17 de mayo de 2021
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Alimentando a Frankenstein

24 de octubre de 2016
Por Óscar Tulio Lizcano
Por Óscar Tulio Lizcano
24 de octubre de 2016

Óscar Tulio Lizcano

Oscar Tulio LizcanoEl panorama de corrupción en el país es abrumador. Ahora, ante el curso de una nueva reforma tributaria, voy a listar algunos de los casos más significativos, no solo porque evidencian la incapacidad de control del Estado sino que, en suma, representan la falta de coherencia de ese mismo Estado que ahora pretende que sea del bolsillo de los colombianos que se cubra un hueco fiscal que mucho tiene que ver con el desangre de los corruptos.

En Cartagena, solo por recobros al Fosyga y sobrecostos en medicamentos, se esfumaron 831 millones de pesos. En la Jagua de Ibirico, en el Cesar, se robaron 15.295 millones de las regalías, que deberían destinarse al bienestar de niños pobres. A Caprecom se lo robaron 5 veces; su última directora, Luisa Fernanda Tovar, hizo irregulares contratos con cooperativas, por 496.336 millones de pesos.

En el mapa de la corrupción está también Coomeva, Eps en la que 146.900 millones se embolataron en supuestas compras de propiedades. Y, por supuesto, la extinta Saludcoop, aCarlos Palacino como cabecilla, la Contraloría sancionó con devolver 1,7 billones de pesos. Esa misma Eps pagó 6 mil millones de pesos en bonificaciones a sus directivos, con destino a lujosas propiedades. Ahora Palacino vive tranquilamente en Miami.

Del 2002 se recordará a Guillermo Fino Serrano, director del Instituto de Seguros Sociales, ISS. Le exigió una comisión del 10 por ciento a la firma Fresenius Medical Care Colombia S.A., por adjudicarle un contrato por 40 mil millones de pesos. Los desfalcos promovidos por las EPS, llegan al monto de 4 billones de pesos en los últimos años. Ver Espectador.com.

Y un último y desalentador dato de salud: 11 de los 22 hospitales de Bogotá están en quiebra. Eso, sin hablar de los del Chocó y la Guajira.

Pero si por la salud llueve, por otros sectores la corrupción no escampa. Reficar, construyó una refinería en Cartagena que tuvo sobrecostos de 1,6 billones de pesos. De la Central Hidroeléctrica El Guavio, en 1998, se robaron 4.053 millones —su gerente, Fabio Puyo Vasco, se refugió en España, y la condena prescribió—. En Enerpereira el monto de pérdida subió a 104.700 millones. Y también está el caso Dragacol, de hace 17 años, que representó 13.450 millones de pesos en corrupción por tráfico de influencias. Pago que no correspondía a la realidad entre el Ministerio de Transporte y Reginaldo Bray.

En la Dirección Nacional de Estupefacientes se embolsillaron 700 mil millones en 2014. De la Dian, 300 mil millones en devoluciones del IVA. De Cajanal, hace 10 años, se robaron 500 mil millones. De Interbolsa 340 mil millones. Agro Ingreso Seguro representó un desangre de 105 mil millones. Transmilenio, 156 mil millones.

Me faltaron los millonarios casos de la Policía, el Ejército, el Inpec, Invías, Inco, Ferrocarriles Nacionales, Colpuertos… ¡Ahh!, y las varias decenas de alcaldes y gobernadores investigados. El 98 % de esos casos que he denunciado quedaron en la impunidad. Pregunto: ¿cuántos de los ingresos que generará esta nueva reforma triburaria van a alimentar a su propio Frankenstein de la corrupción, o al moderno Prometeo, que nos habla la escritora inglesaMary Shelley. El Colombiano.