1 de marzo de 2021
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Ni arepas vamos a poder comer

18 de julio de 2016
Por Óscar Tulio Lizcano
Por Óscar Tulio Lizcano
18 de julio de 2016

Óscar Tulio Lizcano

Oscar Tulio LizcanoEl paro camionero ha alcanzado dimensiones preocupantes. Son varios los departamentos afectados por los vehículos que —hasta hoy sábado, cuando escribo esta columna—, llevan más de 39 días con los motores en silencio, parqueados en los costados de las vías. La situación no solo está poniendo en jaque grandes y pequeños negocios, sino que también preocupan las acciones violentas que ha suscitado, como la agresión al gobernador de Boyacá, Carlos Andrés Amaya, o la muerte de Luis Orlando Saíz, impactado durante las manifestaciones por una granada del Smad.

El paro, lamentablemente, fue subestimado por el ministro Jorge Rojas. El cese estaba anunciado y solo cuando empezaron a escasear los productos de la canasta familiar el Gobierno se puso alerta. Rojas no tiene gran experiencia en el sector transporte, pues pasó de ser alcalde de una ciudad como Manizales, a manejar ese complejo Ministerio. La primiparada parece pasarle factura.

Las inexperiencias se pagan con un costo muy alto, especialmente si no hay el olfato político y gerencial para prever soluciones que impidan que se llegue a problemas de tal magnitud. Rojas tiene sobre su escritorio tareas muy sensibles: el futuro de Uber, las fotomultas y los varios reclamos del sector transportador de carga. Claramente no se analizaron con detenimiento los compromisos que adquirió la exministra Natalia Abello para salirle rápido al problema, pues el pliego de peticiones de los camioneros se venía ventilando de tiempo atrás.

El asunto es complejo, pues las peticiones incumben a otros actores de la cadena: transportadores, empresas y generadores de carga. Y pese a que el paro estaba “cantado”, no se conjuró una salida oportuna. Pero es peor que la Fiscalía no haya actuado efectivamente frente a las denuncias de corrupción en la chatarrización, un delito que enriquece a unos pocos.

En el Ministerio de Transporte sabían ya de ello. Funcionarios participaban en la falsificación de documentos que certificaban la chatarrización de un vehículo para que pudiera ingresar uno nuevo, cuando en realidad no se había hecho la chatarrización. También hay casos de certificaciones falsas de camiones accidentados con pérdida total, para que se autorizara el cambio por otro nuevo. El Fiscal General reveló que desde hace año y medio se viene investigando el tema. ¿Por qué apenas se habla de ello? ¿Qué hicieron los anteriores ministros? ¿Por qué el silencio de otros entes de control? Lo cierto es que ahora Rojas tiene en su cartera ese gran elefante, al que se le han sumado cargas tan sensibles como los precios de los fletes, del combustible y de los peajes.

Mientras tanto, el alcance del paro es tal que las estanterías en los supermercados se ven vacías. Al paso que vamos, en Medellín no habrá ni maíz para las arepas. Y es temerario ya que en un país donde el hambre reina, se opte por botar a lado y lado de las vías miles de litros de leche, y toneladas de frutas y verduras. El Colombiano.