27 de enero de 2022
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La huida del Pachuca…

12 de julio de 2016
12 de julio de 2016

Por Esteban Jaramillo Osorio.

Esteban JaramilloCantaron “la retirada” los Mexicanos interesados en comprar al Once Caldas. Se desvaneció el interés, cerraron vías de comunicación y miraron hacia otros lugares y otros negocios. El grupo de Manizales, dispuesto a  recuperar el dominio del club, no ha dado señales sólidas de vida, en los últimos días.

Entre tanto se debate el Once en una aguda crisis técnica, evidente en las fechas corridas del torneo.

La salida de jugadores no se recompensa con la adquisición de otros valores que garanticen un semblante distinto en materia de rendimiento. Limitadas son las expectativas, pese al retorno anunciado de Soto, Moreno y  Quintero, fichas que con ansiedad espera el técnico Torrente.

Johan Arango pudo ser una solución. Pero los dirigentes vieron en él un problema, por sus meneos nocturnos y sus faltas contra la disciplina que ya son reiteradas. Parece empeñado en la autodestrucción. Ha pasado, a los 25 años, de ser pieza valorada en el marcado, a un rechazo rotundo por su vida convulsa.

Indulgentes aficionados, en medio del desespero por la inoperancia manifiesta del equipo, reclaman su retorno,  pero la reglamentación lo impide porque ya fue inscrito por el Pasto.

Sin duda, su aporte futbolero hubiese sido útil, pero sus desmanes atentarían contra la estabilidad  disciplinaria de la nómina.

Evidente es que  el equipo requiere otros nombres, otros aportes, otros refuerzos, que relancen el fútbol  hasta ahora plano, sin atractivos, sin alicientes técnicos. Se desbaratan fácilmente las ideas de triunfo, porque no  han  argumentos en el campo de competencia. Es un equipo disociado, escaso de talento, que deja en el camino contradictorios mensajes respecto a su juego, que no permiten identificar claramente los objetivos.