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¿Y después qué?

29 de septiembre de 2016
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
29 de septiembre de 2016

Hernando Arango Monedero

hernando arangoDespués del acto que realizó el presidente Santos el 26 de septiembre, cabe preguntarse: Y DESPUÉS QUE?. En efecto: ¿Después que? Lo cierto es que hasta hoy todo ha sido convenido como publicidad para que los colombianos votemos Sí en próximo 2 de octubre, olvidando que los procesos que en adelante sobrevienen tienen una importancia vital para todos.

En un primer lugar, para nadie es un secreto que el presidente Santos tiene una favorabilidad bastante baja y que, aún en las etapas en las que ha conseguido “éxitos”, como fue la firma en la Habana, esa favorabilidad lo “catapultó” unos puntos arriba rondando el treinta y pico por ciento de aceptación. Después de ayer, seguramente logrará volver a los cuarenta y tantos por ciento de favorabilidad. No obstante los “éxitos” que ahora dice obtener, los colombianos mantenemos una cierta desconfianza a cerca de él. No hay duda, los más de los colombianos lo tenemos, aunque suene duro, por mentiroso o por tramposo, empezando por la forma en la que manejó las cosas para que Uribe lo dejara como su sucesor en la política de Estado que había trazado en su gobierno, al seguridad Democrática. Ni los seguidores de Uribe, ni sus contradictores, dejan de reconocer que Santos se agazapó y logró obtener la confianza de su jefe y mediante esa treta se alzó con el poder. Ya en el poder, cortó sus nexos con Uribe y se lanzó a hacer su propia aventura. Y aquí vamos.

Personalmente no le critico a Santos que quiera desarrollar su propio programa de gobierno como bien lo quiera. Es su derecho. No obstante, sí critico la forma como viene manejando a unos y a otros para conseguir sus objetivos y, como no faltan ciertos personajes que usan los mismos procedimientos para llegar al poder, pues se le pegan al de hoy para alcanzar lo que puedan mañana. Algunos dirán que es la política, pero olvidan que la política también se hace con la verdad, sin esguinces y con claridades.
Ahora, luego de que la propaganda del gobierno ha llegado a los extremos, bañados en argumentos ciertos y falsos, los colombianos merecemos saber la verdad y los alcances de lo que ahora pactan el gobierno y los narcoguerrilleros. Verdad sobre los costos que demandarán las acciones de los programas que los dirigentes hasta hoy no han visto y abocado en relación con el campo y quienes en él laboran. El costo que demandará una justicia transicional que no es cosa diferente al reconocimiento de que la Justicia institucional no opera y es de desconfiar. El costo del sin número de comités y organizaciones que se crean y que deberán ser consultados para cuanta ejecución deba hacerse. El costo real de la reinserción de quienes están ahora desmovilizándose, no tanto por el salario y las bonificaciones que se les concederán, cosa que no es una cifra de asustarse, más sí es de asustarse cómo podemos hacer para que esa reinserción sea exitosa y quienes llegan a la vida legal no tengan que pasar a integrar bandas criminales. Cuál será el costo de la erradicación de los cultivos ilícitos y lo que en materia de subsidios, asistencia técnica, financiación y acompañamiento hay que darle a estos campesinos que dejan esas siembras en sus parcelas, y hay que agregar a esto los recursos para atender a los que ahora regresarán al campo, tal y como se anuncia.

Y conste que no me estoy parando en otras cosas, como serían los temas de justicia transicional, los que dejo para que sea la Corte Penal Internacional la que evalúe si las penas corresponden proporcionalmente a los delitos de Lesa Humanidad.

Me parece que dentro de lo acordado, vienen también unos compromisos de consulta con las comunidades sobre diversos asuntos, asuntos que, al igual que hoy complican, y a veces impiden, desarrollos de beneficio general y se prestan para pedidos desproporcionados de parte de los dirigentes de esas áreas y hasta para corrupción descarada. El ejemplo lo tenemos con los oleoductos, las carreteras, las líneas de transmisión energética, las centrales eléctricas, las represas y otras obras de desarrollo. Esos compromisos, harán ingobernable al país en unos días, más temprano que tarde. Desde luego, esa será la herencia de Juan Manuel a los gobernantes del futuro y también para nosotros y nuestros hijos y nietos. Finalmente, Colombia acabará necesariamente gobernada por totalitarismos, como el de China, que logró desplazar unos 300 millones de habitantes para hacer la mega obra de la represa de Las Tres Gargantas, en la que el lago que forma la represa se adentra en el territorio cerca de 600 kilómetros. Ilusos seríamos al intentar una obra infinitamente inferior en Colombia con las concertaciones que hoy nos obligan y las que mañana tendremos en lo acordado. Ya lo hemos visto con los AWA, y también con la construcción de la Vía del Sol, y el problema de hoy, se multiplicará mañana, pues habrá “madre tierra”, terrenos ancestrales y mil cosas más, aparte de los ecológicos a extremas.
¡Ya veremos!!

Manizales, septiembre 29 de 2016.