo Antonio Mejía Gutiérrez, que los aranzazunos son la  tribu fenicia perdida en América y que se encuentra en las breñas del Departamento de Caldas. No. Este puñado de norteños de Aranzazu se dedicó más a la intelectualidad que al negocio. Aunque no se puede negar su actitud empresarial.

Un grupo de estudiantes que dio  ejemplo evidente de que se puede vivir bien sin necesidad de estar dedicado al comercio, a la compraventa. Estos amigos nacieron sin narices para olfatear el negocio, pero fueron dotados de inteligencia para mostrar que hay otras formas de vida, iguales o mejores, actividades que no hacen  hombres ricos, pero sí seres felices.

Baste decir que los primeros bachilleres de Aranzazu son unos jubilados en uso de buen retiro, que viven de sus pequeñas pero exitosas empresas, individuales unas, colectivas otras. En todo caso se constituyen en ejemplo para las nuevas generaciones.