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La industria musical en la era digital

22 de julio de 2016
22 de julio de 2016
humberto moreno
Humberto Moreno, autor de esta nota

La velocidad y dinámica de las tecnologías actuales sumadas a las infinitas posibilidades de acceso al conocimiento y a la multiplicación sin límites de los contenidos almacenados en poderosos servidores informáticos, hacen que a los segmentos de la población que no estamos atentos a esos desarrollos se nos transforme en un cúmulo de complejidades el comportamiento y uso del universo digital.

Como en este breve artículo debemos limitarnos al mundo de la música, es aconsejable, a manera de retrospectiva, comenzar por poner en contexto el proceso ocurrido para que a través de la grabación del sonido incontables  generaciones, desde los albores del siglo XX, se acercaran al goce y apreciación de las creaciones musicales que en todos los géneros fueron producidas, década tras década, por cientos de miles de autores, compositores, artistas, intérpretes, músicos, arreglistas, directores artísticos, promotores, empresarios, etc., etc., ligados en ese proceso a la gran industria de la música, símbolo y eje central del entretenimiento de los seres humanos.

Grandes arreglos de compositores clásicos y sus orquestas de concierto, grupos de cámara, voces poderosas de cantantes líricos, bandas militares, cantos y melodías tradicionales que en el siglo XIX y anteriores a este solo podían disfrutar las audiencias que estuvieran presentes en el momento de su ejecución o interpretación, a partir de los experimentos y desarrollos de Emile Berliner y Thomas Alva Edison realizados durante los lustros finales de dicho siglo, se hizo posible que surgiera, en sus comienzos de manera casi artesanal y desde los años 40 en adelante con gran auge, la industria fonográfica, que se dedicaría a la fabricación de los soportes y reproductores de las grabaciones de las obras musicales y las interpretaciones contenidas en ellos, a medida que las tecnologías de fijación y reproducción mecánica y electrónica del sonido avanzaban.

Industria musical en la era digital
Imagen www.actitudsimbiotica.com

Desde entonces, por obvias razones de época y oportunidad, el soporte físico sonoro fue asimilado y aceptado como el directo responsable de la existencia de la industria de la música. Sin embargo, tal como ha evolucionado el sector, es necesario subrayar que esta apreciación en los tiempos que corren es incorrecta. Discos, cintas, casetes, acetatos, discos compactos, cartuchos, memorias digitales, discos duros, servidores, etc. no son más que simples contenedores. Es por ello que hoy en día y desde hace varios años que se ha admitido y reconocido de manera general que los contenidos son la esencia de la industria musical, y que así será mientras se conserven los archivos históricos y los artistas creadores continúen generándolos –junto con todos los que hacen parte de su estructura empresarial complementaria del entorno artístico en el que se desenvuelven–.

Es de conocimiento general que esta industria durante el siglo pasado tuvo un  proceso de crecimiento de grandes dimensiones, y, también,  que cuando la circulación de los soportes físicos fue golpeada y reducida por la distribución digital ilegal en los 90 y comienzos del siglo XXI, debió reorientarse la manera de llegar a los consumidores de las grabaciones musicales. Para alcanzar una óptima gestión de contenidos, era necesario que los controles legales y de operación en la red tuvieran la anhelada eficiencia que en el transcurso de los últimos años cada día son más avanzados, con el fin de lograr que la circulación digital de la música a través de internet les genere a los titulares de derechos su justa compensación económica por el goce y disfrute del consumidor. Son inmensos los avances alcanzados incluyendo los de las legislaciones actualizadas ya en muchos países, aunque todavía insuficientes. Por eso, a la par con los contenedores físicos que subsisten como productos comerciales, desde el tradicional disco compacto hasta el renaciente disco de vinilo, coexisten incontables plataformas digitales de diferente índole a las que el usuario tiene opción mediante pagos por suscripción o por descargas o por accesos permanentes y selección de listas personales de favoritos acopiadas en la nube, etc. Estas plataformas en su gran mayoría proporcionan al público los contenidos musicales de forma legal mediante acuerdos con los titulares legítimos de las obras y de los fonogramas y videogramas, y aquellas que no lo hacen son rápidamente detectadas y neutralizadas por los grandes proveedores virtuales.

Así, los consumidores de música actuales tenemos entonces a disposición múltiples maneras de acceder a los repertorios de todas las épocas: en colecciones personales de discos compactos o de discos de vinilo, que podemos adquirir quienes optamos por el soporte físico en discotiendas todavía existentes; o también para aquellos cuyas preferencias se orientan a los archivos digitales accesibles a través de plataformas virtuales desde dispositivos móviles, aplicaciones o computadores personales. La ventaja mayor de esta última modalidad es que por medio de dichas plataformas se tienen a disposición en muchos casos no menos de 40 millones de temas. Es decir, que entre el melómano y escoja.

Develar este panorama musical en los tiempos modernos nos lleva a la conclusión inevitable de que esta industria se ha encaminado hacia un destino promisorio, pues las cifras de circulación a las que podrían llegar sus contenidos en el corto plazo al sumarse el entorno digital a los soportes físicos, serían de tal magnitud como nunca antes lo fueron a lo largo de más de cien años.

Bogotá, julio 22 de 2016

(*) Presidente ejecutivo de MTM