23 de enero de 2022
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Anomía o justicia por propia mano

2 de agosto de 2016
Por José Ferney Paz Quintero
Por José Ferney Paz Quintero
2 de agosto de 2016

JOSE FERNEY PAZ QUINTERO
ABOGADO CONSULTOR

Ferney PazSorprende como a diario los diferentes medios de comunicación informan de lamentables hechos de violencia en donde se ven comprometidos  ciudadanos de bien al hacer justicia por su propia mano, cuando son  constreñidos por  la delincuencia urbana, en  casos de  robo a mano armada, el fleteo, asaltos a las residencias, generando una pesadumbre de total orfandad en la protección ciudadana por parte de las autoridades legítimas, como es su deber legal y constitucional.

Ejercer la justicia por la propia mano, o la  lapidación es la demostración de que el ciudadano de a pié no cree ya en sus instituciones, por la existencia de una justica laxa, garantista  para el delincuente, en donde la mayoría de los delitos menores no se castigan y el malhechor callejero se burla del estado y de su víctima.

Imposible desconocer, que al notar la ciudadanía que no se da una respuesta efectiva por parte de las autoridades en la protección de la vida, de la propiedad, aunado a la flexibilidad de las normas punitivas, como su  interpretación subjetiva por parte de los operadores judiciales, ese sentimiento frustrado se trasforma en ira, rabia hacia ese delincuente, que en ocasiones es castigado brutalmente por el ilícito cometido, invisibilizando las responsabilidades individuales.

Ahora bien, se debe reconocer que la justicia por la propia mano  constituye una conducta reprochable, que no favorece para nada la  solución a la inseguridad que padecemos, generando antes por el contrario más violencia. Entonces la pregunta es: ¿Qué Hacer?

Primero reconocer, que cuando la justicia es débil, con funcionarios contemporizadores  y un Estado que  no responde a las demandas de seguridad ciudadana, se van creando en ciertos sectores sociales organizaciones para su propia defensa, conductas irregulares estas, provocadas por el temor de ser agredidos  por agentes del crimen, con génesis en la inercia de las autoridades legitimas en resolver los problemas de  seguridad de forma rápida y expedita.

Se ha  sostenido por  los  especialistas  en  sicología de masas, que cuando la gente se enardece y actúa en grupos, la conciencia se pierde e implica la ruptura del sistema democrático de justicia, en donde el Estado ejerce el monopolio de la fuerza, sirviendo de puente entre el estado de naturaleza del hombre a la comunidad política y la vida en sociedad, que nos  recuerda lo escrito por  Thomas  Hobbes en el siglo  xvii, “ el hombre es un lobo para el hombre, los hombres viven sin otra seguridad que sus propias fuerzas y su propio ingenio debe proveerlos de lo necesario, y lo peor de todo, hay un constante miedo y un constante peligro de perecer por muerte violenta.”

Son muchas las causas que se  podrían enunciar  como fuente de la  justicia por la propia mano, destacando entre ellas  las siguientes: una deficiencia del sistema judicial, las gentes no confían en su aparato judicial, en donde  la corrupción ha contaminado sus estructuras, sus fallos son cuestionados permanentemente, la lentitud de los procesos, el exceso de formalismo, la desatención al ciudadano en las oficinas receptoras de  las quejas, y la más grave  la sensación de impunidad en relación con casi todas  las denuncias impetradas.

Se le agregaría  también la anomía o costumbre de violar por violar las normas de convivencia social, o dicho en otros términos, cuando las reglas sociales se han degradado o eliminado y no son respetadas por los integrantes de una sociedad, o ampliando  su significado,  a una carencia de leyes efectivas para sancionar  al infractor, así como el exagerado porte de armas y su venta clandestina  en sitios  muchos de ellos identificados por la ciudadanía, menos por las autoridades.

Si se  busca la paz social, conveniente hacer un llamado para que los organismos encargados de la seguridad ciudadana, policía nacional, esta nueva era de la fiscalía, justicia ordinaria, fortalezcan sus niveles de coordinación en la investigación, persecución, procesamiento, juzgamiento y sanción del delito, con el compromiso de todos a favor de  una vida tranquila, en   paz y  respeto por la justicia.

La paz  no se debe centrar en los procesos políticos de gran envergadura, también se deben revisar y atender  con políticas  gubernamentales  estos hechos urbanos que vienen creando una inconformidad con el funcionamiento de las instituciones que rige la vida cotidiana, devolviéndole la credibilidad al organismo policial que debe cumplir con una misión alta, noble, la más importante, porque para la inmensa población la única autoridad, con la cual se encuentra a diario, y que representa para ellos todo el poder, es la policía, el gobierno para muchos, no es sino ese agente del orden.

Adenda: Diversas controversias ha suscitado por estos días el proyecto de acto legislativo presentado a consideración del Congreso por el mayor exponente del transfuguismo electoral en el país, por el cual se otorga el derecho al voto a los miembros de las fuerzas militares, condicionado a que triunfe el SI en el plebiscito que convocará  el gobierno para  la refrendación de los acuerdo de paz, lo que da a entender que se trata de una estratagema para conseguir una votación para este mecanismo de participación ciudadana.

Habrá tiempo para exponer nuestro criterio sobre el tema, no sin antes transcribir parte del pensamiento sobre el asunto del expresidente Alberto Lleras, expuesto el 8 de diciembre de 1947, en la escuela militar de cadetes: “El pueblo al entregar la fuerza que sólo él puede destinar, usar, emplear, de acuerdo con las leyes, que dicta, hace confianza en vosotros, os da privilegios, y os quita derechos, os somete a una disciplina que ningún civil soporta, os priva de la facultad de deliberación y os prohíbe la función del voto”.

“Pero todo ello con el principal objeto de sustraeros de la pasión movible y fugaz de la política para que jamás sintáis la tentación  abominable de poner la fuerza que os entrega el pueblo entero al servicio de una parte de él contra la otra”.

Frases categóricas que definen la sagrada misión de las fuerzas militares en el territorio nacional que cobran vigencia en el momento actual.

Bogotá, agosto 2 del 2016