27 de febrero de 2021
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Murió Danilo Chica Avendaño «Comino», el árbitro y calígrafo manizaleño

1 de agosto de 2016
1 de agosto de 2016

Por Orlando Cadavid Correa 

orlando cadavidA las 7 de la noche de este 31 de julio (un domingo de fútbol) murió sin molestar a nadie, en su casa del Barrio La Enea, el árbitro y calígrafo manizaleño Danilo Chica Avendaño, el popular “Comino”, cuando apenas le faltaban tres años para arribar a la centuria de su nacimiento.

Recientemente había arribado a los 97 años de edad, convertido en un admirable ejemplo de longevidad, Este caldense raizal supo combinar la caligrafía con el arbitraje y el alzatismo puro con el buen sentido del humor.

Apodado “Comino” desde los bancos de la Escuela Guingue por su corta estatura, profesores, alumnos, futbolistas, aficionados y público en general decían que era tan pequeño que no le cabía ni la menor duda.

Cuando mostró en la primaria su bella letra, sus mentores le vaticinaron un futuro venturoso en el que viviría de las letras, sin ser un Rafael Arango, un Silvio Villegas o un Luis Donoso. No sería telegrafista, como don Martiniano, su padre (que fue colega del progenitor del hijo más famoso de Aracataca) sino calígrafo y de los buenos. En centenares de apolillados diplomas manizaleños que todavía cuelgan de las paredes de las viejas casonas de muchos bachilleres egresados del Instituto Universitario de Caldas o del Colegio de Nuestra Señora se refleja la calidad de su excelso trabajo artístico, en sus cuatro estilos de letras preferidos: la bastardilla, la redondilla, la gótica y la inglesa. Sus pergaminos cuelgan todavía en las paredes de consultorios y domicilios de médicos del Manizales antañón.

DaniloChica
Danilo Chica

Cuando se puso a nueve de los  100 años de existencia, escribimos: Danilo tiene excelente memoria; admirable claridad mental; pulso firme y arrestos para visitar a sus sobrinos Diego, Leonor y Luz Victoria Ángel, radicados en Medellín. Habla sin parar de muchos pasajes de su vida; hace memoria de anécdotas bien sabrosas del pasado y se refiere en detalle al crecimiento paulatino de Manizales, su muy amada patria chica. Para cada cuento tiene la misma entrada: “Ponga cuidado”.

En tiempos duros, en los que escaseaban los diplomas para caligrafiar o partidos de fútbol para pitar, nuestro hombre se rebuscaba los auxilios de marcha, el aluminio o el vil metal en los oficios más disímiles.

El puesto de portero de la Casa de España (diagonal al Club Los Andes) le duró hasta una madrugada ferial en la que impidió el acceso, al club, del presidente de la junta directiva, don Arturo López, porque lo vio en compañía de una mujer de cuatro en conducta y le dijo que no lo dejaría entrar porque el ejemplar que traía no tenía ni la edad, ni el peso reglamentario.

Una mañana le tocó impartir justicia, como árbitro, de un partido supuestamente amistoso, en el que predominaron las tarjetas rojas por los intercambios de patadas, entre los equipos del Batallón Ayacucho y de la Policía Nacional, División Caldas, en el viejo estadio Fernando Londoño. Para ponerse a salvo de un linchamiento, el hijo de doña Josefa Avendaño dio el pitazo final del juego cuando tenía a seis metros el camerino de los árbitros y así logró salirse de semejante problema de desorden público.

Su poderoso primo hermano Gilberto Alzate Avendaño siempre le sirvió de palanca para sostenerlo en los puestos en el sector oficial. Cuando lo despedían, bastaba el telefonazo del influyente caudillo conservador para que se le restituyera el empleo. Si no obraba la mediación del Mariscal, se apelaba a otra institución y santo remedio.

Una vez debutaba un nuevo jefe en la Secretaría de Agricultura de Caldas (en la que Chica llevaba las estadísticas) y lo hizo comparecer a su oficina para preguntarle con perversas intenciones burocráticas: “¿Danilo, usted de qué filiación política es?” y el muy marrullero le respondió: “Ah, no… Diga usted primero cuál es la suya”.

Una vez promulgada la Carta Magna en el gobierno del presidente César Gaviria, en 1991, no se sabe si para su bien o para su mal, hipotecó su casa para financiar esta intrincada tarea: Se gastó 15 meses en su domicilio de la Ciudadela La Enea rotulando pacientemente, a puro pulso, en 250 páginas de 35 por 25, de puro pergamino, la Constitución Política de Colombia, obra de lujo, digna de un Guinnes, que adquirió ulteriormente por tres millones de pesos y conserva en su biblioteca el ex notario Wesner Molina Usma. Algo salvó de la cuantiosa inversión.

La apostilla: Recién posesionado un nuevo Contralor general del departamento de Caldas, lo mandó a llamar a su despacho y le preguntó: “¿Hombre, Danilo, usted es capaz de llevarme unos libros de contabilidad?”. El popular “Comino” le respondió: “Si eso no queda muy lejos y no pesan mucho, yo se los llevo, con el mayor gusto, doctor”…

(Que Dios lo tenga en su santo reino).