22 de enero de 2022
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20 años de ética empresarial

24 de julio de 2016
Por Jorge Emilio Sierra
Por Jorge Emilio Sierra
24 de julio de 2016

Por: Jorge Emilio Sierra Montoya (*) 

Causa de la crisis económica

Sierra Jorge EmilioLa ética empresarial está en boga. ¿Por qué? Según el presidente del Instituto Latinoamericano de Liderazgo -ILL-, Jorge Yarce, por la crisis económica mundial de los últimos años, una de cuyas causas principales es precisamente la falta de ética en los negocios, desde Wall Street en Nueva York hasta importantes bancos y poderosas empresas, involucrados en actividades ilegales.

Es lo que sucedió -recuerda- con la crisis hipotecaria en Estados Unidos, originada en especulaciones financieras indebidas, a través de mecanismos como los derivados y el manejo irresponsable de las carteras, todo por ir en busca de ganancias exorbitantes, o sea, por el afán de enriquecimiento fácil e ilícito.

“Dicha crisis fue causada –insiste- por administradores que fueron más allá de donde debían ir, asumiendo riesgos por fuera de la ley y de la ética”.

Admite, sin embargo, que la ética siempre ha sido importante en el mundo empresarial, donde antes se le consideraba un asunto extraño, propio de la filosofía, la moral y la religión, no de los hombres de empresa, ni de la actividad económica. Ni siquiera –observa- era estudiada así en los programas universitarios de Administración, restringidos casi siempre a cuestiones técnicas, operativas.

Es por ello que la ética empresarial -agrega en tono didáctico, de experto profesor y conferencista- sólo tomó forma como disciplina especializada en las últimas décadas, hacia mediados del siglo pasado, y especialmente ahora, cuando hay un verdadero “boom” en tal sentido, asociado también a la Responsabilidad Social Empresarial (RSE).

“Los dos temas están muy relacionados pero no deben confundirse”, advierte.

Ética empresarial y RSE

Según Yarce, resulta obvia la relación de la ética empresarial con la RSE, cuyo gran fundamento  es ético. De hecho, no puede haber Responsabilidad Social Empresarial sin ética en la empresa. Al fin y al cabo la misma responsabilidad alude a los deberes de la compañía, en este caso sus deberes con la sociedad y, en general, con los diferentes grupos sociales.

Más aún, en su opinión el citado auge de la ética en los negocios precedió al de la RSE y en gran medida le dio origen. Es posible, claro está, que el nombre empleado entonces no fuera el de ahora, ni mucho menos lo sea su significado. Pero, una amplia bibliografía confirma al parecer dicho aserto.

Son evidentes, no obstante, las diferencias entre ambos conceptos, a pesar de sus múltiples relaciones. La RSE -explica- trata especialmente sobre la responsabilidad de la empresa con su entorno, con la comunidad que le rodea, implementando en consecuencia las acciones de ayuda y desarrollo frente a las necesidades que allí se identifican.

En cambio, la ética empresarial -agrega- se concentra en cómo ese manejo de la empresa se ajusta a los estándares éticos, no tanto a las normas legales por necesarias que sean, ya en un plano personal, de cada individuo, y de la organización en su conjunto.

“Es como si la RSE tuviera que ver más con los otros, hacia fuera de la empresa, mientras la ética interesa en sí misma, teniendo en cuenta a las personas, a sus conciencias”, argumenta con base en su profunda formación académica, respaldada nada menos que por dos títulos de Doctorado en Filosofía, obtenidos en universidades españolas.

“La RSE es un valor que mira más hacia la comunidad”, sentencia al recordar, de pasada, que la responsabilidad social es un valor, entre otros, de la ética empresarial, la cual tampoco se reduce a los valores morales, indispensables a todas luces.

Éstas son cuestiones académicas, se dirá. No lo son tanto, en realidad. O son igualmente prácticas y deben serlo. Por ello, el Instituto a su cargo se centra ahí, en el comportamiento ético de la empresa, de todos sus miembros y hasta de sus grupos de interés (stakeholders, en la jerga de la RSE), sin dejar el asunto en el aire o en meros códigos de ética o de buen gobierno.

¿Cómo hacerlo? He ahí el gran dilema.

De la teoría a la práctica

En sus 20 años de existencia que acaba de celebrar, el Instituto Latinoamericano de Liderazgo -ILL- ha abordado un liderazgo con valores éticos y, de manera particular, cómo gestionar la ética en las empresas para garantizar que de veras funcione, que se convierta a su vez en algo operativo, funcional, a lo que por cierto están acostumbrados los empresarios y directivos empresariales.

Pero, ¿cómo?, se preguntará de nuevo. En primer lugar, se requiere -dice Yarce- una visión completa de la ética, lejos de quedarse en una ética personal, del empresario o de cada empleado. Se trata, sí, de la ética empresarial o de la empresa, más allá de una ética individual, a la cual también incluye.

“La ética empresarial es distinta a la ética personal, pero la recoge”, sostiene.

¿Y cuál es -insistirán ustedes- esa visión integral de la ética? Muy simple: comprende principios, valores y conductas, válidos para todos los empleados y que comprometen a toda la empresa frente a sí misma y las demás organizaciones, actuando siempre con ética ante  la comunidad, el Estado o el gobierno, los clientes y proveedores, etc.

En la práctica, esto implica incorporar las políticas éticas al plan estratégico de la empresa, junto a la misión, la visión y naturalmente los valores; comprometer a la alta dirección, incluyendo a los socios o accionistas, en la cabal aplicación de esas políticas, y no sólo elaborar el código ético o de buen gobierno sino ponerlo en marcha, que es lo fundamental.

¿Cómo? Basten algunos ejemplos: con los proveedores, establecer medidas concretas como la prohibición de regalos que eviten la independencia y objetividad necesarias para las compras, o restringirlos a ocasiones especiales o que sean apenas de manera simbólica.

Disposiciones, además, sobre conflictos de interés, riesgos financieros, contratación, etc., que al violarse generen las sanciones correspondientes, no siempre de carácter jurídico, siendo en ocasiones suficiente la sanción moral.

“Las empresas deben cumplir la ley, pero también las normas morales”, precisa mientras avanza en el proceso de gestión de la ética empresarial.

Construcción de valores

Sigamos. Deben haber, claro está, estrategias de ética integradas al plan estratégico, con valores definidos de antemano como los fundamentales para la compañía, y esto exige a su vez un proceso de construcción de valores corporativos, en el que haya una amplia participación del personal.

¿Para qué? Muy simple: para que las estrategias éticas acordadas sean efectivas, desde la formulación del Código Ético o de Buen Gobierno hasta las estrategias de comunicación tanto internas como externas o el establecimiento de mecanismos para denunciar conductas indebidas.

Lo prioritario, sin embargo, es lograr que todos los empleados, sin excepción, vivan esos valores, se generen así los cambios positivos en su comportamiento y a fin de cuentas ello se traduzca en mejor ambiente laboral, más productividad y eficiencia, menos corrupción, mejores relaciones con los grupos de interés, etc.

Ésta no es una tarea fácil, sin duda. La mayoría de las empresas ni siquiera alcanzan a llegar acá y se quedan, por lo general, en la primera etapa, de simple formulación de la estrategia, o sea, en buenas intenciones, que nunca bastan.

En cambio, el ILL ha desarrollado, en sus dos décadas de vida, una metodología apropiada para “vivir los valores” y modificar las conductas personales en el marco de la ética empresarial, la cual aparece consignada en varios libros y está respaldada en su aplicación por parte de numerosas organizaciones en Colombia y el exterior.

“Este trabajo requiere tiempo. No se logran buenos resultados sino a largo plazo”, afirma Yarce, quien destaca los procesos de aprendizaje en ética que deben emprenderse con base precisamente en sus metodologías.

Es un error creer, según él, que una empresa sea ética en sentido estricto, incluso con auténtica responsabilidad social, por una conferencia, un taller o un curso breve, tras los cuales unos y otros salen convencidos de haber cambiado para bien, en la práctica. Eso, además, cuesta…

La ética, un buen negocio

“La ética es un buen negocio”, suele decirse. Ya esta expresión se ha convertido en lugar común. Pero, ¿lo es, en verdad? ¿Y los buenos negocios son siempre éticos o, por el contrario, hay buenos negocios que no lo son? ¿Ser ético sería, por tanto, un mal negocio, partiendo de los elevados costos que puede representar un plan integral como el que acabamos de esbozar?

Para Yarce, no hay duda al respecto. Sí es un buen negocio, es el mejor negocio que cualquier empresario puede hacer, y cuando la ética se gestiona en sentido estricto, con las mediciones de rigor según los indicadores del ILL, los resultados positivos saltan a la vista, aún en el plano financiero, según les consta a las organizaciones que han desarrollado este plan integral de ética empresarial.

¿Y usted, amigo lector, qué está esperando para hacerlo?

(*) Director de la Revista “Desarrollo Indoamericano”, Universidad Simón Bolívar – [email protected]