17 de mayo de 2021
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Que Alicia siga metida en el espejo

12 de septiembre de 2016
Por Óscar Tulio Lizcano
Por Óscar Tulio Lizcano
12 de septiembre de 2016

Óscar Tulio Lizcano

Oscar Tulio Lizcano“Hace 130 años, después de visitar el País de las Maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana”. Así expuso el uruguayo Eduardo Galeano una cruel realidad en su libro Patas arriba: la escuela del mundo al revés.

Basta mirar por la ventana para encontrarnos cara a cara con realidades abrumadoras. Una de esas es la de la indigencia, esa de seres con “pantalones rotos y zapatos deshojados”, como describió el mismo Galeano. Es un cuadro triste el que vemos día a día, especialmente de ancianos desolados; limosneros de los que incluso las iglesias se protegen con infranqueables rejas.

Lo más triste es que hay quienes defienden la “limpieza social” para terminar de una vez con las problemáticas asociadas a las personas en condición de habitantes de calle. Sin embargo, de fondo la existencia de estos es un signo inequívoco del fracaso de las políticas públicas. Avanzó tanto la desatención a esa problemática que hoy es incontrolable, pues no solo se trata de marginación social, sino además de un complejo entramado de prostitución, consumo y venta de drogas.

La sociedad tiene una gran responsabilidad. La indigencia no es nueva, pero en nuestro país -y especialmente en Medellín- ha adquirido condición de estilo de vida, dado que quienes están en ella se niegan a reinstalarse en la sociedad, a tener una familia, trabajo, salud y bienestar. Y estamos saturados de soluciones que dan los gobernantes en cada ciudad.

Enorme es el lío en el que se metió con el Bronx el alcalde de Bogotá, Enrique Peñaloza; esa asombrosa zona de indigencia a pocas cuadras de la Alcaldía Mayor de Bogotá y del Palacio de Nariño; un paraíso jugoso y productivo de drogas cuya fachada y medio eran los indigentes. “Ausencia del Estado”, explican de manera obvia los llamados expertos. Que el Estado debe ocupar los espacios perdidos, también insisten, como parte de un análisis pobre que no se esfuerza en profundizar las causas reales. Se quedan observando detrás del espejo de Alicia.

Algunos alcaldes han optado por tratar a los habitantes de calle como si fuesen “ganado”; ocultarlos mientras pasan grandes eventos de ciudad. En Medellín, particularmente, ha sido esa una constante. Un día los indigentes están en su lugar habitual y al siguiente desaparecen. Terminado el evento, retornan a su sitio.

En Cartagena ha pasado algo semejante y, seguramente, pasará para la firma del acuerdo de paz, con la llegada de Timonchenko y los presidentes del mundo. En Pereira también ha corrido el cuento de camiones que llegan y de los cuales desembarcan indigentes; incluso hay quienes sostienen que se trata de un ‘recado’ de Peñaloza, pues está “encartado” con tantos indigentes en Bogotá.

Si Alicia volviera —como expresó Galeano—, se encontraría con ese atroz mercado humano. Mejor que no lo haga, que siga metida en el espejo. El Colombiano.