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Y no hubo descarrilamiento

11 de julio de 2016
Por Rodrigo Pareja
Por Rodrigo Pareja
11 de julio de 2016

Entretelones 

Por Rodrigo Pareja

Rodrigo ParejaA pesar de ciertos agoreros, algunos de ellos subvencionados y con interés particular en lo político, se dio el cambio de gerente en el Metro de Medellín sin que se hubiera presentado el cataclismo que ellos vaticinaban y en su fuero interno tanto deseaban.

Con un “macartismo” digno de mejor propósito, se dedicaron a martillar sobre una supuesta politización de la gran empresa que enorgullece a los antioqueños, como si estuviéramos en el paraíso que les quieren hacer ver a los colombianos desde la burbuja de cristal en la que, dicen, viven ajenos a cualquier tejemaneje partidista.

Claro que en ese empeño suelen contar con la complacencia o ignorancia de algunos grandes medios de la capital del país, para los cuales la provincia, como la denominan despectivamente, es un mundo aparte y desconocido. Ellos son los virreyes y tienen aquí a sus encomenderos.

Buena prueba de lo anterior es el periódico gratuito ADN, que al comentar lo que venía sucediendo, sub tituló que se había causado un “vacío de poder” en el Metro por el cambio de gerente, algo normal en las grandes posiciones oficiales cuando llegan nuevos gobernantes nacionales, departamentales o municipales.

Mediante el fácil expediente de la satanización, trataron de convertir un episodio rutinario en algo fuera de lo común, en una persecución sin nombre y en el mayor de los despropósitos, al calificar y presentar ese relevo como la politización del Metro de Medellín.

Frustrados debieron quedar esos pronosticadores anhelantes de desgracias con la designación como gerente encargado de Tomás Elejalde, director de planeación del Metro, determinación que garantiza la continuación de todos los proyectos en marcha y los que puedan venir en el futuro, avalados por la experiencia y conocimiento por sus veinte años de vinculación a la empresa.

El descarrilamiento que vaticinaban y querían para cobrarle por ventanilla al gobernante que tanto detestan,  no se dio, como tampoco la tan cacareada politización, la cual es buena, permitida e inexistente si son los suyos los llamados a figurar en la robusta nómina oficial, pero diabólica y perversa cuando son los adversarios los que devengan.

Algunos de ellos, lucrados en forma pecuniaria por decisiones que en su momento tomaron funcionarios necesariamente políticos, abominaban de ellos en fechas recientes a raíz de lo del Metro, con un fariseísmo que no les cuadra mucho.

Aníbal Gaviria y Federico Gutiérrez, anterior y actual alcalde de Medellín, así como Sergio Fajardo y Luis Pérez, los dos últimos gobernadores de Antioquia, llegaron a esas posiciones por su actividad política, aupados por centenares de miles de sus seguidores. No arribaron a La Alpujarra por obra y gracia del Espíritu Santo, como algunos pretenden hacer creer. Y en política se gana y se pierde, sobre todo poder, cuando se terminan los períodos.

Es cierto que el municipio de Medellín ha financiado las grandes obras del Metro, pero también lo es que entre el y el departamento, abonan mensualmente entre 35 y 40 mil millones de pesos para amortizar los más de cinco billones que le adeudan a la nación, que en la práctica es la dueña del Metro y de ahí los cinco miembro que tiene en su junta directiva.

Lo cierto es que la anterior gerente fue nombrada con el beneplácito de políticos – Aníbal Gaviria y Sergio Fajardo – poderosos y determinadores en marzo de 2015, pero carentes ahora del suficiente peso para pretender seguir con el manejo del Metro. Cada alcalde manda su año y estamos ahora en el 2016.

Lo demás es maniqueísmo ramplón y no admitir que pese a todo y contra todos, el Metro de Medellín no se descarriló y seguirá avante, pese a la dolorosa  viudez de la que algunos hicieron lamentable demostración.