9 de mayo de 2021
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¿Para dónde vamos?

28 de agosto de 2016
Por Clara Inés Chaves Romero
Por Clara Inés Chaves Romero
28 de agosto de 2016

Por: Clara Inés Chaves R. (*)

Clara Inés ChavesEn días pasados las calles de muchas de las importantes ciudades del país se llenaron de manifestantes que protestaron contra el supuesto interés del Ministerio de educación de querer imponer “la ideología de género” en la educación de los niños.

Lo cierto es que en torno al tema existen muchas inconsistencias que nos llevan a recordar hechos acaecidos en el pasado cuando el entonces presidente Ernesto Samper, ante el escándalo sobre posibles infiltraciones de dineros de narcotráfico en su campaña presidencial, dijo la célebre frase “todo se hizo a mis espaldas”.

Hoy la Sra. Ministra de Educación dice que no conoció la cartilla que es objeto de polémica y escándalo por contener frases como “no se nace siendo niña o niño” y en donde se sugería a las instituciones excluir de sus manuales de convivencia los conceptos de “moral y buenas costumbres”, como se señala en el artículo de la revista Semana titulado “La encrucijada de Gina”.

Lo que el común de la gente se pregunta es cómo una Ministra que debería controlar y saber lo que sucede en su ministerio, no tiene control de ello, más aún si la cartilla lleva el logo de su ministerio, y como si fuera poco ella misma se contradice, y tilda al Procurador General de la Nación de mentiroso negando la existencia de la cartilla, ante la queja que este último le hace sobre el particular, para después describir a este cuadernillo como “borrador”.

A lo anteriormente descrito en el párrafo preliminar, cabe la siguiente pregunta ¿cómo se puede llamar “borrador” a una cartilla’: que fue publicada, ‘según el artículo de la revista Semana antes mencionado, que tuvo un costo de 1.586 millones, y en cuya realización participaron entidades como Unicef, Naciones Unidas, Colombia Diversa, ‘Unfpa y el mismo Ministerio de Educación cuyo aporte económico fue de 900 millones’  Por lo tanto, queda sin consistencia el argumento de la Sra. Ministra, que, de ser cierto, el problema sería peor, pues ante la situación económica que vive el país, ¿cómo es que un ministerio tira por la ventana 900 millones de pesos solo por un borrador de una cartilla?

La polarización que vive el país nos hace perder la cordura que se debe tener, ya que ante semejante escándalo generado por la promulgación de la cartilla, se culpabiliza a los detractores del gobierno y en especial al senador Álvaro Uribe, lo cual raya en lo absurdo, en lugar de asumirse la propia responsabilidad que se tiene, ya que sería lo más honesto y elegante ante la bochornosa situación.

Lo alarmante es que no nos damos cuenta del daño que producen los antivalores en el mundo entero, pues la falta de valores, de moral y de buenas costumbres es lo que hace que el respeto, la solidaridad, la caridad, la tolerancia, la paz y la legalidad hayan pasado a un segundo plano.

Pero como si fuera poco, nos volvemos maniqueístas en el tema, porque el defender algunos sus principios religiosos, su moral y el libre derecho de educar a sus hijos con base a las buenas costumbres, a los principios religiosos, y a la ética se torna ofensivo, irrespetuoso y excluyente para la comunidad LGBTI pero ¿algunas de las actitudes de esta comunidad no son entonces ofensivas, irrespetuosas y excluyentes para con los otros? ¿Es que unos pocos deben imponer a la mayoría sus puntos de vista y sus costumbres? Es mejor ser tolerantes y como dirían las abuelas en el adagio popular “que nadie se meta en el rancho del otro”.

Es lógico que los padres se preocupen por la educación de sus hijos ya que les atañe su derecho, y que sean ellos los que decidan la clase de educación que quieren para sus hijos, lo cual se debe de respetar.

Lamentablemente olvidamos que lo primordial en una democracia es la voluntad de la mayoría del pueblo, junto a la libertad, pero no se debe confundir con la plutocracia, el libertinaje y la falta de disciplina que es lo que ocurre hoy en día en algunos aspectos no solamente en Colombia sino en el mundo, con lo cual se degenera la democracia.

Pareciera ser que lo “in” son los antivalores y no los valores que nos enseñaron con la urbanidad de Carreño, o en la clase de religión en el colegio, por eso vivimos en la violencia, en la cultura de la ilegalidad, en la indisciplina y en la falta de autoridad, es decir, al parecer estamos regresando al estado de Tomas Hobbes, donde el hombre es lobo para el hombre, con lo cual el estado tiende a desaparecer y el más grande acaba con el chico.

Si acabamos con la célula del estado que es la familia, ¿entonces para dónde vamos? ¿Qué país queremos tener? Que no nos vengan a decir que lo blanco no es blanco sino pareciere ser gris.! ¡Qué desfachatez!

 

(*) Profesora universitaria y ex diplomática