25 de febrero de 2021
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El que dice una mentira

14 de julio de 2016
Por Ricardo Tribín Acosta
Por Ricardo Tribín Acosta
14 de julio de 2016

Por: Ricardo Tribín Acosta

Ricardo TribinQue bueno es reflexionar acerca de lo siguiente, expresado por Alexander Pope “El que dice una mentira, no sabe que tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera. Ello me acuerda de algo que me enseñó mi madre Beatriz Acosta desde pequeño, cuando me recordaba lo malo que era mentir ya que “primero caía un mentiroso que un cojo”. Ello me impidió tener éxito en cierto tipo de actividades en las que la mentira, el engaño y el aparentar ser, eran los componentes permanentes en la diaria rutina. Y la verdad es que me alegro no haber estado mucho tiempo en ciertas actividades frívolas de la vida que a la larga a algunos conocidos le generaron más de un dolor de cabeza.

No soy santo ni pretendo serlo, pero la verdad es que la mentira no es mi mejor compañera. No digo que no las he hecho, pues ahí si que seria un mentiroso, pero cada vez me es más difícil decirlas y, cuando esto me sucede, me siento como “la parte sur de los caballos que trotan hacia el norte”. La integridad arranca por la honestidad con uno mismo y con los demás y por ello ese espíritu interior que siempre nos acompaña, y que se manifiesta a través de la Conciencia, es el que nos indica si mentir es bueno o malo.

Lo grave de la mentira es que esta se confunde con la mitomanía hasta el punto crítico en el que la persona se cree sus propias mentiras. Y esto si que es malo, ya que se pierden la vergüenza y la integridad hasta tal punto que mentir es parte de la propia vida. He conocido gente que, por no asumir la verdad de sus vidas, mienten ayer, hoy y mañana, pensando equivocadamente que los demás no se dan cuenta. Conocí por ejemplo, en mis épocas de estudiante, a un muchacho quien vivía muy pobremente, dados sus escasos recursos económicos, y a quien varios compañeros le ayudábamos, al menos social y moralmente, además de académicamente, para que no se sintiera mal.

Este personaje luego de graduarse puso al dinero como su principal objetivo en la vida y logro una situación financiera cómoda durante su edad madura. Un día me lo encontré después de más de treinta años de habernos graduado y quiso convencerme que era rico desde niño y que en la Universidad contaba con tres casas para vivir. Con ello pretendía impresionar a mí y a otros quienes le escuchábamos su compartir, solo que mi memoria me recordó lo contrario y por ello estaba convencido de lo inmenso y vano de su innecesaria mentira. Por esto y mucho más es bueno concluir que, decir la verdad no cuesta nada, y por el contrario deja muchos frutos y satisfacciones.