15 de mayo de 2021
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Así fue la gran noche de Colombia, en Río

9 de agosto de 2016
9 de agosto de 2016

Colombianos en Río

Ana Edurne Camacho, presidenta de la Federación Colombiana de Pesas, arriba, al centro, en medio de la fiesta colombiana en Ríocentro.

Río de Janeiro, 08 de agosto_ RAM_ Las banderas de Colombia se agitaron mucho antes de que Óscar Figueroa ganara la noche del lunes el oro en las competencias de pesas de la categoría de los 62 kilogramos de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

El Pabellón Dos de Riocentro, el gigante centro de eventos ubicado justo frente a la Villa Olímpica, fue tomado por centenares de colombianos que desde antes de siete de la noche adornaron el escenario con siete banderas tricolores en la parte de divide la parte baja, a nivel de los competidores, y la alta, donde se ubica el público.

Las que ondearon no fueron esas fijas, eran las de los aficionados que paso a paso celebraron el camino que el deportista vallecaucano fue labrando hasta llegar a lo más alto del podio.

Figueroa comenzó su participación a las 7:36 de la noche, hora de Brasil, y levantó 137 kilos en arranque. Después, a las 7:43, hizo 142 y a las 7:48, falló al intentar 145. Pero con 142 terminó en primer lugar, lo que encendió al público, vestido de amarillo, que comenzó a corear ‘¡Colombia, Colombia!’, y su propio nombre.

Los rivales, chino, kazajo, indonesio, no importaban para el público que en ese receso de 10 minutos agitaron, sin descanso, las banderas en las gradas y los sombreros vueltiao. Unos ocho kazajos que animaban a un compatriota, ubicados en la parte alta cerca a la pesista colombiana Leidys Solís, fueron apagados por el ruido ensordecedor de los colombianos que golpeaban, con sus piernas, el piso de metal de las gradas desarmables que instalaron en el escenario.

Los colombianos se paseaban de lado y lado. entre abrazos y felicitaciones. De una pancarta con el tricolor, ubicada al mismo nivel de las banderas fijas, se leía: ‘Los colombianos ya tenemos 147 medallas de oro en nuestro corazón’. Eso, en dos líneas en la franja amarilla. En las otros dos, la misma frase, primero en portugués y después en inglés.

A las 8:25 comenzó el colombiano la segunda parte, en envión, y cambió de 171 a 172 y siguió arriba. Luego, a las 8:31 levantó 176. Pero la de oro se concretó antes de su última oportunidad, cuando quien lo seguía, el indonesio Irawan Ekoyuli fracasó en intentar levantar 179 kilos, a las 8:37. Con el oro asegurado (con un total de 318) , el colombiano buscó subir 179 kilos, a las 8:39, pero no pudo. ´De todas maneras, la ruidosa ovación se escuchó. Figueroa se echó al suelo, de espalda a llorar, mientras muchos aficionados también lloraban en las gradas.

El pesista, llorando, se arrodilló, mientras sus entrenadores, abajo, se abrazaban. Se soltó quitó las botas (¿señal de retiro?) y levantó los brazos. El rugido fue más fuerte en las gradas. Besó la pesa de su derecha y fue al encuentro feliz con sus entrenadores que, felices, lo esperaban abajo.

Entonces, en el Pabellón Dos, como si se hubieran puesto de acuerdo, se escuchó el coro “¡Se vive, se siente, Colombia está presente!’ hasta que a las 8:52, con la chaqueta de la sudadera amarilla, para hacer el juego con la medalla y el color predominante en el lugar (en el público mucha camiseta de la selección nacional de fútbol), Figueroa salió para la premiación.  Y a los 8:54 se entonó el himno nacional con tanta fuerza que seguramente se escuchó afuera del reciento. Figueroa no dejaba de llorar y así se alejó para cumplir los compromisos con la prensa internacional. El público lo despidió con el grito de ‘¡Óscar! ¡Óscar! ¡Óscar!, que redondeó una noche colombiana en Río de Janeiro.