15 de mayo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Acuerdo de paz

14 de septiembre de 2016
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
14 de septiembre de 2016

Hernando Arango Monedero

hernando arangoAún no termino de leer el Acuerdo de Paz. Y no lo termino de leer, porque a cada renglón encuentro algo que es necesario evaluar, y evaluar por lo que de ese renglón se deriva como compromiso que debemos cumplir nosotros, entendiendo por nosotros el Estado, quien al final de cuentas tendrá la obligación desde el punto de vista operativo y pecuniario, obligación que nos deferirá a nosotros, los paga impuestos.

Y es que por todas partes saltan obligaciones: Las unas para darle oxígeno al nuevo movimiento político que nace; Las otras para el establecimiento de una comisión, sea ella el Tribunal de Justicia Transicional; O las que han de soportar investigaciones o recibir versiones o verificar situaciones tendientes a acusar o exonerar a quienes se vean involucrados en los crímenes, por acción, omisión o simple apoyo; O la comisión que ha de vigilar que se lleven a feliz término los programas de desarrollo agrícola; O la que ha de establecer la propiedad de las tierras que han pasado de unos a otros con el aval de la palabra del campesino que se largó para la ciudad ante las amenazas o en busca de un mejor vivir, atraído por los espejos de la civilización que le auguraban maravillas, maravillas que son las responsables del éxodo que en el mundo se viene dando con la urbanización desmedida producto de la migración a las urbes; O Juntas o comités de zonas campesinas que esperan los recursos que en el Acuerdo se pactan para darle vía al nuevo campo que exige asistencia técnica, préstamos blandos y hasta condonables, semillas y demás insumos que se requieren para lo que se establece en las 297 páginas; O las indemnizaciones por expropiación de tierras; O el personal que se requerirá para actualizar el Catastro, de tal manera que se puedan definir las áreas que en total den por resultado los 10 millones de hectáreas que albergarán los planes campesinos. Agregar a esto los recursos de que hay que disponer para la erradicación de cultivos ilícitos, bien sea de forma voluntaria, en donde hay que dar créditos, subsidios y apoyo tecnológico a los campesinos ayer incitados a sembrar por la razón o por la fuerza de los mismos que, ahora, fungirán de erradicadores; erradicadores que tendrán que tener salario, cuyo costo se agregará a lo que ya no alcanzamos a cuantificar.

Y ni qué decir de otras obligaciones que se escapan, pero que son tanto o más importantes que las que en el Acuerdo se crean; se establecen; se ponen como tarea a cumplir, tal y como son las vías y la educación y la salud en esas 10 millones de hectáreas. Salud y educación que tienen que ser el motor de todo desarrollo y de donde nace la generación de bienestar y riqueza, como está demostrado que se ha dado en muchos países que aplicando la fórmula de salud más educación han logrado solucionar, por añadidura, todo lo que para el hombre es necesario. Claro, aquí eso está en un segundo plano, dado que, unos buscan crear obligaciones imposibles de cumplir, para que, en procura de cumplirlas, el obligado tenga que crear impuestos que perturben a los ciudadanos, impuestos que generen malestar y, luego, sobre ese malestar, construir el nuevo y redentor régimen que ya han implantado en otros pueblos, a los que someten, simple y llanamente, mientras los empobrecen. Allí está el vecino como muestra, en donde, al subir solamente la gasolina, el malestar general creyó encontrar solución en alguien que ofreció dar y dar y dar. Finalmente no hubo más para dar y llegó la hecatombe. Bueno, iniciamos el camino y las condiciones para alcanzar las metas están servidas. Cumple el Estado o cumple. Para cumplir, estrangula a los ciudadanos y todos a una nos querremos liberar. Allí aparece el redentor, el que dará, dará y dará. La historia se repetirá.

Y, si el postconflicto tiene dinero de la comunidad internacional, esas serán gotas que llegan a un mar de necesidades. Luego, es cuestión de tiempo.

¿Ya sabe el Gobierno cuánto vale el proceso en cada vigencia?

Manizales, septiembre 14 de 2016.