27 de enero de 2022
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Sí a La Paz.

22 de junio de 2016
Por Arturo Yepes Alzate
Por Arturo Yepes Alzate
22 de junio de 2016

Arturo Yepes Alzate

Arturo Yepes reducidaArrecian los rumores en el sentido que está listo el cese bilateral al fuego y, por lo tanto, es inminente el acuerdo con las FARC.

Esa noticia llena de alegría los corazones de los colombianos, porque sin importar que persistan el ELN, las Bacrim y los paramilitares, este hito desatará los demás procesos y le dará al pueblo una esperanza tangible de paz completa.
Para que no haya más víctimas, debe construirse confianza. Ese será el principal resultado del cumplimiento del acuerdo con la guerrilla más antigua del continente. Confianza para avanzar con el ELN, confianza para traer multimillonaria inversión extranjera a Colombia, confianza para crear más y mejores empleos.
El Presidente repite a cada instante su deseo que la guerra se quede en los libros de historia. Este acuerdo, cumplido y respaldado por los colombianos, desencadenará los que hacen falta para silenciar todos los fusiles subversivos.
Deseamos un futuro, hoy posible, hace 4 años, apenas una ilusión, de reducir el gasto militar y hacer sostenible en el presupuesto la priorizacion de la educación como el rubro más grande del gasto público.
Con La Paz, podremos hacer más inversión en salud, seguridad ciudadana, vías de comunicación, progreso en el campo, cuidado del ambiente, soberanía alimentaria, en fin, todo aquello que por décadas ha sido secundario por causa del conflicto.
Colombia en paz será tierra de oportunidades. Su abundancia en recursos naturales, su estabilidad democrática, la seriedad de sus políticas públicas, serán el acicate para que los inversionistas propios y extranjeros traigan nuevos fondos para crear mejores empleos.
Pero lo más importante: cada colombiano podrá vivir tranquilo y sin miedo. Ese activo es el mayor de una sociedad y el mejor para el ser humano. Es la base de la felicidad.
La Paz es de todos los colombianos. Por eso debemos respirar optimismo y dejar con su amargura y su odio a los profetas del Apocalipsis, que ven en la guerra un triunfo. Paradoja de almas ruines que desean la muerte para ganar elecciones.