20 de abril de 2021
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¿El Estado colombiano es laico?

29 de agosto de 2016
Por Juan Sebastián López Salazar
Por Juan Sebastián López Salazar
29 de agosto de 2016

Juan Sebastián López Salazar

Juan Sebastián López SalazarHace poco se realizaron en varias ciudades del país marchas en contra de una cartilla para profesores de colegios que invitaba a respetar la identidad y orientación sexual de los estudiantes. Es algo inaceptable. Miles de personas se lanzaron a la calle y reclamaban que se impusiera el modelo de la familia católica, que es la correcta. Otros más osados pedían que se aplicara el modelo bíblico de familia (como la del Rey David, que tenía amores con Jonatán —2 Samuel 1:26— y las mujeres de sus soldados, o Salomón, un hermano ejemplar).

Sin entrar en mayores detalles, algo en particular llama la atención: muchos colombianos piden que el Estado imponga la moral y la dogmática católica. El catolicismo reclama, desde varios sectores, ser la encarnación de la moral estatal y ser el ejemplo a seguir. Y tiene mucho sentido.

De hecho, antes y después de la independencia, las Parroquias eran un centro de poder municipal en Colombia. Alrededor de estas, en muchas ocasiones, se desarrolló el Estado (en los municipios siempre está la iglesia en la plaza junto con la alcaldía, pero las iglesias son más grandes y visibles). En el Siglo XIX, la iglesia católica se unió al Partido Conservador y combatieron a los liberales. Con la Constitución de 1886 se cierra el triunfo que consiguió tan particular unión: Estado unitario, centralista y confesional. Se declara como la religión oficial del Estado a la católica, se firma el concordato y se declara al país, oficialmente, entregado al sagrado corazón de Jesús. A esto se le debe agregar, según el Profesor Bernardo Vela Orbegozo en su libro La formación del Estado colombiano en el Siglo XIX, que para inicios del Siglo XX la iglesia católica era dueña de cerca del 30 % territorio colombiano.

Sin pasar de largo algunos rumores que llegan hasta nuestros días: la supuesta participación en el asesinato del General Uribe Uribe y en el de Jorge Eliecer Gaitán. Que los senadores conservadores y liberales se arrodillaron y besaron los anillos de los obispos venidos de Roma; que la curia prestó las capillas para dispararle desde allí a la muchedumbre durante el Bogotazo; que han invitado a matar liberales y comunistas y que no era pecado hacerlo; e incluso, hasta participación en el grupo de los Doce Apósteles. Estos hechos, también podrían, fácilmente, ser considerados como una de las causas del eterno conflicto colombiano.

Volviendo a la Constitución de 1886, esta obligó que la educación pública fuera impartida por católicos y obispos ocuparan cargos de ministros estatales. Con tanto poder, el Estado le otorgó prerrogativas a la iglesia católica (¿o al contrario?): sus predios no pagan impuestos (incluso los bienes fiscales del Estado pagan impuesto predial y otros), el matrimonio católico tiene el mismo peso legal que el matrimonio civil, sus personas jurídicas se rigen por el derecho canónico propio, independiente e igual al derecho civil y público.

Con todas esas prerrogativas la iglesia católica llegó a la Constitución de 1991 y esta no se las quitó, sino que se las conservó, y aparte, le dio los mismos beneficios a las otras religiones, sean de judíos, musulmanes, mormones y diversos tipos de cristianos. Por ejemplo, la Hermana María Luisa tiene bienes muy lujosos fuera del país y acá recibe dinero y tiene bienes libres de impuestos. Otro ejemplo, en Bogotá la iglesia católica tiene un monasterio en la calle cien con séptima que puede valer miles de millones y no paga impuestos, al igual que las tierras gigantescas que tienen en los Llanos Orientales: tampoco pagan impuestos.

Por otro lado, los funcionarios públicos y también los notarios tienen como fuente de derecho el derecho canónico. Esto, en otros términos, significa, que la religión católica aún conserva un inmenso grado de autoridad en el país, que la Constitución también le otorgó a las demás religiones.

Volviendo a la marcha que reclamaba la aplicación del credo católico-cristiano —con la biblia— como el oficial del Estado: lo que quieren estas personas casi que tiene consagración de rango legal, ya que el Estado colombiano sigue reconociendo como fuente de derecho al derecho canónico.

Entonces, cuando en las oficinas públicas, ya sean administrativas o judiciales, se encuentran figuras católicas o con referencia a alguna religión, la interpretación más acorde sería permitir esa expresión religiosa como parte del Estado, y no como piensan —pensamos— algunos, que no debería haber figura o símbolo religioso alguno en cualquier oficina estatal.

Después de la marcha que inspira este escrito, muchos columnistas salieron a reclamar la vigencia del Estado laico establecido en la Constitución de 1991. Allí, el artículo 19, garantiza la libertad e igualdad de credos, bajo las condiciones previamente aclaradas, pero nada dice sobre ser laicos. Incluso, el Presidente en su posesión jura a dios y el Preámbulo de la Carta invoca su protección. Por eso, repito, es más acorde con el Estado colombiano pedir que, simplemente, se aplique un credo religioso como oficial, a exigir el respeto al Estado laico, que ni existe.

Lograr que Colombia sea un Estado laico requiere de una serie de reformas hechas a través de leyes. Las grandes reformas pasan primero por el Congreso antes que por las Cortes. Pero esas grandes reformas en pro de un Estado laico que pueda cumplir los fines del artículo 19 de la Constitución, deben ser tramitadas por el Congreso de la República, y allí siguen los senadores que se arrodillan y besan las manos de los curas venidos de Roma.

Entonces, para contestar la pregunta que titula este escrito: Colombia no es un Estado laico. Ni de lejos.