7 de marzo de 2021
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Reparación y verdad

18 de julio de 2016
Por Víctor Zuluaga Gómez
Por Víctor Zuluaga Gómez
18 de julio de 2016

Víctor Zuluaga Gómez 

victor zuluagaPuedo recordar que fue en el año 1956 cuando en un municipio cordillerano del norte del Tolima, fue asesinado un campesino de filiación liberal, todo indica, con la complicidad de la Fuerza Pública. Mi padre, entonces Tesorero del Partido Conservador, que era mayoritario, se atrevió a permitir que el cadáver del campesino fuera velado en la sala de nuestra casa, ya que nadie se atrevía a hacerlo en el pueblo, por las consecuencias que ello pudiera acarrear. Entonces mi padre mandó bajar un enorme retrato de Laureano Gómez que tenía colgado en la sala y en este espacio se realizó la velación. Al siguiente día intentaron quemar el establecimiento en donde funcionaba una droguería, propiedad de mi padre. Las amenazas de los “pájaros” no se hicieron esperar y mi padre decidió que mi madre y los dos hijos menores nos fuésemos a vivir a Bogotá durante el año de 1957. Él resolvió quedarse en el pueblo y afortunadamente no hubo ninguna agresión.

Años después, uno de mis hermanos mayores, candidato a la Alcaldía de la población tolimense de Ataco, fue vilmente asesinado porque había asumido la defensa de los mineros artesanales que laboraban en el río Saldaña. Su esposa e hijos debieron salir huyendo hacia Bogotá en donde por muchos años enfrentaron momentos bien difíciles.

A estas alturas de la vida me pregunto si nuestro desplazamiento a Bogotá y luego el asesinato de mi hermano y el desplazamiento de su familia, no deberían tener reparación. Pienso que allí hay un problema bien delicado porque si hubiese indemnización por todos los actos vandálicos durante los años que hemos estado en ese estado de violencia, bien fácil podríamos gastarnos medio siglo determinando quiénes tienen derechos y quiénes fueron los autores de los crímenes.

Dentro del proceso de negociación que se viene adelantando en Cuba, el tema de la “verdad” ha ocupado un espacio importante, y dentro de la opinión pública también ha sido motivo de grandes controversias el tema. En lo que sí se podemos estar todos de acuerdo es que existen muchísimas personas desaparecidas y de las cuales sus familias no tienen infortunadamente ninguna noticia. Otra cosa diferente es también lo relacionado con los actores que cometieron los crímenes, es decir, si fueron fuerzas oficiales del Estado o la subversión.

Pero si hay opiniones encontradas en cuanto a la necesidad de la “verdad”, es decir, que todos los actores involucrados en el conflicto clarifiquen y asuman la responsabilidad de actos inhumanos y se pida perdón a las víctimas, ya en lo que tiene que ver con la reparación, hay unos enormes desencuentros.

Para empezar podríamos decir, por ejemplo, cuál sería a fecha desde la cual se reconoce por parte de la guerrilla o de la Fuerza Pública, cualquier tipo de indemnización por las víctimas del conflicto. Sería impensable que se tomara la fecha de 1948 a raíz de la muerte de Gaitán, como punto de partida para reconocimiento de reparaciones a Víctimas, teniendo en cuenta que esa fue una fecha clave dentro del inicio de la lucha partidista que le dio vida a más de medio de siglo de confrontaciones. Pero también cabe preguntar cuál es el tipo de reparación a las familias por masacres, presiones y hostigamientos que culminaron en desplazamientos.  Ni qué hablar del problema cuando se refiere a las penas que se les irían a imponer a los autores de crímenes.

El tema, como se puede ver, es muy complejo, pero lo que sí debemos tener claro es que las negociaciones de la Habana representan el punto final de los enfrentamientos, del fuego, es un paréntesis que se abre para que comencemos a construir las condiciones apropiadas para una convivencia pacífica. En la Habana no se va a decretar la paz, ella va a ser el resultado de muchos esfuerzos de todos los colombianos, incluyendo los que fuimos víctimas de una y otra forma de las confrontaciones armadas.

Y es también claro que quienes han visto la violencia por televisión, abogan porque al confrontación continúe.