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Quiero dejarlo ya

9 de mayo de 2016
Por Ricardo Tribín Acosta
Por Ricardo Tribín Acosta
9 de mayo de 2016

EN  MI   OPINION

Por: Ricardo Tribín Acosta

Ricardo TribinEso repiten con insistencia aquellos que sufren las consecuencias de un hábito inconveniente, pues cada vez que incurren en él aparecen juntas el remordimiento y la culpa, además de las consecuencias, cuando estas se presentan. Pero mira dice el amigo, estoy casado pero tengo esta relación por fuera del matrimonio y cada vez que nos juntamos disfruto de lo que hago, pero después? Algo similar piensa el comedor compulsivo, quien una vez ha saboreado un buen plato de arroz, frijoles, pan con mantequilla y chicharrón, se mira al espejo y viendo el tamaño de su estomago, arranca a lamentarse y a hacer toda clase de promesas, trayendo a mi memoria que las dietas casi siempre empiezan “mañana”.

Y porque no dejamos ese haábito que nos hace daño? Por algo bien simple y esto es la negación, la que insanamente nos invita a seguir haciendo lo mismo que nos perjudica pensando erróneamente que en esta ocasión el resultante será distinto al de la vez anterior. Se arrodillan, rezan, se dan golpes de pecho, le piden con fervor a Dios que los libere de estos suplicios, para al poco tiempo volver a incurrir en lo mismo. Lamentable y desanimante, verdad?

Lo que muchos no saben es que estos casos se presentan por simple miedo de ver la realidad o de afrontar una determinada situación, lo cual los lleva a escapar con estas y otra clase de situaciones adictivas. En algunas circunstancias estará el temor de querer lidiar con ellos mismos y aceptar que la soledad es quizás, en el silencio, el estado ideal que conduce a alcanzar magnificas conclusiones y determinaciones. Se puede mejorar si uno busca cual es la verdadera naturaleza de sus defectos y entonces en ese instante podrá pedirle a Dios con sincera humildad que lo libere de todo aquello que lo lleva a sentirse inicialmente bien, pero al final lastimosamente mal.