24 de mayo de 2022
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Un historiador de pacotilla

13 de abril de 2016
Por mario arias
Por mario arias
13 de abril de 2016

Por: mario arias gómez

mario ariasUn obnubilado “historiador” -no propiamente “Summum Cum Laudem”- egresado de Rutgers University, en forma irreflexiva descalificó nuestra columna de opinión, “Elecciones peruanas”, al darle -per se- un inimaginado alcance que no tenía. En un alarde de melancólica erudición, la usó para dictar cátedra de historia sobre un tema fuera de lugar no tratado. Con conocimiento de causa, no de oídas, informamos sobre el proceso electoral peruano, el cual coincidió con el resultado previamente anunciado. Escrutado el 96.59 %, Keiko Fujimori obtiene el 39.8 % y Pedro Pablo Kuczynski, 21 %. Otro miembro Fujimori -Kenji- es el congresista más votado a nivel nacional, con más de medio millón de votos, y su partido, “Fuerza popular” tendrá la mayoría de curules.

La “sesuda” y corta réplica del proscrito académico, la adornó con 42 errores de ortografía que nos recuerda al irrepetible Alzate Avendaño, quien en famosa indagatoria, aclaró: “Los errores de ortografía corren a cargo del secretario”, y un burlesco paisano criticado por escribir hacienda sin h, sin ruborizarse respondió: “Mire, señor yo tengo 70 haciendas sin h y usted ¿cuántas tiene con h? Lo que de seguro va a repetir el “ilustrado” corresponsal.

Leer su texto -escribió- ha sido una experiencia interesante sobre la manera de pensar de quien es incapaz de enfrentar la realidad como es”. Lo que nos produjo abultada frustración al comprobar que el destacado “pedagogo”, con su enigmática interpretación -un insulto a la inteligencia- pinchó el globo de aire que una común amiga infló. El penoso escrito agrede los sentidos. Sin fundamento concluye que hago inmerecida apología de Fujimori como gobernante.

Perplejo, con decepción y disgusto, transcribo la retorcida y artera cátedra del gratuito inquisidor: “solo hay dos maneras de escribir historia: Recontar las cosas que sucedieron, cómo sucedieron, sin ocultar las circunstancias desfavorables y sin enfocarse exclusivamente en lo favorable, y otra, como apología de los hombres que uno considera grandes, agrandando lo bueno, minimizando lo malo e ignorando lo peor”. Parafraseando a Churchill que profetizó: “Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión”. Con ciega torpeza e inmadurez tóxica, el fútil maestro se aferró a mi llanísima y levantisca -si se quiere-  opinión para enrostrarme que soy “incapaz” de ver la realidad “como es”.

Ortodoxo y enardecido censor que ve el mundo al revés y de manera fragmentada, pues desestima la cita que hice del premier chino, Zhou Enlai,  utilizada para señalar que es muy escaso el tiempo transcurrido para articular -sin cortapisas ideológicas- un juicio histórico sobre el régimen fujimorista. Bilioso intérprete, prototipo de animalidad arrogante, que difuminó la imagen de respeto del paquete chileno con el que nos engañó la susodicha amiga. Su reconvención, ni ilustra, ni hace pedagogía. Y no es cómo se expresa sino lo que expresa. Inadmisible metodología dispar, impostada, falsa y cínica.

Retórico e incoherente cargo que no controvierte nuestra unilateral creencia -debatible por supuesto- del porqué crece la audiencia de Keiko, adjudicada por mí a la lealtad y gratitud del pueblo al que sirvió su padre, quien para nadie es un secreto que recibió un país destrozado, invadido por un irresponsable e indolente populismo en que empolló “Sendero Luminoso”, que asesinó, violó, extorsionó, torturó, victimizó civiles inocentes que arrojó vivos a las brasas. Pústulas que el “chino” enfrentó con coraje, “cueste lo que cueste, cueste lo que me cueste” decía. Promesa que cumplió con coherencia y firmeza, cambiándole la cara al país que recuperó en todos los sentidos. Admirado pigmeo -al decir de Vargas Llosa- convertido -pésele a quien le pese- en Hércules de Latinoamérica. Autoritarismo anhelado por los pueblos oprimidos de la región.

Documentada, aplastante y tangible realidad -que no leyenda- que el manto del olvido no cubre aún, pues sigue viva en el recuerdo de la población que sufrió la sombría etapa, superada por fortuna por el país que me acogió y disfruté en paz, donde dejé excepcionales amigos, y degusté su incomparable cocina, luego que hui de la asfixiante pesadilla que vivía nuestra martirizada Colombia.

El revivir la cotidianidad -de aquí y allá- de la década del 80 y principios del 90, antes de asumir Fujimori el poder, hace inadmisible echarme encima el cargo de conciencia de increpar a su hija culpas y errores ajenos que no se heredan, máxime cuando solo se responde por las acciones propias, razón para no añadirme al cargamontón mediático de cobardes que hurgan y remueven entre las cenizas hechos que descalifiquen a la triunfante candidata.

Con perverso propósito se me encasilla como “apologista -inconsistente– incapaz de decir que la derrota de S. L. fue tan importante que justifica el abuso de Fujimori y Montesinos, y que sus actos inconstitucionales deberían ser perdonados por aprisionar a Abimael Guzmán y, en consecuencia, cualquier gobernante debe hacer lo mismo y la sociedad debe tolerar sus actos ilegales.” -Sic-. Ni tanto que queme el santo ni tampoco que no lo alumbre.

Del párrafo precedente, no se colige nada de lo aseverado. Como la democracia es apertura, no puede ser ciega, al punto que lleve a confundir a los defensores con quienes deciden dinamitarla. El autogolpe del 5 de abril/1992,  “constitucionalizado” por el tiempo y los hechos, es hoy una liturgia aceptada bajo la cual se han elegido los gobiernos posteriores. Golpe dado después de la evaluación hemisférica hecha por la poderosa “Rand Corporation”, que daba  por sentado el colapso del Estado y el triunfo de Sendero Luminoso, camino al intervencionismo, según informó la revista Caretas (opuesta a Fujimori) que filtró el mapa de un desmembrado Perú, luego de la cruenta intervención.

El legado de Fujimori -la Constitución/1993- la tercera más longeva de la historia peruana -23 años de vigencia- interpone una infranqueable muralla al cambio del modelo económico. “Art. 60.- El Estado reconoce el pluralismo económico. La economía nacional se sustenta en la coexistencia de diversas formas de propiedad y de empresa. Sólo autorizado por ley expresa, el Estado puede realizar subsidiariamente actividad empresarial, directa o indirecta, por razón de alto interés público o de manifiesta conveniencia nacional. La actividad empresarial, pública o no pública, recibe el mismo tratamiento legal”. A pesar del origen, la Constitución de Pinochet, adaptada y modificada, siguen viva como la peruana a Dios gracias.

Bogotá, abril 13/2016 –