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 Agro: motor de desarrollo para el postconflicto

Abogado, analista y columnista de opinión en El Espectador, Revista Semana y Eje 21.
15 de septiembre de 2016
Por Uriel Ortíz Soto
Por Uriel Ortíz Soto
Abogado, analista y columnista de opinión en El Espectador, Revista Semana y Eje 21.
15 de septiembre de 2016

Comunidad y Desarrollo

uriel ortiz

Lo primero que debe hacer el gobierno, a través del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, una vez implementado el proceso de paz, es diseñar el programa: Regreso del Campesino al Campo.

Las ciudades y demás centros urbanos se encuentran atiborrados de campesinos, que tuvieron que emigrar de sus parcelas por causas de  violencia guerrillera, paramilitar, bacrim, u otros factores de inseguridad, pero, además por falta de garantías, que les permita desarrollar sus actividades agropecuarias, en forma por lo menos compensatoria.

Sin llamarnos a engaños, este debe ser el verdadero programa postconflicto, puesto que también, parte de la fuerza guerrillera tanto de las Farc, como del ELN, bacrim y paramilitarismo, se debe al abandono en que el Estado ha tenido a nuestros campesinos, que cuando sus predios son embargados por los organismos de crédito, o son víctimas de la usura, muchas veces por préstamos de menor cuantía, o sus cosechas perdidas como consecuencia de los cambios climáticos, además de la inseguridad y falta de canales de comercialización para sus productos, no encuentran otra alternativa cual es la de empuñar las armas contra el Estado, puesto que en lugar de ayudarlos a salir del lodazal, les hace la vida imposible junto con sus familias, muchas veces con menores de edad, varios de ellos recién nacidos, que aún sin entender su propia existencia, ya están sufriendo los rigores, las argucias e injusticias de su Estado de Derecho, por el cual tendrán que luchar un día, muchas veces contra su propia voluntad.

Son miles los campesinos que tuvieron que ingresar con sus familias a las áreas urbanas, puesto que no encontraron respuesta alguna a sus más angustiosas dificultades, debemos ser conscientes que la permanencia del pequeño y mediano productor en las áreas rurales de toda la vida, se ha convertido casi que en una proeza: sin una vivienda digna, sin servicios públicos y sin vías de comunicación para sacar sus productos al mercado, soportando inseguridad, hambre y miseria.

La salud, educación y alimentación de las familias campesinas de escasos recursos, ha sido tan precaria, que si hacemos un balance de todas estas situaciones, estoy absolutamente seguro que se entrará a pisar lo que es la violación de los más elementales derechos humanos, y no son pocos los casos de muerte de niños y adultos por desnutrición, especialmente en los departamentos del: Chocó, la Guajira y en general de la Costa Pacífica.

Se dirá que este programa ya está en funcionamiento, puesto que se aplica para la población desplazada, lo que es cierto, pero a medias, puesto que existe otro tipo de desplazamiento y es el del pequeño y mediano productor, que un día lo tuvieron que abandonarlo todo, por problemas de  improductividad y de hambre, miseria, e inseguridad, que aunque no fue por factores de violencia, los abandonaron, porque, sus predios ya no les eran rentables bajo ningún punto de vista, debido a los altos costos de los insumos, al acoso de los bancos, falta de valor agregado para sus productos y canales de comercialización para los mismos.

La propuesta de desarrollo rural integrado, puesta a consideración por el suscrito, meses atrás, por esta misma columna, debe ser reconsiderada en su originalidad, puesto que allí están contemplados todos los deberes, derechos y obligaciones de  pequeños y medianos productores frente al Estado y de este para con ellos.

Dijimos en su oportunidad, que se debe levantar un censo de quienes son realmente campesinos en Colombia, puesto que muchas veces resultan beneficiándose personas que no lo son, se hacen figurar simplemente para usufructuar los beneficios que otorga el Gobierno para quienes son los promotores del desarrollo rural, dineros que finalmente se pierden, algo muy parecido a: Agro, Ingreso, Seguro.

Considero que ha llegado la hora de la verdad para poner a prueba el sector agropecuario, que como lo hemos dicho varias veces, la perdurabilidad de la paz dependerá de los proyectos productivos que logren implementarse, tanto para la población desplazada como reinsertada.

Debemos aceptar que existen inmensas posibilidades para sacar adelante cualquier proyecto productivo, dado que dentro de la población desplazada y reinsertada, existe un recurso humano lo suficientemente valioso, puesto que en su gran mayoría son de origen campesino, a quienes hay que luchar por todos los medios de regresarlos a sus parcelas, puesto que desviarlos de su hábitat y conocimientos, sería un grave error.

Sin ser folclóricos, debemos entender que los proyectos postconflicto, los cuales van a ser financiados en parte por los gobiernos extranjeros, lo hacen con el fin de adquirir un beneficio de retribución, es decir, para que los productos les sean vendidos, desde luego, que a precios de mercado internacional, los cuales deben tener cadena productiva, que contengan los nueva eslabones, con el fin de dar paso a las alianzas estratégicas, esto con el fin de garantizar: mano de obra calificada, control de calidad, periodicidad del suministro y lo más importante, que cuenten con los valores agregados, con el fin de que sean susceptibles de tramitar los permisos sanitarios y fitosanitarios correspondientes.

Considero que llegó la hora para aplicar el principio de que el Estado, debe responder por lo que el campesino produzca, y para esto, qué mejor que generar para cada caso en particular las cooperativas agroindustriales, las cuales podrán estar integradas por varias asociaciones de diferentes productos, con el fin de que sea a través de ellas, se les dé el valor agregado y se busquen los canales de comercialización en los mercados internos y externos.

En los tiempos de la etapa postconflicto, se debe buscar por todos los medios, los mecanismos infraestructurales, para hacer que el campesino, una vez regrese a su parcela, o se vincule con un proyecto productivo, se identifique plenamente con él, para esto, el Estado debe por todos los medios, procurarles una vida tranquila, junto con su familia que gocen de: una vivienda digna, con todos los servicios básicos, alimentación, salud, educación, sobre todo, se le proporciones seguridad social para que en los tiempos de su vejez puedan disfrutar de una vida tranquila.

Considero que lo anteriormente expuesto, es lo elemental para el regreso del campesino al campo y no es mucho pedir, puesto que todos los presupuestos sociales, económicos y políticos están dados y con el señor Ministro de Agricultura a la cabeza se logrará tal objetivo, es muy oportuno el reciente lanzamiento de: Colombia siembra paz, y no olvidemos que la paz vendrá del campo.

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