16 de mayo de 2021
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Orlando Cadavid Correa
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CAFICULTURA, AVANZA RAUDA

19 de septiembre de 2016

Durante los últimos años la situación de la caficultura colombiana ha mejorado sustancialmente frente a la que se vivió entre finales de la década pasada y comienzos de la presente y la que representó una verdadera crisis para el emblemático cultivo.

Atrás quedaron los años en que el área sembrada se contrajo, la productividad se redujo y los ingresos provenientes de la venta de café difícilmente daban para pagar los costos de producción. Esto afectó el empleo y la actividad económica de las regiones donde se cultiva el grano.

Al tiempo que la crisis se agudizaba, la Federación Nacional de Cafeteros, con el apoyo del Gobierno, inició el programa de renovación de cultivos con el cual se reemplazaron los árboles viejos por nuevas variedades más precoces y productivas.

Hoy en día el sector cafetero muestra otra cara y el cultivo no solo representa una actividad rentable, generadora de empleo y multiplicadora de prosperidad, sino que viene jalonando el crecimiento de la agricultura y liderando las exportaciones agrícolas.

Los avances de la caficultura se expresan, entre otras cosas, en una expansión del área sembrada. Así, mientras entre 2002 y 2008 dicha área fluctuó alrededor de 875.000 hectáreas, a partir de 2010 viene incrementándose progresivamente al punto que al momento se tienen cerca de 950.000 hectáreas sembradas.

Simultáneamente con el aumento de la superficie fueron entrando a producción las áreas renovadas con lo que la cosecha total cafetera pasó, de niveles alrededor de los 7.5 millones de sacos a principios de la presente década, a casi duplicarse en 2015 cuando se alcanzaron los 14 millones de sacos.

La recuperación de la producción cafetera permitió, a su vez, que las exportaciones del grano retomaran los niveles del pasado. De esta forma, mientras en 2012 se despacharon hacia los mercados externos 7.2 millones de sacos, en 2015 se colocaron 12.7 millones.

A principios de la presente década, la cotización externa del café registró precios de hasta 3,0 dólares la libra, auge que, a cuenta de la revaluación del peso y la crisis de producción, no ayudó mayormente a mejorar el balance económico de los caficultores.

Fueron los generosos y abultados apoyos del Gobierno Nacional y las subvenciones que se entregaron las que ayudaron a solventar la situación.

Aunque en los años siguientes el precio externo retornó a niveles alrededor de 1,25 de dólar la libra, fue la fuerte devaluación del peso la que permitió que el precio interno de compra se ubicara, especialmente a partir de 2014, en niveles muy por encima del costo de producción.

De esta forma, la caficultura se apresta a terminar el año 2016 con una producción estimada de entre 14.5 y 15 millones de sacos, con cotizaciones externas alrededor de los 1,60 de dólar y con un precio de compra interna que, el pasado viernes, fue de 825.000 pesos la carga.

La buena situación por la que atraviesa el cultivo no está exenta de retos. Entre ellos figura el aumento del costo de la mano de obra y de los insumos importados. De otra parte, existe la imperiosa necesidad de incrementar la productividad como medio para hacer sostenible la actividad.

Cabe esperar que, con la indiscutible mejora del negocio cafetero, se fortalezca la capacidad productiva y competitiva del sector de tal forma que este continúe siendo fuente de progreso y prosperidad en las zonas rurales.

EDITORIAL/EL COLOMBIANO