28 de enero de 2022
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La cesárea como opción excepcional a la hora de afrontar el parto

Por María José Madarnás
10 de julio de 2016
Por María José Madarnás
10 de julio de 2016

Parto por cesárea

María José Madarnás

Maria Jose MadarnásEl parto es un momento que muchas mujeres afrontan con temor, no solo por la tensión de saber que todo vaya a salir bien para ellas y sus bebés sino por el miedo al dolor. Todos estos temores son muy comprensibles. Pero este conjunto de temores empuja a muchas mujeres a programar su parto por cesárea creyendo que así reducen los riesgos del parto natural.

Es importante que la embarazada tenga pleno conocimiento sobre los riesgos de la cesárea programada y sepa diferenciar entre estos y los riesgos del parto natural, siempre asesorada por su médico.

La cesárea no es una cirugía menor. De hecho, la pérdida de sangre en ella suele ser mayor que la que ocurre en un parto natural. Inicialmente, la cesárea es un recurso médico para evitar problemas que pueden darse en el parto natural. Sin embargo, en los últimos años en muchos países desarrollados ha habido un alarmante aumento de los partos por cesárea.

Las razones para hacer una cesárea no deben encontrarse en la comodidad del personal médico o en el capricho de la madre. Los motivos de programar una cesárea (o de recurrir a ella al sobrevenir el parto) se circunscriben a la aparición de complicaciones con el cordón umbilical, la placenta, la forma de la pelvis de la madre o la posición del bebé en el vientre materno.

Otras razones que justifican recurrir a una cesárea son los partos múltiples, condiciones médicas previas de la madre, como problemas cardíacos o hipertensión y que se determine por los médicos que hay o puede haber sufrimiento fetal.

Desgraciadamente, muchas madres no están lo bastante informadas acerca de los beneficios hormonales y de otra índole, que el parto natural tiene sobre el parto por cesárea.

Durante el parto natural la madre segrega muchas más hormonas que son importantes en la activación de algunas funciones esenciales del organismo del bebé.

Por ejemplo, niveles más bajos de adipodectina incrementan el riesgo de diabetes y obesidad en el recién nacido. Igualmente, la madre segrega catecolamina, cortisona y adrenalina, que contribuyen al comienzo del funcionamiento de los aparatos digestivo, circulatorio, respiratorio, metabólico y relacional del bebé.

Estas hormonas son segregadas por la madre de manera automática previamente y durante el parto natural. Al programar una cesárea, su cuerpo no segrega todas las hormonas necesarias o lo hace en cantidades menores con lo que el aporte que se realiza al cuerpo del bebé es menor al conveniente. Esto puede producir dificultades en el comienzo de algunas funciones orgánicas del recién nacido.

Igualmente la segregación de la oxitocina es menor; esta hormona proporciona bienestar a madre y bebé y facilita el establecimiento del vínculo afectivo entre ambos, contribuyendo, por ejemplo, a iniciar la lactancia inmediatamente tras el parto. Después de una cesárea suele ser más difícil que el recién nacido se prenda del pecho materno de manera natural.

Por tanto, a la hora de programar el parto es esencial que la mujer embarazada tenga acceso a toda la información acerca de las cesáreas y sus diferencias con respecto al parto natural. El personal médico siempre debe ofrecer una información completa para que sea la mujer quien tenga la última palabra. Su parto le pertenece y su decisión consciente e informada no le debe de ser arrebatada.