25 de febrero de 2021
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Los pájaros les disparan a las escopetas

19 de julio de 2016
Por Gustavo Hermosa Puyo
Por Gustavo Hermosa Puyo
19 de julio de 2016

Gustavo Hermosa Puyo

gustavo hermosaNo es extraño en este país, que todo ande patas arriba: míresele como se le quiera mirar. Pasan y pasan los gobernantes de todos los pelambres, se rodean de su propia cuadrilla, se llenan los departamentos de gobernadores, que son nietos de los grandes barones del monopolio y la corruptela y se ensañan en departamentos como la Guajira, el Caquetá, los llanos orientales, la costa norte, Santanderes, Huila, Tolima, Caldas, Quindío, Risaralda, algo en Antioquia, Boyacá y Cundinamarca, y todo el despilfarro que se hace con el recurso que nos han vaciado el bolsillo de los que no estamos en la lista de hampones, se evapora, como se evapora el presupuesto nacional.

Y cada cuatro años nos ilusionamos. Desde que tengo uso de razón, y de eso ya han pasado varios lustros, los personajes, hijos de otros ineptos que también fueron presidentes, o llegaron a la casa de Nariño, o aspiran a hacerlo. Unos más aviones que otros, pero siempre salen, con algunas características propias de un país bananero,: no nos devolvamos mucho porque la «memoria es flaca» y a veces muere de desnutrición como los niños de la Guajira, de Nariño, o de otros sitios.

En la administración Pastrana Borrero, se reinventó y perfeccionó el clientelisto, y se disparó la diabetes por el exceso de «mermelada » repartida. El Huila, su tierra natal, no recibió sino visitas de «cortesía”, pero nunca obras de infraestructura significativas: al pobre Misael lo perjudicó muchísimo, el andar con malas amistades, pero esos seguidores se embolsillaron varios millones, como el zar de precios, señor José Antonio Gómez, o el gerente de la represa de Betania, ambos originarios de Garzón (Huila), o de otros «prósperos empresarios de la construcción» que de la mano de Felio Andrade Manrique, armaron una firma de ingenieros arquitectos, «Uribe, Calderón, Uricoechea» y que dejaron, como los Nule o los Moreno, los mismos modus operandi en la contratación. No existió nunca ninguna sanción, y siendo de familias de clase media de restringidos recursos, saltaron como Gasparín del estrato 3 al 8; el mago Lorgia no estaba en esa epoca.

Pero como «lo que se hereda no se hurta», según mi abuelo, el hijo de Misael se dedicó a rendirle culto irrestricto a las FARC, y escogió una muy bella región, enmarcada por la otrora hacienda de  «Larandia», y muy recordada por los colombianos denominada «el Caguán». Este muchachón, abogado rosarino, les dio «recreo» a los guerrillos, en un potrero que sólo tenía 42 mil kilómetros cuadrados, espacio para mi gusto muy estrecho para sentarse a negociar la paz, durante más de tres años, tiempo en donde los bulliciosos narco-guerrillos se armaron hasta los dientes, se chuparon todo el «Old-Parr» se montaron en flamantes cuatro puertas de alta gama, y veía uno la sonrisita burlona de Romaña, quien difícilmente manejaría una carretilla.

Pero así como todo lo que tocaba el rey Midas se volvía oro, lo que tocó este delfín de volvió m——-da. Su alcaldía la enterró en la avenida Caracas, con montones de cemento y hierro, para luego volverla a tumbar. Juguetón salió el muchacho.

Hoy en día se pasea por el mundo pontificando, y habla de lo divino y humano y es el máximo crítico de los gobiernos que le precedieron.

Pero nosotros, como los malos estudiantes nunca aprendemos la lección: se eligió al mayor cínico que haya parido esta hermosa tierra, denominado Ernesto Samper Pizano; apellidos rimbombantes, aspiraciones muy grandes de llegar a la cueva de Alí baba, y empezar a adornar los tapices y cortinas de palacio, con el número 8.000, pues según él, eso «traía muy buena suerte.

En esa rosqueta se metieron un reconocido curador, el hoy senador, y bonachón, don Horacio Serpa, Fernando Botero Zea, y por cábala palaciega sonaron nombres sugestivos como «la Monita retrechera, que poco tiempo después apareció muerta, y según Medicina Legal, «los muertos no hablan», y otro nombre aún  más determinante que fue el mayor capo de los narcos, Pablo Escobar, que era el que ponía el billete y ponía presidente. Houdini se quedó chiquito con los trucos que se vieron en esa administración. Nadie fue a la cárcel, y la sociedad colombiana, en pago de su honesta gestión les sigue rindiendo pleitesía. El «extraño mundo de Subuso».

Pero mientras estas pequeñeces se desenvolvían, ya se venía barajando el nombre de un pseudo-emperador, que sin dominio del idioma inglés, pero si del acento «paisa», montaba las estructuras de unos chicos malos, denominados con exótico nombre de las «autodefensas de Colombia». Ellos al decir del propietario del «Ubérrimo, serian quienes exterminarían a los dañinos malandros de las FARC.

Alvarito desarrolló una extraña capacidad, y un olfato mejor que el de un perro chihuahuense, para hacernos tragar entero el cuento de que su largo y mamón paso por la casa de Nariño fue la redención del país. Esta etapa se compara con el cuento de «Alicia en el país de las maravillas».

Desde luego, en todos los anteriores, se montaron paros de toda agrupación social, se disparó la delincuencia, prolifero la corrupción, el narcoterrorismo llego a su apogeo, y todos las plagas nos cayeron.

Nadie dice ni hace nada: pero existen fiscales, procuradores, jueces, cortes, senadores, y cien mil parásitos más, que ven como en el cine, desfilar la película sin que se despeluquen para nada.

Entonces ¿en manos de quiénes, hemos estado, y cómo estamos y por qué seguiremos estando?

Basta con ver las declaraciones de los camioneros, que son otra de las grandes mafias que siempre han puesta contra la pared al Estado, se han enriquecido, bloquean carreteras, impiden que lleguen los recursos a las regiones y no pasa nada.

No me canso de repetir un chiste muy malo de un gran amigo mío: me decía, que un tío suyo tenía una vaca pero que en vez de dar leche, lo que daba era lastima.

Es triste saber que en nuestra Colombia, más del 29% de los alimentos son importados, (no solamente los que se venden en lujosos supermercados o “delikatessen”; que productos tan populares como la lenteja son producidos en otros países y que algunos productos manufacturados en años anteriores en el país, ahora son importados, aumentando la dependencia de los mercados internacionales

Podría pensarse que estamos ante un país sin esperanza, que se precipita en un final apocalíptico sin reversa; una cosa es que hemos sido pasivos ante esa minoría que nos ha querido imponer el imperio del caos, de la corrupción, del desorden absoluto; caos y desorden que les favorece, ya que así podrían lograr jugosos contratos de obras públicas o controlar los precios de los insumos a niveles astronómicos.

Somos un bello país con grandes posibilidades por su maravillosa gente, con sus recursos enormes que nos pueden brindar grandes oportunidades de creatividad, de producción, de lograr que todos los que habitamos en Colombia podamos disfrutar un desarrollo humano y pacífico en que nuestros hijos crecerán felices.

Necesitamos reconocer que Colombia requiere una renovación de sus cuadros dirigentes, de una nueva manera de hacer la política y participar en ella para que se logre la auténtica democracia, para que hasta el último de nuestros indígenas en las más apartadas regiones pueda vivir con dignidad.

Trataré de que el paro camionero no me bloquee este desfogue que he escrito.

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