1 de marzo de 2021
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El conservatismo, en átomos volando

7 de julio de 2016
Por César Montoya Ocampo
Por César Montoya Ocampo
7 de julio de 2016

cesar montoya

¡Ay de mi Partido Conservador! Lo conocí apoderado de la cresta de Los Andes, con vuelo caudal y arrogante, con símbolos históricos, transformado en un ciclón de gloria. Partido dos veces centenario, sembrado de símbolos, haciendo suyo el discurso sobre el Poder, el Orden, la Justicia y la Equidad. Tenía arterias cristianas y bolivarianas, y era centro de equilibrio en los vaivenes de la democracia. Me enseñaron que el Conservatismo era algo así, como un hijo espiritual de Jesucristo, sal de la tierra y emporio místico de verdades inmutables. Por ese Partido glorioso trabajamos. Nos anticipábamos a los picotazos de la aurora para triscar caminos en evangelizaciones, sin importarnos la agonía del hambre, ni las exigencias imperiosas de Morfeo. Desde unas mocedades precoces pusimos a su servicio una garganta defectuosa y una pluma inexperta para expandir sus principios en el ágora y trasladar al papel los sacudimientos que nos producían los mensajes jalonados por sus hijos egregios. Veneramos el color azul, su bandera tremolante en los picos de las montañas, el compás marcial de su himno apertrechado en el rítmico sonar de los tambores y el triunfalismo de las trompetas.

Nos iniciamos en la política bajo el cobijo de Gilberto Alzate, rampante caudillo, el más grande de todos los tiempos, nacido en esta breñas. Él predicó que la vida es una militancia con el mundo de contraparte, sembrada de abrojos, con adversarios tramposos, con muchos desiertos y pocos oasis para mitigar la sed.

¡Oh desgracia! Los fariseos se apoderaron del templo y lo que era un santuario de místicas quedó convertido en un establo ahíto con el ruido de las pezuñas. El conservatismo no mira ya a las alturas, no tiene lejanías, y subsiste por la migajas que caen de los restaurantes del Poder. Su grandeza voló en añicos y ahora asistimos a las sacudidas de su pre-agonía.

Hablemos del Gran Caldas. Cuando se mencionaba el Quindío,saltaba el nombre de Luis Granada Mejía; de Risaralda, surgía Cástor Jaramillo Arrubla como símbolo mayor; y qué decir de Manizales con el imperecedero Mariscal. Glorias vencidas por el tiempo. No tenemos un líder importante ni aquí, ni allá, ni acullá. En Armenia no hay un solo comandante que aglutine la voluntad eleccionaria para una Cámara; en Pereira los dos partidos son menguadas empresas comerciales con el imperial dominio de un gerente, dispensador de viáticos y última palabra en los quehaceres de la administración pública. En Caldas la situación es peor: cuatro vertientes se pelean una curul en la cámara baja : la Unidad Nacional con Luis Emilio Sierra, la Alianza para el Progreso con Arturo Yepes, Jorge Hernán Mesa mieludo y carismático y Jorge Hernán Yepes, por el menguado conservatismo. Somos ya tan pocos y por la división, es posible que ninguno llegue al parlamento.

Queda por fortuna una juventud de las derechas, importantísima sí, pero bastante disgregada. La acapara quienes otorgan los avales y los gestores de los puestos públicos. Omar Reina, Jorge Willian Ruiz, Silvio Ríos, Oscar Yoni Zapata, Marino Murillo, Mauricio Restrepo, Andrés Duque, Manuel Fermín Giraldo, Nicolás Aguilar,Marleny Osorio, Sergio Henao,Marco Fidel Narváez, Diego Alejandro Tabares, Awar Mustafá, Victor Bedoya, Juan Pablo Aristizábal, Norbey Ospina, Camilo Alzate, Cristina Otálvaro.

Los atardeceres son tristes. Así como la opacidad cubre lentamente el rostro de la tierra, de igual manera va desapareciendo el perfil de un partido que fue ( y para nosotros, muy pocos, ¡ es ! ) ruta obligada para llegar a las estrellas.
El conservatismo, en átomos volando

 

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