14 de mayo de 2021
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Episodios inverosímiles

10 de agosto de 2016
Por César Montoya Ocampo
Por César Montoya Ocampo
10 de agosto de 2016

cesar montoya

Tres libros de la antiguedad son grandiosos por los  relatos y exquisitos por su textura literaria : “La Odisea” y “La Ilíada” de Homero y “La Eneida” de Virgilio.  Se incorporan, devoran y repasan,no fatigan y crece la admiración por sus manantiales de esplendor. Son épicos, intercalados con proclamas, con navegantes atrevidos que superaban tempestades, enamoradizos y aventureros, gestores de historietas inverosímiles. En este escrito haremos un breve repaso de algunas demasías imaginativas de sus autores.

En torno de Anticlea, la madre de Odiseo, se reunió un  tropel de mujeres, entre ellas, Tiro. Ésta se había enamorado del río Enipeo. Recorría sus orillas absorta de su caudal, se entretenía contemplando las  menudas piedras que las aguas de cristal dejaban ver en el fondo del lecho, hundía la mano en la corriente y recogía en su cuenca  unas gotas del líquido que, con tristeza, veía escapar por los intersticios de los dedos, admiraba el verdor de la naturaleza que lo orillaba y petrificaba el tiempo para reir y sollozar en la ribera de su amado.Poseidón, dios de quebradas y de  mares,  aprovechó los éxtasis de Tiro, la saturó de elixir embriagante, encrespó las olas de Enipeo para asaltar con éxito su  virginidad…

El famoso caballo Clavileño, estático, sobre el cual, en fantasioso relato, don Quijote y Sancho  cruzaron irreales distancias aéreas, tiene antecedente en los corceles inmortales, Janto y Balio,    que en  “La Ilíada”  cruzan espacios  siderales.Aquiles se decide  entrar en combate en la Guerra de Troya, enardecido contra los teucros, viste su armadura, ajusta la grebas a sus piernas, protege su pecho  de irrompible coraza, luce espada de bronce y embraza un escudo de oro. En su cabeza centellea   un yelmo adornado con mechones de crines. Dice Homero que Janto, el corcel que  montaba el héroe legendario, le conversaba en palabras elocuentes para  vaticinarle su pronta muerte.

Escamandro fue un río mitológico. En una de aquellas batallas para conquistar a Troya, Aquiles enemigo de los teucros, debió ingresar a su corriente. De inmediato  las aguas, anti-aqueas,  se sublevaron y lo persiguieron primero por el cauce, y al salir huyendo por la llanura, el río, furioso, iba detrás buscando su muerte. Desesperado por el acoso, invocó la protección de Poseidón y Atenea, y éstos dioses recurrieron a Hefesto, dios del fuego, para que protegiera al guerrero. El hacedor de armas bélicas, convirtió los remolinos en caldera hirviente que todo lo destruía. Fue tal su desespero que el temeroso rio, convertido en incontrolable llamarada,  le suplicó a Hera : “¿Por qué tu hijo maltrata mi corriente”? Ésta le ordenó a Hefesto que apagara las abrasadoras llamas. Por la intervención suplicatoria de la esposa de Zeus, Escamandro pudo    regresar a su estuario.

Es fabuloso el cuento sobre el Caballo de Troya que Virgilio narra con especial deleite. Epeo lo armó con maderas toscas, tan gigantesco, que pudo acomodar en su vientre al ejército aqueo para  ingresarlo clandes- tinamente a la fortaleza del Rey Príamo. Había sido imposible en diez años doblegar la resistencia de los teucros. El ingenioso ardid,  a todos sorprendió. Aterrados los habitantes de Troya, vieron salir del   inmenso abdomen la soldadesca enemiga  que, a bayoneta calada,  destruyó la  ciudad.

Otras mentirillas son asombrosas. El árbol de hojas de oro, las águilas pregoneras, las gorgonas mostruos alados con cuerpo de mujer y cabello formado por serpientes, el cíclope Polifemo de un solo ojo que Odiseo hurgó,  el endriago Egeón  que tenía cien brazos, cien manos y cincuenta  bocas, en fin, son fantasías que han entretenido  a la humanidad desde milenios ha.

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