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Buscando el muerto río arriba

23 de septiembre de 2016
Por Víctor Zuluaga Gómez
Por Víctor Zuluaga Gómez
23 de septiembre de 2016

Víctor Zuluaga Gómez

victor zuluagaPensemos por un momento que llega un paciente a un centro hospitalario para ser sometido a una operación delicada. El médico que lo interviene hace su trabajo sin mayor dificultad, pero finalmente le dejan al paciente unos cuerpos extraños en su vientre y a los pocos días muere el paciente.

Cuando llega el momento de establecer responsabilidades, toda la culpa recae sobre el paciente y se exime de ella al médico y su equipo de trabajo.

Diríamos que todo ello es absurdo, ilógico e imposible que ocurra en el sector salud. Pero en otro nivel, es lo que podríamos decir que ha ocurrido con la Superintendencia de Salud que amenaza a los Hospitales y en general a todas las IPS que se nieguen a atender a los pacientes de ciertas EPS que se encuentran endeudadas en cifras descomunales.

Es decir, la culpa no la tienen las EPS ni se les conmina para ponerse al día con las IPS sino que son estas últimas las que tienen que pagar los platos rotos de un sistema que desde hace mucho tiempo se encuentra en cuidados intensivos y ha demostrado hasta la saciedad que no funciona.

Bueno sería que la ciudadanía se enterara sobre los hallazgos que se han hecho dentro del proceso de liquidación de Saludcoop y la responsabilidad que en la quiebra tuvo el señor Palacino, el mismo que el Exfiscal Montealegre no quiso tocar porque se lucró con jugosos contratos de la antigua EPS. Bueno sería que se informara a los usuarios sobre los contratos suscritos entre Cafesalud y el hermano del señor Vargas Lleras. Porque no son precisamente los médicos ni el personal paramédico los que tienen en ruina a las EPS sino contratistas de cuello blanco que se apropian de enormes recursos, al estilo de la señora Tocarruncho.

El calor no está en las sábanas ni los muertos se buscan río arriba. La corrupción está generando en el sector de la salud, muchos más muertos de los que se producen en una confrontación bélica, para vergüenza de todos los colombianos. Y no es una corrupción que ronda por el sector oficial sino que se mueve entre lo público y lo privado con gran agilidad. Y frente a este fenómeno, lo peor que podemos hacer es marginarnos de la actividad política con el pretexto de que la política está en grave estado de descomposición. Quienes lo están son los politiqueros y es hora de decir: ¡Basta!. Porque quienes venden su voto por un pan, lo que hacen es autorizar a los compradores para saquear el erario.