22 de enero de 2022
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Acometer, vicario, por parte de, sinergia

Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
28 de junio de 2016
Por Efraim Osorio
Por Efraim Osorio
Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
28 de junio de 2016

QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA 

efraim osorio

¿Confundió el curtido escritor los términos ‘vicario’ y ‘precario’? 

Por estas calendas, el verbo ‘acometer’ (de ‘a’ y ‘cometer’) significa “atacar físicamente a alguien, o atacar un sitio donde hay alguien; dirigirse violentamente o con furia contra una cosa inanimada” (María Moliner). Puede expresar también el ataque violento de una enfermedad, por ejemplo, “lo acometió un acceso de tos”. No es sinónimo de ‘cometer’, a pesar de su raíz, la misma para ambos verbos (del latín ‘committere’ – ‘hacer, cometer, realizar’). El editorialista de LA PATRIA, en su artículo sobre el asesinato de cuarenta y nueve personas inocentes en un club de la Florida (USA), escribió: “…para ahí sí aprovechar esas ventajas de las libertades y acometer sus crímenes…” (15/6/2016). “…y cometer o perpetrar sus crímenes”, es lo correcto, como digo, hoy en día. Sus sinónimos son ‘atacar, atracar, arremeter, tirarse sobre, asaltar, lanzarse, agredir, abalanzarse, hostigar, violentar, importunar, molestar, irrumpir; proponerse, intentar, emprender’. Transcribí todos sus sinónimos para darle más peso a mi observación, y para obviar la salvedad que mencioné al principio, basada en una de las acepciones de El Diccionario: “Desusado. Cometer yerros o malas acciones”. Y, por supuesto, el verbo ‘acometer’ no vale por ‘cometer’, acción que sí cumplen ‘caer, incurrir, perpetrar, hacer, ejecutar’. *** 

En la novela “La forma de las ruinas”, de Juan Gabriel Vásquez (Alfaguara, primera edición noviembre de 2015), leí lo siguiente: “El lugar era la antigua casa de Jorge Eliécer Gaitán, ahora convertida en museo, adonde llegan cada año ejércitos de visitantes para entrar en contacto breve y vicario con el crimen político más célebre de la historia colombiana” (pág. 13). ¿Confundió el curtido escritor los términos ‘precario’ y ‘vicario’? Lo ignoro. Lo único que sé es que, en esa cláusula, y ni siquiera en sentido figurado –de reemplazo, digamos–, tiene cabida ese adjetivo, que, como tal, significa “que tiene las veces, poder y facultades de otro y le sustituye”. En la Iglesia Católica, se dice que el Papa es “el vicario de Dios en la tierra”. “Vicario de Jesucristo” es otro de sus títulos. Al cura párroco también se le dice ‘vicario’. Y están, además, los vicarios apostólico y capitular, ambos investidos de una dignidad eclesiástica, el primero, designado por la Santa Sede para un territorio donde aún no hay jerarquía eclesiástica establecida; el segundo, designado por el Cabildo catedralicio, para el gobierno de una diócesis vacante. Por lo tanto, y por más que uno le busque la comba a este palo, no hay manera de calificar un ‘contacto’ de ‘vicario’. De ‘precario’, sí, porque éste es sinónimo de ‘breve’, pues quiere decir “de poca estabilidad o duración”. Pero ya lo había escrito. ¿’Evocador’, entonces? Me suena. ***

Está tan propagada la noramala gestada locución ‘por parte de’ –para detrimento del idioma– que es imposible asegurar en donde se contagió de ella el citado escritor Vásquez. De su novela extracté estas dos muestras, de las páginas 402 y 450, respectivamente: “¿No merecía esta situación una mínima indagación por parte del fiscal?”; “…estaban sufriendo represalias por parte de su propio cuerpo”. En estas dos oraciones, según mi criterio y la misma gramática castellana, la preposición ‘de’, ella sola, y como siempre lo ha hecho, cumple cabalmente su oficio, en el primer caso, para indicar pertenencia por cargo; en el segundo, de procedencia. Es lamentable que aun escritores de peso se dejen contagiar de tan corrosiva peste. ***

‘Sinergia’ procede del verbo griego ‘synergeo’, ‘trabajar con, ayudar, colaborar’. En castellano, tiempo ha, se le dio sólo el significado fisiológico de “concurso activo y concertado de varios órganos para realizar una función” (1914). Desde 1992, esta acepción pasó al segundo lugar, para darle cabida a ésta: “Acción de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales”. El diccionario de María Moliner, además de asentar la definición fisiológica, asienta ésta: “Acción coordinada de cosas o personas que colaboran para realizar determinada función o tarea, completándose o potenciándose unas a otras”. ¿Sabrá todo esto la ministra María Claudia Lacouture? No lo dudo, pues así redactó: “Vamos a las regiones a buscar sinergias, a favorecer los acuerdos productivos…” (El Tiempo, 16/6/2016). Pero… ¿”buscar sinergias?”. ¿Por qué no, mejor, “a hacer campaña para buscar apoyos…”? Así, todos entenderíamos.

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