16 de mayo de 2022
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Castellano, hazmerreír, a nivel, to

Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
5 de abril de 2016
Por Efraim Osorio
Por Efraim Osorio
Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
5 de abril de 2016

efraim osorio

En Puerto Rico se celebró el VII Congreso Internacional de la Lengua Española.
Con tal motivo, El Tiempo les formuló a diferentes personalidades en él presentes la siguiente pregunta: “¿Qué agregar o quitar al español?” (20/3/2016). El director de la Real Academia Española, Darío Villanueva, respondió: “Le quitaría un exceso de anglicismos”. Propuso como ejemplo la palabra inglesa ‘tablet’, que todavía muchos usan en vez de ‘tableta’. El escritor argentino Martín Caparrós dijo: “Habría que quitarle ese adjetivo (‘español’) pobremente nacionalista (…) Siempre pensé que hablo castellano…”. Yo también: cuando empecé a estudiar el abecé de nuestro idioma, se hablaba siempre de las clases de ‘castellano’, y así estaba escrito en el pénsum y en los horarios de clase. Aún digo ‘castellano’ ¿Cuándo comenzó a llamarse ‘español’? ¡Ni idea! Y siempre he combatido los anglicismos, especialmente los superfluos, vale decir, aquellos que tienen su correspondiente término castellano, pero, eso sí, convencido de que hacerlo es machacar en hierro frío. Si alguien me hiciese a mí la misma pregunta -obviamente, nadie lo hará-, yo le quitaría términos incoherentes, recientemente asentados por la Academia en su diccionario (2014), como ‘precuela’; y le pediría a la misma institución que les devolviese la irregularidad de defectivos a los verbos ‘abolir, agredir y transgredir’, y que resucitase algunas tildes irreflexivamente eliminadas -convenientes para facilitar el análisis gramatical y la comprensión de la lectura-, y así devolverle al idioma su “brillo y esplendor”.
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Cuando el príncipe le decía a su bufón “hazme reír”, significaba que dijese o hiciese algo hilarante o jocoso para olvidar problemas o calmar una ‘tusa’. La orden consta de dos palabras, la primera, ‘hazme’, compuesta del imperativo de segunda persona, singular, del verbo ‘hacer’, ‘haz’, y del pronombre personal ‘me’ (enclítico); la segunda, el infinitivo ‘reír’. ‘Hazmerreír’, en cambio, es una sola palabra, un sustantivo que retrata al “que por su figura ridícula y porte extravagante sirve de juguete y diversión a los demás”. ‘Bufón’, ‘hazmerreír’ y ‘payaso’ son, pues, términos sinónimos. El columnista Jorge Enrique Pava Quiceno olvidó esta diferencia en la siguiente frase: “No traten de venderla así, porque es solo un saludo a la bandera que terminará convertida en el hazme reír y en el elemento de ridiculización del partido” (LA PATRIA, 11/3/2016). “…terminará convertida en el hazmerreír y en…”, así, señor.
Nota: ‘Bufón’ viene del italiano ‘buffone’ (‘payaso’), inmortalizado por Rigoletto en la ópera del mismo nombre de Giuseppe Verdi. Además, el adjetivo ‘bufo-a’ (“cómico y grotesco, tal que inspira risa y desprecio”) viene también del italiano ‘buffo’ (‘cómico’), raíz de ‘buffone’.
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Si no me equivoco, fue la estomagante y ubicua expresión ‘a nivel d-’ –más voraz que una langosta- la culpable de la escogencia equivocada de preposición que hizo el escritor José Jaramillo Mejía en esta oración: “Sin ningún pudor dicen que tal ministerio, secretaría, o cualquier otro cargo, a todos los niveles, “es mío” (LA PATRIA, 21/3/2016). “…en todos los niveles…”, don José, porque, en este caso, la preposición introduce un complemento circunstancial de lugar. Digo que la malhadada locución es más voraz que una langosta, porque engulle preposiciones y adverbios sin medida alguna, por ejemplo, en lugar de decir ‘tiene una llaga en la lengua’, dicen ‘tiene una llaga a nivel de la lengua’; y en lugar de ‘nacionalmente’, dicen ‘a nivel de la nación’. ¡Qué barbaridad!
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Otra plaga que está carcomiendo el castellano es la locución ‘se trata’, que, mal empleada,ya se oye y se ve escrita en todas partes y en todos los niveles, verbigracia, en un editorial de El Tiempo, ¡quién lo creyera!, en donde se lee: “…pero finalmente de eso se trata una negociación” (21/3/2016). “…eso es una negociación”, ¡por favor! Y una periodista de RCN, muy pizpireta ella, concluyó: “Todos estos hechos se tratan de una retaliación” (Noticiero, 27/3/2016). ¿No es más fácil decir ‘todos estos hechos son una retaliación’? -¡Pues, claro!
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‘Toimplement’ (‘implementar’): en mi columna anterior, alguien me corrigió, y escribió ‘toimplement’. En inglés, el infinitivo de los verbos se enuncia con la partícula ‘to’ (‘tolove’, ‘amar’). Sin esta partícula o sin algún pronombre personal, el verbo inglés es imperativo.