28 de febrero de 2021
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EL DELICADO CASO DE CARLOS VELANDIA

5 de julio de 2016

Carlos Velandia, en sus discursos y en su actuar, le ha apostado a lo que todos los desmovilizados de los procesos actuales deben apostarle: la democracia. En un acto de perdón explicó que los principios revolucionarios “son defendibles en democracia”, y que “así como fue revolucionario en alguna época alzarnos en armas, hoy lo revolucionario es dejarlas”.

Si alguien es un ejemplo del pasado de dolor y terror que queremos superar, y del futuro al que Colombia parece estarle apostando, es Carlos Velandia. Más conocido, en sus épocas de comandante del Eln, como Felipe Torres, Velandia fue capturado, pagó su condena, renunció a la guerrilla y se dedicó a estudiar y a ser un vocero de la paz. Hace unos días, sin embargo, al regresar al país, la Fiscalía lo volvió a capturar. Sin ánimo de poner en tela de juicio las motivaciones del ente investigador, este caso debe ser tratado con total transparencia, pues todos los futuros desmovilizados lo estarán mirando de cerca.

Según el fiscal (e) Jorge Perdomo, el Juzgado Segundo Especializado de Cali había emitido una orden de captura en contra de Velandia el pasado 16 de abril, por los delitos de secuestro extorsivo agravado, homicidio culposo, hurto calificado y agravado. Los hechos que motivaron la detención son el secuestro de 70 personas en el kilómetro 18 de la vía que conecta Cali y Buenaventura, ocurrido el 17 de septiembre de 2000. En el proceso, aclaró Perdomo, también se encuentran vinculados los otros siete comandantes del Eln que pertenecen al Comando Central (Coce) de esa guerrilla.

El problema es que, como lo explicó el Comité de Solidaridad con Presos Políticos (CSPP), hay motivos para cuestionar la detención y la vinculación al nuevo proceso, el más diciente de los cuales es que Velandia se encontraba en la cárcel en el momento en que ocurrieron los hechos.

Ahora, y esto también lo explicó el fiscal (e), casos se han visto en los cuales los capturados siguen ejerciendo, aun tras las rejas, control de mando sobre sus filas y coordinando la comisión de delitos. Esperamos, como siempre, que la Fiscalía tenga las pruebas suficientes para sustentar el nexo de Velandia con los hechos. Otra aclaración necesaria: mientras no existan perdones de por medio, propios de los procesos de desmovilización, todas las personas que hayan delinquido deben responder por sus crímenes.

Pero, conociendo la historia de Velandia, no deja de ser extraño que uno de los principales defensores de la paz, que salió diez años antes de lo señalado por buena conducta (su condena era de 20 años por rebelión y terrorismo), haya seguido ligado a esos hechos atroces desde la cárcel.

Hace dos años, precisamente, después de haber pasado un tiempo en el exterior estudiando, y cuando ya llevaba tres años asistiendo a múltiples eventos por la paz, Velandia explicó, en una entrevista para El Heraldo, que, junto con Gerardo Bermúdez, también exjefe del Eln, “pudimos hacer de la cárcel un sitio para explorar caminos hacia la paz, y mantuvimos una vocería del Eln para diálogos de paz con Samper, Pastrana y Uribe”. Antes, ha sido la guerrilla del Eln, con sus actos, la que ha saboteado los esfuerzos de Velandia.

Y es que Velandia, en sus discursos y en su actuar, le ha apostado a lo que todos los desmovilizados de los procesos actuales deben apostarle: la democracia. En un acto de perdón explicó que los principios revolucionarios “son defendibles en democracia”, y que “así como fue revolucionario en alguna época alzarnos en armas, hoy lo revolucionario es dejarlas”.

Esa es la persona que hoy la Fiscalía equipara con los demás comandantes del Eln. Esperamos que, en el tire y apriete actual del Gobierno con esa guerrilla, no esté entrando a pagar alguien que, en cambio, debe servir como ejemplo de reconciliación y de que, en efecto, se puede construir una Colombia mejor.

EDITORIAL/EL ESPECTADOR