27 de febrero de 2021
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Adelante con el plebiscito

23 de junio de 2016
Por Mario De la Calle Lombana
Por Mario De la Calle Lombana
23 de junio de 2016

Por: Mario De la Calle Lombana

mario de la calleNo se sabe cuál va a ser la sentencia de la Corte Constitucional con respecto al plebiscito. Pero lo que sí tengo clarísimo es que su aprobación por ese alto tribunal sería un paso definitivo hacia la terminación del conflicto con las FARC. Que aunque no es la paz, para lograr la cual  quedan faltando otras cosas, sí nos acerca mucho a ella. Quedan otros factores de violencia por neutralizar, pero eliminado ese, pacificado el grupo guerrillero más viejo del mundo, el más grande, y el más rico de toda América Latina, resulta factible realizar la tarea pendiente. En cambio, si las FARC vuelven a la lucha armada, los años de guerra que nos esperan son, por lo menos, otros 50.

La oposición al proceso (que no es a la paz, aceptémoslo), es un movimiento poderoso. Uno tiene la impresión de que todo es un problema de orgullo y celos del ex Presidente Uribe Vélez. Si a pesar de todos sus esfuerzos, él no pudo lograr la paz, entonces que nadie se gane ese honor, y menos aprovechando los logros que él obtuvo en la lucha contra esa guerrilla.

Entonces, él y sus partidarios tienen que oponerse a este proceso. Eso es entendible. Pero lo que no es entendible es que basen su campaña en mentiras, en ambigüedades y en sofismas de distracción. Si no estuviesen obnubilados por esos sentimientos de sus jefes, aceptarían unas premisas de absoluta lógica como las siguientes:

1.-Las FARC no han sido derrotadas. Fue mucho lo que logró Uribe, pero en ocho años de lucha cerrada no logró dejarlas sin vida o sin ánimos. Les dio muy duro, es cierto, y sin esas acciones jamás se habrían sentado a la mesa. Pero siguieron vivitas y coleando. La consecuencia de esa lucha del gobierno anterior (y también, no lo olviden, de su ministro de defensa Juan Manuel Santos), fue que decidieron negociar. Paro léase bien: negociar. Que no es lo mismo que rendirse. Si la lucha de Uribe las hubiera derrotado, ahora estarían en plan de entrega. No de negociación. Y si de negociar se trata, es un absurdo pretender que lleguen sumisos a entregar las armas y a desfilar como borreguitos hacia la cárcel.

2.- Legítima o no (y yo personalmente creo que no lo era), la lucha de las FARC buscaba el cambio de nuestro estado. Por medios equivocados, sí, pero ese era su leitmotiv. Y es claro que no van a cejar en su empeño de sacar adelante su modelo de país. Lo que pasa es que una cosa es sacarlo adelante porque sus argumentos convenzan a la opinión pública, y otra muy distinta, imponerlo por las armas y el terror, que era hasta ahora su metodología.

3.- Los pasos para poner en práctica los acuerdos son claros: lo que se acepte por las partes, pasará por los cedazos del poder legislativo, del poder judicial y de la refrendación popular, antes de convertirse en norma para las partes. Si en cualquiera de esos pasos se niega lo acordado, habrá que tratar de renegociar con las FARC y, si eso no se logra, pues no hay proceso de paz. Entonces, son cedazos suficientes como para estar tranquilos. No se está entregando nada a espaldas de la legitimidad. Puede que se justifiquen las dudas sobre lo que pase en el Congreso, pero ni la Corte Constitucional ni el pueblo entero se pueden comprar fácilmente.

4.- ¿Y por qué digo “el pueblo entero”? Pues porque para eso es el plebiscito. ¿Es de veras tan difícil entender que lo que se hizo no fue cambiar el umbral de participación, sino eliminarlo? La fórmula del umbral de participación era una fórmula perversa: Los que se opusieran al proceso solo tenían que jugarle a la pereza proverbial de los colombianos para asistir a las urnas. Sin ningún esfuerzo, el “no” podía ganar, no porque la gente se opusiera sino, incluso, por simple falta de interés. Sin umbral de participación, los partidarios del “sí” y los del “no” quedan en igualdad de condiciones frente al espíritu abstencionista de nuestro pueblo: tienen que convencer a la gente.

5.- Entonces, ¿por qué quienes se oponen al proceso muestran tanta preocupación? Si las grandes mayorías, como dicen ellos, están contra el proceso de paz, entonces basta con convencer a esa mayorías de su deber de votar y… ya. Asunto concluido. Si fuera verdad que la oposición es mayoritaria, pues les bastaría esperar el veredicto de las urnas. De modo que lo de la recolección de firmas, la agitación, las continuas declaraciones contra la ruta que propone el gobierno, parecería indicar que no están tan seguros de sus mayorías, porque si lo estuvieran, estarían tranquilos, haciendo propaganda al “no” en el plebiscito y no tratando de evitar por todos los medios que este se lleve a cabo.

6.- Por último, también se debería entender que separar por temas el plebiscito para convertirlo en un referendo con diferentes preguntas, es una contradicción. Si se firma un acuerdo de paz con las FARC, y este es presentado como un conjunto de preguntas para que los electores definan si aceptan o no cada una de ellas, con solo una que resulte negada, se caen los acuerdos con la guerrilla. Pero, si la pregunta es una sola, si se trata de que la gente diga si acepta o no en los acuerdos que se hayan logrado, y que los aprueban a pesar de los sapos que haya que tragarse, entonces el resultado, positivo o negativo, es la voluntad del pueblo sobre un documento integral. Voluntad vinculante, según lo dispuesto en la ley que se acaba de aprobar.