28 de enero de 2022
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¡Carta Democrática Interamericana! (CDI)

22 de junio de 2016
Por mario arias
Por mario arias
22 de junio de 2016

Por: mario arias gómez

Mario AriasPara nadie es un secreto las sistemáticas y brutales agresiones de los derechos humanos de los hermanos venezolanos, la desfalleciente situación económica y carestía de productos básicos, colindantes con una abrupta crisis humanitaria que mañana será ventilada por el Consejo Permanente de la OEA, convocado por el enhiesto Secretario General, con base al artículo 20 de la CDI, única voz que se ha hecho sentir en este crucial momento y que sintetizó en 132 páginas, en las que demanda que los Estados apadrinen una salida constitucional y prescriba los correctivos a la aflictiva situación. Prueba de fuego que tiene los focos puestos sobre ellos y en alerta a la opinión que reclama pronta solución.

Informe que acopia la inhumana muerte de niños por desnutrición y escasez de medicinas; la violación del principio de separación de poderes y la voluntad popular, la cooptación del Poder Judicial, la libertad de prensa y expresión; la vulneración del debido proceso a los opositores, entre otras muchas vicisitudes que no han merecido la atención de la OEA que abogue por la expedición de inaplazables medidas antes que sea demasiado tarde. Alarma que detalla con precisión de relojero suizo la antedicha situación que se presume causará una profunda decepción, dado al desayuno sabe uno cómo será el almuerzo.

Es regla comúnmente aceptada que el mundo civilizado tiene el deber de proteger a la población de un Estado cuando advierte que su Gobierno lo lleva a una catástrofe humanitaria. El objetivo principal de la CDI -aprobada en Lima el 2001- es fortalecer y preservar la institucionalidad democrática. Carta que debe activarse luego de establecer “la ruptura del orden republicano o la alteración que afecte gravemente el orden democrático en un Estado (País) miembro”, lo que constituye «obstáculo insuperable» para su participación en las diversas instancias que prevé la carta de la OEA. La gradualidad prevista para el caso es: 1) Gestión diplomática; 2) Convocatoria a reunión de cancilleres (18 y 24 votos de los embajadores) y 3) Suspensión del Estado (24 votos de los cancilleres).

Ante el linchamiento actual, surte preguntar: ¿Será que con el “ruidoso silencio” de la comunidad internacional y la OEA, se busca -para actuar- que se consume la inmolación del “Bravo Pueblo”? Interrogante que surge al ver cómo callan -como una ostra- MERCOSUR, UNASUR, CAN, SICA, ALBA, SELA, ALADI, la Alianza del Pacífico, que nada dicen, ni condenan la existencia de los 118 presos políticos, por los casos de torturas, por los imprevistos obstáculos introducidos a la realización del referéndum revocatorio que autoriza la Carta Magna, denegado de hecho-, esto, para no incomodar al inepto Maduro -lo que no se discute-, a excepción del bizarro Almagro, criticado por haberse atrevido a solicitar la aplicación de la CDI. Pedido que por lo visto tendrá entierro de tercera y que permitirá el que continúe la liquidación de la agónica oposición y del pueblo que nostálgico grita cada vez con más ganas: ¡Abajo cadenas, gritaba el señor…! Descalabro, hecatombe y ruina causadas por el analfabeto y estulto gobernante antidemocrático. Asfixiante, pícaro y totalitario granuja; innombrable fascista cuya incapacidad lo retrata de pies a cabeza. Macri y Santos, a última hora, abrieron una rendija que permite un parco optimismo sobre lo que allí ocurre.

De los principales y enjundiosos problemas que enfrentó Venezuela y que allanó el arribo -con amplio apoyo popular- del trivial y vociferante Hugo Chávez al poder (1998) -virtuoso del camuflaje político- con el desfasado, disparatado y virulento socialismo siglo XXI impuesto a sangre y fuego, fue la corrupción -hoy empeorada-. Chispa que avivó el descontento que perpetuó el extravagante, desquiciado, opresor y autócrata sistema. “Luminosa oscuridad” y desvarío que lleva 17 interminables años de crónica impunidad, de abusos, recorte de libertades, cierre de medios -hablados y escritos-, cambio de reglas de juego en la Asamblea Nacional, leyes habilitantes, control del poder ejecutivo, judicial, ciudadano y electoral, politización de las Fuerzas Militares y policiales, destitución de alcaldes e imparable detención de opositores.

Y a todas estas Colombia no puede guarecerse en la vergonzosa  indiferencia, ni sentirse adosada al tirano por el proceso de paz, lo que entraña darle la espalda al hambre, al terror, al inhumano cierre fronterizo, al inocultable apoyo y refugio de la guerrilla, lo cual implica evaluar el costo-beneficio de apartarse del  sentir patrio que se opone -in péctore- a que se dilate la aplicación de la CDI. Ardid que toscamente busca el torticero y sarnoso Maduro, quien solicita apoyo a la “institucionalidad democrática, al dialogo y la paz”. Argentina propuso a su vez un “Proyecto” con patrocinio del maquiavélico EE-UU, -incapaz de articular una respuesta política- Barbados, Honduras, México y Perú, los que por conveniencia política aprobaron una aquiescente declaración -tan blanda como las precitadas- que propende por el desgastado, eterno e inútil mecanismo del diálogo de sordos, Gobierno-Oposición, sin afrontar la dramática realidad -para no incomodar al sátrapa-; sin azacanear el referendo revocatorio; ni exigir el respeto al estado de derecho; ni la liberación de los presos políticos; ni la endémica erosión de la libertad de expresión y prensa; ni la apertura de canales internacionales de asistencia humanitaria; ni el rehúso al insolente lenguaje de verdulera: “Señor métase su Carta Democrática por donde le quepa”, ni al maltrato físico y de palabra al presidente de la Asamblea Nal. y al MUD.

Indolente mutismo escudado por los gobiernos en la obtusa autodeterminación del pueblo negado al venezolano. Argamasa de la abrupta crisis humanitaria. El Premio Nobel de Paz (1984), Desmond Tutu, líder de la lucha sudafricana para la abolición del apartheid, indicó: “Si eres neutral ante situaciones de injusticia, habrás elegido el bando del opresor. Si un elefante pisa con su pata la cola de un ratón, y tu afirmas que eres neutral, el ratón no apreciará tu neutralidad”.

De poco o nada han servido los buenos oficios interpuestos por el Papa, menos los de los recaderos de UNASUR, el impostado y desprestigiado Rodríguez Zapatero (España), L. Fernández (R. Dominicana) y M. Torrijos (Panamá).  Si Colombia -a punto de trocarse en país ingrato- se abstiene de secundar la correcta, franca y oportuna posición de Luis Almagro -otrora defensor de los derechos de los colombianos-, habremos traicionado la democracia y echado un carretada de tierra a la Carta Democrática que nos convierte en uno más de los sepultureros. La formulación de una política exterior debe balancear intereses, capacidades y valores del país. Los ideales no lo pueden ser todo, pero, tampoco pueden convertirse en letra muerta. Bogotá, junio 22/2016