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Columnista de opinión en varios periódicos impresos y digitales, con cerca de 2.000 artículos publicados a partir de 1971. Sobre todo, se ocupa de asuntos sociales y culturales.
1 de julio de 2016
Por Gustavo Páez Escobar
Por Gustavo Páez Escobar
Columnista de opinión en varios periódicos impresos y digitales, con cerca de 2.000 artículos publicados a partir de 1971. Sobre todo, se ocupa de asuntos sociales y culturales.
1 de julio de 2016

Por: Gustavo Páez Escobar 

Gustavo Paez EscobarComenta Alicia Marín de Bravo, de Barranquilla, que hace más de dos años sostuvo con Movistar una batalla de meses. Y le tuvieron que devolver, debido a reclamo que presentó a la Superintendencia de Industria y Comercio, $178.000 por cobros de un mal servicio. Hoy le mandan mensajes al celular cobrándole por la reconexión de un fijo que no tiene. Otra empresa –UNE– le cobra más de medio millón de pesos por un módem que hace más de un año devolvió por mal servicio.

Pedro Galvis compró en Bogotá una nevera Whirlpool en Casa Magna, y le  fue recomendada como la mejor que existía. Tan pronto empezó a trabajar, la escarcha se rebosó, en el refrigerador,  de manera exorbitante. De inmediato lo hizo saber para que le fuera cambiado el aparato. Como respuesta le dieron un teléfono, supuestamente de Whirlpool, para que lo atendieran. Le hicieron un arreglo a la carrera y la nevera siguió trabajando mal. Después todo quedaba caliente dentro de ella. Y se enteró de que Whirlpool no tiene presencia en Colombia. Son centros de servicios los que atienden, pero sin tener vínculo con la marca. Fueron muchas veces al apartamento, con el cobro de las visitas, hasta que algún técnico le informó que esas neveras fallaban y no tenían arreglo. Pasados tres años de tortura, tuvo que comprar otra nevera.

Carlos A. Ramírez está enredado con la ETB por la cuenta de servicios públicos que tenía contratada su mamá (fallecida). La línea telefónica de dicha empresa estaba instalada en el inmueble donde ella vivía, que no era propiedad suya, sino de sus hijos. Hoy el apartamento está vacío, y sus hijos desean descontinuar el teléfono, para que el comprador de la vivienda organice su propio servicio. Mientras tanto, los hijos tienen que pagar una tarifa mensual de $ 150.000, no obstante que el apartamento está cerrado. Al acudir al CADE,  han puesto allí tal número de trabas y han pedido tal cúmulo de papeles, que el sufrido ciudadano se siente mareado. Todo lo que pide es que le retiren la línea telefónica, pero la empresa exige certificados de defunción del padre y de la madre, certificado de tradición y libertad del inmueble, actualización de documentos… Cuando piensa que ya todo está cumplido, vienen nuevas exigencias. Todo un camino tortuoso que lo tiene al borde de la locura.

Juan Campuzano pasa por una situación similar con la misma ETB. La línea telefónica que figuraba en su vivienda (6159869) fue cambiada hace tres años, y las facturas siguen llegando a su nombre. Antes de efectuar el cambio de la línea, se le había instalado, por presión de un vendedor, la fibra óptica. Esto se traduce hoy en que no solo se le viene facturando un teléfono que no usa, sino que todos los meses el costo le llega aumentado con el servicio de la fibra óptica. En numerosas ocasiones ha hecho el reclamo a la línea 177, donde le prometen que el mes siguiente quedará solucionado el caso. Así ha pasado un año.

El asedio de los vendedores de servicios es desesperante. Hace por lo menos dos años nos llaman de la ETB para ofrecernos la fibra óptica, y siempre les decimos que no estamos interesados. Es como si le habláramos a una pared, ya que a la semana siguiente vuelven a hacernos la misma oferta. Esto juega, de igual manera, con los bancos. Nos llaman para interesarnos en algún plan (a veces en las horas más inoportunas), y como nuestra respuesta no es favorable, siguen acosándonos. Por favor, señores ejecutivos, póngales coto a estos abusos demoledores. Esto no es mercadeo.

Mi hijo Gustavo pagó por internet a North Face un pantalón bermuda por $ 62.100, que se anunciaba con un descuento amplio. Al día siguiente recibió un correo donde le informaban que no había la bermuda, pero que se la cambiarían por una camiseta. Él respondió que no estaba interesado, y de paso les hizo ver que de esa manera atentaban contra los derechos del consumidor con una publicidad engañosa. Días después le informaron que iban a hacer una excepción: devolverle la plata y darle una camiseta, ante lo cual él manifestó que lo que había comprado era una bermuda con descuento, pero que aceptaba algo similar. Propuso una camiseta de manga larga para trotar, y la firma le pidió que consignara el excedente. Ante esto, solicitó que le devolvieran el dinero. Días después envió otro correo insistiendo en el caso, y  no obtuvo respuesta. Salta a la vista la mañosa estafa en las compras por internet.

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