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¡Si a la paz, no a la guerra! 

17 de agosto de 2016
Por mario arias
Por mario arias
17 de agosto de 2016

Por: mario arias gómez

Mario Arias julio 26 de 016

Coincidente con el Papa, con la generalidad de los gobiernos del mundo, ONGs e instituciones multilaterales, el presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores de la UE expresó su apoyo al proceso de  paz: “La UE va a emplear mucho dinero para educación, entrenamiento profesional, infraestructura. Los fondos que emplearán se acercan a los 580 millones de euros”. Frente al plebiscito afirmó: “Siempre va a existir gente que insistirá en que digan que NO porque se puede conseguir un mejor acuerdo, pero eso no pasa. Si este proceso falla se necesitarían más años y habría un impacto negativo”. Reflexión que como al “entusado” -pesadilla de amor que mata- no hay disco que le sirva.

El Presidente se comprometió -en un excesivo y magnánimo gesto democrático- a consultar al soberano sobre tan crucial y decisivo tema, el de la paz, sin tener la obligación legal de hacerlo, confiado por sobre todo en la sensatez de la gente de bien, de su apoyo, contrario a los que piensan que no deja de tener su riesgo, pues saben de lo que son capaces los sañudos e irreconciliables uribistas que no cejan en su empeño de prolongar la guerra. Caja de Pandora -que originalmente era una tinaja ovalada- de la que aquellos esperan y anhelan se destape para que “escapen de su interior todos los males”.

Es claro que la voz del pueblo no debe utilizarse como trinchera para zanjar desencuentros, diferencias, cobrar cuentas, disfrazadas como asuntos de interés nacional, máxime si no se hace por mandato constitucional. Al Presidente le basta con echar mano de las facultades que le otorga la Carta Magna y la Ley 418/1997. Recuerdo lo ocurrido en el Reino Unido con el ‘brexit’, en que el Primer Ministro para dirimir una disputa interna de su partido, apeló al “soberano” para decidir un asunto de extraordinaria trascendencia, como lo era definir el retiro o  permanencia de la Comunidad Europea. Consulta juzgada de irresponsable.

Eso de pedirle al pueblo que decida un asunto de tanto peso, cuando se presume que no está capacitado para su comprensión, ni para prever el impacto social o económico, sin estar -reitero- obligado, es arriesgado, rubricada de imprudente, lo que equivale a lavarse públicamente las manos o, lo que es peor, a no asumir la responsabilidad respectiva. Indudable muestra de debilidad y no, como algunos presumen, de solidez republicana, en especial cuando media el empeño de los tornadizos, agrestes, desafiantes y ofensivos expresidentes, atareados en boicotear a como dé lugar la paz, mediante malévola desinformación, perversas conjeturas y maliciosas inferencias -a todas luces infundadas- que en el subfondo conllevan antipatía, inquina y resentimiento contra el Gobierno, cuyo afán no es otro que apagar el incendio de la violencia, sofocar el sufrimiento de tantas viudas, evitar nuevas masacres y genocidios y por ende más víctimas inocentes, más lisiados, más huérfanos, extinguir las crecientes extorsiones y expolios dejados por 60 años de enfrentamientos entre hijos de la misma madre patria, con sus insoslayables: atraso, malestar, ruina, empobrecimiento.

Olvida el expresidente Uribe que fue elegido bajo la promesa de acabar con la guerrilla, fortalecida durante el mandato del frívolo, inexperto, inepto y superficial Pastrana, que decretó el impensado despeje del Caguán. Uribe al no lograrla, requirió reformar el “articulito” que le permitiera la reelección en el 2006 para consumar la palabra incumplida. Calvario que los frustrados exmandatarios intentaron remediar sin éxito. Uribe buscó una tercera reelección con el mismo fallido cuento, carrusel que paró la Corte al declarar inexequible el acto legislativo por el cual el Chávez nuestro quiso eternizarse. Santos fue reelegido sin rodeos en el 2014, para hacer la Paz, que es lo que hace sin arredrase. La acritud de su impostor la suscita el que después de haber sido su gran elector en el 2010, pensó que elegía a su mandadero -faltaba más-. La irritación con el “traidor” obedece a que debió liberarse para sacar su agenda de gobierno.

Como corolario, el país ha tenido seis años de perseverantes, baldías e injustas críticas, de caprichosos, fantaseados y mediáticos infundios propalados por del siete-machos en el Congreso, provincia, mundo y redes sociales en contra de las negociaciones de La Habana. Sin mirarse Uribe en el espejo, habla de “la corrupción del régimen”, crítica avivada por los robotizados peones que lideran el NO al plebiscito, bajo el recóndito y vengativo anhelo de derrotar la principal apuesta política de Santos, a quien le corresponde -como respuesta- efectuar una campaña -más que política formativa y pedagógica- que aclare, desvirtúe, explique y contrarreste los embustes -en particular a los indecisos- contra los acuerdos por quienes buscan deslegitimarlo. Decía C. Delavigne: “Cuanto menos creíble parece una calumnia más perdura en la mente de los necios”.

“San Uribe” critica el que el Congreso haya delegado en Santos su capacidad legislativa, “quien usará esa facultad para ahondar más la relación de subalternidad del Gobierno con las “Far”, lo más parecido a un vergonzoso y punible ayuntamiento político”. Reprocha la Jurisdicción Especial que le permite a la “Far”, “gozar de impunidad y garantía de sus derechos políticos”, luego de haber cometido crímenes de lesa humanidad. Protesta airado por la eventual llegada de militares cubanos, aduce que “Colombia se va a ‘venezolanizar”. Afirma que “El Presidente pactó el cese bilateral del fuego, paralizando la acción de la Fuerza Pública, mientras las “Far” obtienen ingresos fabulosos por el comercio ilegal de drogas, por la explotación minera y extorsión”. Sostiene que el NO permitirá renegociar lo acordado a sabiendas de su falsedad y la azarosa incertidumbre que causaría su triunfo. Y qué decir del farragoso galimatías inventado por el pastorcito de marras. Dice: “Votar por el NO es defender la paz”  “aprobar el plebiscito equivale a aceptar la impunidad total”. Mamola.

Uribe recrimina el que la cúpula no pague pena efectiva de cárcel y se conceda elegibilidad política, cuando lo que lo inquieta, no es que la saquen fácil, sino que le salga muy cara a sus pares, en razón a que la Jurisdicción Especial que podrá acoger a los militares condenados por crímenes conexos al conflicto, cuando la consigna de su gobierno era que contra el terrorismo todo valía, lo que abre la posibilidad que estos prendan el ventilador contra los aliados de siempre, los que podrán ser citados a responder en juicio. Ese el quid de la ira y esencia del afán por el NO. Predecible efecto dominó de inimaginables consecuencias.

Y respecto a la gárrula e incoherente jerigonza del bochornoso, desatinado, burdo y presumido figurín de “Pastranita”, que urdió el absurdo  y descabellado adefesio o dislate, que Santos fragua “un golpe de Estado contra el orden constitucional”, no merece -ni siquiera- que se rebata. Bogotá, agosto 17 de 2016