19 de enero de 2022
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Las tales urgencias

26 de julio de 2016
Por Rodrigo Pareja
Por Rodrigo Pareja
26 de julio de 2016

Por Rodrigo Pareja 

Rodrigo ParejaNingún ser humano ha estado libre de padecer una de esas urgencias tan frecuentes, ocasionadas a veces  por el exceso en la ingestión de sabrosas comidas, o al contrario,  por el consumo de alimentos de mala calidad.

Urgencias que en todo caso son manifiestas y señal de un transitorio trastorno de salud, pero que no requieren – como lo ordena la norma —  licitación pública ni disponibilidad presupuestal, entre otras cosas, pues pueden subsanarse  con una buena carrera y la consiguiente y oportuna sentada.

No pasa lo mismo con ciertos gobernantes preñados de honestidad y cuyo parto puede tardar hasta cuatro años, pues en este caso esas urgencias manifiestas enriquecen de pronto a más de uno y no sirven realmente a las comunidades.

En el pasado gobierno de Sergio Fajardo, donde según el lema “no se perdía un solo peso”, un contrato adjudicado bajo la figura de “urgencia manifiesta” a la firma Ingeniería y Construcciones S.A.S. por cinco mil seiscientos cuarenta millones de pesos y plazo de siete meses para su ejecución, terminó costando treinta y siete mil trescientos sesenta y seis millones y en su ejecución se tomaron treinta y dos meses y seis días.

Lo más simpático es que “esta urgencia manifiesta” fue invocada para la “recuperación de corredores viales y para la atención de puntos críticos en los sectores priorizados en los informes técnicos de las vías del Departamento de Antioquia”, mejor dicho, lo que se buscó y logró fue la expedición de un cheque en blanco para gastar plata.

Esta figura se justifica “cuando la continuidad del servicio exija el suministro de bienes o la prestación de servicios, o la ejecución de obras en el inmediato futuro;  cuando se trate de conjurar situaciones relacionadas con los estados de excepción; cuando se trate de conjurar situaciones excepcionales relacionadas con hechos de calamidad o constitutivos de fuerza mayor o desastre que demanden actuaciones inmediatas, o cuando se trate de situaciones que imposibiliten acudir a los procedimientos de selección o concursos públicos”. O sea, en este caso, pura letra muerta y pasada por donde sabemos.

El asunto comenzó el 18 de julio de 2012 y hoy,  cuatro años después, puede afirmarse que la tal “urgencia manifiesta”  y los treinta y siete mil millones que al final valió el contrato adjudicado sin licitación y a dedo, y con disponibilidad presupuestal apenas para los primeros cinco mil seiscientos millones, sirvió para colocar cuatro o cinco piedras más en unas carreteras secundarias y terciarias que se mantienen ahora en la misma situación de hace veinte, treinta o más años.

Con razón el pronunciamiento desfavorable dado por la Contraloría de Antioquia sobre algunas de las adjudicaciones hechas a dedo — por ejemplo la construcción de un viaducto en la carretera Abejorral-La Ceja  por valor de quince mil doscientos millones de pesos —  en el cual destaca el desconocimiento de los principios elementales que gobiernan  la actividad administrativa, “como son los de planeación, selección objetiva, transparencia y legalidad”.

Debe aclararse, sin embargo, que el ente fiscalizador dio el visto bueno al primer contrato por los cinco mil y pico de millones, pero nunca más le hizo un seguimiento adecuado, por lo cual fue posible extender de siete a treinta y dos meses el plazo de ejecución y hacerle adiciones o incorporaciones por  treinta y un mil setecientos veintiseis millones, eso sí,  “sin que se perdiera un solo peso”.

Esta anormal actuación ha sido puesta en conocimiento de la Procuraduría General de la Nación y otros organismos de control, y será llevada a la Fiscalía General mediante denuncia penal que va a ser instaurada en los próximos días.