29 de mayo de 2022
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Europa y su caballo de Troya

4 de abril de 2016
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
4 de abril de 2016

albeiro valencia

Los gobiernos y los servicios de inteligencia del Viejo Continente quedaron consternados porque no pudieron evitar los atentados del 22 de marzo cuando explotaron dos bombas en el aeropuerto de Zavantem y otra en la estación del metro de Maalbeek, en el centro de Bruselas, con un saldo de 35 muertos y más de 270 heridos. ISIS se responsabilizó de los atentados, pero lo que preocupa a las autoridades es el alto nivel de planeación y de coordinación de estos actos y el cambio de estrategia de los terroristas, porque no están atacando blancos simbólicos sino al público en general; ya lo había anunciado uno de sus dirigentes en un mensaje a sus militantes (marzo de 2015): “Dejen de buscar objetivos específicos. Maten a cualquiera y en cualquier lugar”. Las bombas produjeron el pánico esperado y el terror se apoderó de Europa.

¿Por qué los terroristas escogieron a  Bruselas? Esta ciudad es la capital de la Unión Europea (UE) y lo que suceda en Bélgica repercute en el Viejo Continente; este país aloja a instituciones que generan mucha controversia como la OTAN y, en el barrio europeo, en Bruselas, se encuentra la sede de la Comisión, el Parlamento, el Consejo y el Servicio de Acción Exterior de la UE. Por esta razón la bomba de la estación de Maalbeek explotó cerca del quartier européen, como un ataque simbólico al corazón de Europa.

Otro aspecto a considerar es que Bélgica es la nación de Europa que ha aportado más combatientes a ISIS, en proporción al número de habitantes. Un ejemplo es el barrio Molenbeek, en Bruselas, con una población mayoritariamente musulmana, que no se ha podido integrar al resto de la sociedad, lo que se observa en los altos índices de desempleo; aquí han encontrado los yihadistas apoyo y simpatizantes. En general la población musulmana tiene muy pocas oportunidades para integrarse a la economía belga, pues la mitad de las familias son pobres y sufren el desempleo y la discriminación. Además, se le considera un país incompetente en seguridad por la disfuncionalidad de su administración, debido a la confrontación entre las comunidades flamenca y valona; algunos vecinos miran a Bélgica como un eslabón débil de la UE, incapaz de asumir la lucha antiterrorista.

¿Dónde está el enemigo?

Los atentados de noviembre en París y los de Bruselas demostraron que el enemigo se instaló en Europa. La gente se pregunta por qué Salah Abdeslam, quien nació en Bruselas y tiene nacionalidad francesa, ataca su propio país; dos de los cuatro atacantes de Bruselas, como los hermanos Brahim y Jalid El Bakraoni, son belgas; el tercero, Najim Laachraoui, nació en Marruecos, pero fue criado en Bruselas. Ismael Omar Mostefai, uno de los suicidas que atacaron el teatro Bataclán, el 13 de noviembre, era francés, lo mismo que Samy Amimour, el otro suicida.

Es que ISIS, DAESH, o el Estado Islámico, un movimiento que se fundamenta en la ley musulmana y en el islam, se modernizó y se le incorporaron contenidos políticos. Por esta razón se apoderó de un enorme territorio en Irak y Siria, e inició el fortalecimiento económico con recursos que llegaban de Arabia Saudita, Catar y Kuwait, con el negocio de piezas arqueológicas, con el saqueo de los pueblos conquistados y por la venta de petróleo. Sobre esta base los líderes consiguieron combatientes en las zonas ocupadas y cuando proclamaron el califato crearon una maquinaria publicitaria, con videos de alta calidad que se distribuyeron en las redes sociales; infundieron temor y reclutaron soldados en el extranjero. A Occidente le cobran las guerras inventadas en los últimos años; a Francia le advirtieron que “mientras persistan los bombardeos en Siria, los franceses no tendrán paz. Tendréis miedo hasta de ir al mercado”. Hoy vivimos nuevas formas de guerra y por eso el Papa Francisco, en su visita a las Naciones Unidas, advirtió que “estamos en una tercera guerra mundial a trozos y estamos viendo el rostro de la maldad”. Es una guerra asimétrica, internacional, que no reconoce fronteras; ISIS tiene soldados en todas partes y capacidad de golpear en cualquier lugar del mundo, porque es una organización armada irregular que opera por medio del terror.

Los autores de los atentados en París y en Bruselas tienen su patria en otro lugar porque consideran que el mundo debe someterse a la ley islámica. Lo más grave es que los europeos señalan a los musulmanes como sus enemigos y rechazan a los migrantes. Entonces ISIS aprovecha las divisiones culturales y políticas para fortalecer la ideología del califato y aumentar sus filas con los descontentos, discriminados y desempleados de Europa. De este modo crecen los grupos extremistas en la UE; según Le Monde, diez ciudades belgas son consideradas de “alto riesgo” por el gobierno nacional.

Extrema derecha y xenofobia

Ante los ataques terroristas parte de la población europea ve a los musulmanes como enemigos, se oponen a la llegada de los migrantes y tratan por todos los medios de cerrarles el paso. En el norte de Francia los habitantes piden la expulsión de los árabes, mientras que en Sajonia un grupo grande de ciudadanos celebraron con alegría el incendio de un albergue para migrantes. El miedo invade al individuo y la población pide la protección del Estado; ante esta cruda y patética realidad los gobiernos piensan levantar vallas para encastillarse, porque creen que el enemigo viene del exterior. Bélgica suspendió el acuerdo Schengen olvidando que la mayoría de los terroristas tiene nacionalidad europea y que más de 500 belgas están combatiendo en Oriente Medio; pero son los refugiados quienes pagarán por los ataques, porque la xenofobia se alimenta de este ambiente. Hoy la “Liberté, fraternité, egalité”, dan paso al fanatismo y a la violencia debido al terrorismo yihadista, al fundamentalismo cristiano y al surgimiento de grupos xenófobos y de extrema derecha.

Los gobiernos crearon la UE para borrar las fronteras y ahora se encierran en sus países acosados por el terror. Los líderes políticos y el Parlamento Europeo deben estudiar y entender las verdaderas causas de la crisis migratoria; comprender que no son el centro del mundo. No solo el Viejo Continente es víctima del terrorismo; hay una oleada global, pero Europa solo piensa en los atentados yihadistas cuando la tocan directamente. Sin embargo, de ese mismo terror son víctimas Túnez, Malí, Burkina Faso, Turquía y Siria. Este 27 de marzo una explosión en un parque en Lahore, al este de Pakistán, arrojó un resultado trágico de 72 muertos y más de 300 heridos; la bomba fue dirigida contra los cristianos que celebraban la Pascua. En conclusión, no basta con perseguir a los terroristas en Europa y atacar al Estado Islámico en su territorio. Esta es una guerra muy singular porque tiene que ver con la expansión de una ideología; mientras tanto la extrema derecha se apodera del Viejo Continente.