22 de enero de 2022
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

AHORA ALEMANIA

23 de julio de 2016

Apenas una semana después del brutal atentando de inspiración yihadista perpetrado en Niza, otro ataque, esta vez en Múnich, sacude a un país europeo. La enorme preocupación ante la cadena de atentados padecidos en el último año —que ha visto los escenarios del terror alcanzar, entre otros lugares, a las ciudades de París y Niza, el aeropuerto de Bruselas y el de Estambul, un tren en Baviera y ahora, Múnich— está justificada.

Es evidente que Europa está atravesando una crisis de seguridad, y que esta crisis no tiene una solución fácil ni rápida. La razón está en el modus operandi de los terroristas, cuya ausencia total de humanidad y su deseo de causar el máximo daño les lleva a atentar indiscriminadamente contra pacíficos ciudadanos que desarrollan su vida diaria con la normalidad que es propia de sociedades libres, seguras y demócraticas.

Toca a las autoridades nacionales —también a las europeas, sin duda, pues la escala del problema escapa la capacidad de actuación individual de los Estados— afrontar esta crisis con serenidad, pero con mucha determinación. Urge pues convocar a los responsables de las fuerzas y cuerpos de seguridad de los países y a los ministros del Interior de la Unión Europea a que se reúnan de urgencia para estudiar cómo mejorar la capacidad de respuesta ante este grave desafío. El proyecto europeo, que atraviesa horas difíciles, no puede bajar los brazos ante una amenaza de tal gravedad.

Esa cooperación debe ser también internacional. Sabemos que la amenaza que representa el autodenominado Estado Islámico es global, y que sus víctimas potenciales incluyen a todo tipo de personas, de cualquier nacionalidad, etnia o religión y en cualquier país. Ello debería ofrecer, además de un elemento de esperanza en cuanto a las posibilidades de derrotar a esta barbarie sin sentido que nos ha tocado vivir, un acicate para lograr que la solidaridad ante esta amenaza se traduzca en acciones —de inteligencia, policiales, militares y judiciales— que nos ayuden a derrotarlo.

Mientras llegan las respuestas es muy importante que nuestras sociedades no caigan en la desmoralización. Hemos visto en Francia inoportunas divisiones políticas e inaceptables intentos de capitalizar electoralmente los atentados de Niza. Alemania, que se ha conducido de forma ejemplar en la cuestión de los refugiados, debe estar orgullosa de lo logrado en este último año en materia de acogida e integración. Los asaltos a mujeres en Colonia en Nochevieja, el reciente ataque en el tren de Baviera y ahora este atentado ofrecen una tentación a los demagogos y populistas de volver sobre lo andado que debe ser rechazada con toda firmeza.

EDITORIAL/EL PAÍS, MADRID