24 de junio de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El Presidente queda con la obligación de buscar la Paz

16 de octubre de 2016
Por Augusto León Restrepo
Por Augusto León Restrepo
16 de octubre de 2016

Augusto León Restrepo R.

UNO

augusto leon restrepoEn un almuerzo familiar, ocho días después del plebiscito, una de mis hijas recordó que mi columna y yo habíamos sido derrotados por ligera mayoría de quienes votaron NO a apoyar los Acuerdos de La Habana. Ligera, pero mayoría al fin y al cabo. Y asentí. Durante estos cuatro años que duraron las conversaciones en busca de la terminación de 52 años de conflicto armado entre el Estado y la subversión, no hice otra cosa que sostener y preconizar que había que adelantar con originalidad y entereza, tal como sucedió, conversaciones entre el Estado y la subversión en nombre de dos valores inamovibles consagrados en todas las Constituciones del mundo, fruto quizás del Derecho Natural, como son el derecho a LA VIDA y el derecho fundamental a vivir en PAZ. Valores, que no son plebiscitarios. Que tal que lo fueran. Pero en 297 páginas los compromisarios de ambos bandos en conflicto presentaron su trabajo final, que contempla una serie de complejas propuestas que el Presidente de la República acogió por considerar que su efectividad e implementación le daban base para esperar una convivencia política sin armas, efectiva y continuada en el tiempo y respaldada y blindada por el consenso democrático. Entonces quisimos acompañar al Ejecutivo y creímos que para hacerla realizable y darle sustrato popular a lo discutido y aprobado con las Farc, lo mejor para el país era que sus ciudadanos asistieran a respaldar con el SÍ lo que en la mesa de negociación se había consensuado luego de cuatro años de agotadoras sesiones entre las partes. Pero recibimos una derrota en las urnas a nuestras pretensiones, que, desde luego, no vamos a desconocer haciéndole eco a peligrosas propuestas que tratan de desechar los resultados electorales con insinuaciones como que fueron resultado de debilidad intelectual para resistir a los sofismas propuestos por el NO, propensa religiosidad desbordada para atender a sacerdotes y pastores, fenómenos meteorológicos que acobardaron a los sufragantes o arrepentidos y fantasmas abstencionistas que quieren resucitar con imaginativas truculencias. No. Ojo con estas fórmulas mágicas que atenúan o enruanan la derrota. La magia electoral es el principio de lo que puede no tener fin. Los culebreros de la Paz son tan innobles como sus soterrados enemigos con cara de apóstoles y misioneros. El Presidente queda con la obligación de buscar la Paz. Y como primera medida, mantener el cese al fuego, a la balacera, por tiempo indefinido, más allá del 31 de diciembre si las circunstancias lo exigen cualquiera que sean las realidades políticas que sobrevengan. Las Farc se mantienen en lo que firmaron a este respecto. No quieren más guerra. Y las gentes que se han volcado a las calles y avenidas, reclaman y exigen que por lo menos la lucha fratricida se quede en el olvido, en los textos de historia. Todo lo demás, es subalterno, lo hemos escrito hasta el cansancio y hoy lo ratificamos.

DOS

Por priorizar el derecho a LA VIDA, sobre cualesquier otra consideración sea de la índole que sea, he recibido centenares de afiliaciones al Partido de la Vida. Pero también planteamientos como los de que para que unos vivan otros tienen que morir, en el que coinciden las izquierdas y las derechas extremistas. Hay que desaparecer a quienes se oponen a los cambios sociales, a la inequidad, a la inclusión. A los que quieren cambiar la sociedad, a los que se oponen a un modelo de vida distinto al que nosotros practicamos, que consideramos justo, correcto e ideal. Hay que exterminar a los que señalamos como instigadores de las inequidades sociales, a los amos de las frentes que sudan plusvalía. Y a unos y otros les he contestado: nada justifica la muerte de un ser humano, exterminadora y consciente. Por ninguna clase de bandería. Menos, por ideologías cuyos exponentes predican toda clase de combinación de luchas para imponerlas o se cobijan bajo principios altruistas pero que desembocan en propios intereses, políticos, económicos, religiosos. Que de por sí, son efímeros, cambiantes, mutables, sometidos a los inextricables vaivenes de la historia. Cuántas vidas han sido segadas bajo el estímulo de las más equivocadas doctrinas o caudillismos o liderazgos o megalomanías alimentadas por las masas ciegas y obsecuentes. ¿Y que hemos ganado?. Desolación y tristeza. Sí. Fracasamos en la venta de estos ideales el 3 de octubre. Pero, hasta hoy, va ganancioso el Partido de la Vida al haber obtenido el apaciguamiento de las armas. Hace año y medio las camas de los hospitales militares están vacías y los cambuches de las enfermerías guerrilleras también lo están. Hasta esta hora de ahora, no ha habido una sola víctima a causa de las lides y de los resultados electorales plebiscitarios. Los colombianos, lo demostramos, estamos ahítos de sangre. El cese al fuego es una bandera que jamás se puede arriar. Uno creería que este es el gran fruto de los Acuerdos de La Habana, ante el cual, lo demás es secundario. Pero no. Ahí estamos enfrascados en las más disímiles discusiones en las que quieren ser todos gananciosos e imponer sus puntos de vista. Yo, a partir de este momento, voy a acallar la pluma por tiempo indefinido. Nada de lo que pudiera escribir, haría luz sobre los temas de las muchas, muchísimas mesas, que quieren mantener sus posiciones. Todos los días y a todas las horas, aquellos que se creen protagonistas no duermen a la espera de la aurora para aparecer en los medios a derramar ideas salvadoras. Para ellos el axioma chino de que la sabiduría está en el silencio es un mero enunciado. Pero sería un gran asistente, si es que quieren contribuir al apaciguamiento del ruido, de la crispación. Eso sí, el Partido de la Vida está exultante, porque espera que la cháchara «patriótica» se adelante sin poner en peligro la derogatoria del cese al fuego para imponer sus «luminosas y benéficas» ideologizaciones . De manera pues que hasta pronto o quien sabe hasta cuando, mis generosos lectores. Sé que otros temas hay para tratar. Pero deben entender que si así si lo hiciéramos, incurriríamos en desgastes distractores de lo que debe ser la única meta: que los colombianos, al fin, podamos integrarnos al siglo XXI, con la tea civilizadora inextinguible. Abur, y que los dioses protectores nos arropen.